¿Qué se hace con todo lo que te escribí?
No tengo respuesta. Solo sé que en algún lugar están las cartas, testigos de un amor que ya no puede responderme, que ya no puede siquiera existir. Es extraño. Aún siento que, de alguna forma, sigues aquí, entre las palabras, entre las páginas llenas de mi caligrafía desordenada, en cada línea que alguna vez escribí con la esperanza de que me leyeras.
Pero ya no hay ojos que recorran esas letras, ni manos que sostengan el papel. Ya no hay Lizzie. Solo quedan palabras y cenizas.
Escribí tanto para ti. Cartas que nunca leíste, cartas que nunca leerás. Pensé que con cada palabra podía acercarte más a mí, retenerte en este mundo de alguna manera. Pero no fue suficiente Nunca lo es, ¿verdad? El amor no siempre salva, las palabras no siempre bastan, los recuerdos no siempre son suficientes para mantener a alguien aquí.
Supe que estabas embarazada. Llevabas dentro un pequeño latido, uno que jamás conocerá el peso de la existencia. Y me quedé pensando en ese futuro que nunca llegó, en la vida que se detuvo antes de empezar.
Me pregunto si alguna vez pensaste en decirme, si alguna vez dudaste, si me escribiste alguna carta que nunca enviaste. Si hubieras querido que supiera. Pero ahora esas preguntas son inútiles. No hay respuesta. No hay futuro. No hay nada.
Solo quedan esas cartas, todo lo que te escribí…
Desde que tu madre me las regresó, no sé qué hacer con ellas. ¿Quemarlas, enterrarlas, arrojarlas al viento? Tal vez debería dejarlas aquí, junto a la tierra que ahora te cubre, donde solo el tiempo y el olvido puedan reclamarlas. Tal vez así estas palabras descansen contigo, tal vez así pueda por fin dejarlas ir.
Tal vez así pueda por fin dejarte ir.
Con todo lo que fui, con todo lo que soy y con todo lo que nunca podremos ser, C.B. para mi siempre amada Lizzie.