"Debo hacerlo, debo hacerlo".
Repito como una mantra en mi cabeza. "Hoy a veré. Hoy voy a hablarle. Hoy se lo daré... o no".
Los nervios me carcomen y la angustia me gana. ¿Cómo se lo diré? ¿Cómo entraré en la cúspide de su corazón? ¿Cómo volveré a alzar mis ojos a sus castañas almendras si llegara, que el destino no quiera, a sentenciarme como Dafne a Apolo?
Su rechazo me mataría en vida. Sería mi verdugo. El final por mi ilusión de "La gloria eterna" que ya tanto había fantaseado. En la que me había perdido. Desconectándome de la realidad y cayendo en el fondo de un amor que me mantenía tan atado que hasta los brujos temblarían ante tal hechizo.
Ay, pobre de mi alma en pena, de la que no surge ese potente valor para siquiera decirle, a tan etérea mujer, el desorden precioso que le provoca a todo mi ser. Pero aunque el temor a su respuesta me acompañe cual fantasma, una chispa de esperanza luchaba por vivir aún en mí. Quizás acepte por cortesía. Si, es lo más probable.
Me quedé mirando aquel Mousse de frutas y chía. Elegí hacerlo de frutillas, yogur griego y la infaltable chía para un metabolismo tan delicado como el de mi bella Verveine. La presentación era digna de admirar, la semillas se las veía en montón abajo, en el medio destacaba la blancura del yogur griego y arriba el toque rosado de la frutilla con trozos de ella, y un arándano para dar clase. Estaba seguro que este pequeño amiguito me abriría paso hacia ella. Es solo el primer peldaño del puente que construyo cada semana hacia la calidez de su pecho. Mi amada Odette, hasta tu nombre evoca una dulce melodía agradable al oído de la que ni Vivaldi con Las cuatro estaciones ha logrado superar, ni siquiera igualar. Sigo en cuestión de saber cómo es que el calco refinado de la exquisitez y la bondad sigue caminando en este mundo sin alguien a quien tomarle la mano. Es increíble saber que tal mujer aún no ha encontrado a un igual que la ame. Aunque esto solo le divide. Pues es una ventaja para mi ilusionado corazón, pero también un tormento del no entender el por qué.
Lo he pensado y las respuestas han ido variando. Existen muchas opciones, una de ellas es que quizás tenga un amorío con algún afortunado al que esconde públicamente por simple preferencia a la discreción, y respeto su privacidad. Pero la incertidumbre alimenta mi celosía y me hace codicioso de su atención.
Otra es que aún sigue en busca de un ideal y se aferra a la idea de que el amor tocará su puerta cuando esté listo. Lo que es el motor de mi determinación con ella.
Otra que también me alberga de amargura es que ella ya entregó su afecto a alguien más y sigue en espera de ser correspondida. Al igual que yo.
Otra es que no está interesada en una relación y prefiere centrarse en su vida. Esto me tranquiliza porque a veces las mejored personas son las que el destino trae sin avisar.
Otra, parecida a la anterior, es que ni siquiera lo pensó. No se le cruzó por la mente. Simplemente se olvidó de esa posibilidad y siguió su vida.
Y la última que me inquieta es que ella ya haya tenido varias citas pero es muy específica y exigente con lo que quiere y aún no encuentra quien cumpla con sus demandas. Aunque no me importa. Si tengo que reiniciarme Y adaptarme a su ideal, sin perder mi encanto natural claramente, estoy más que dispuesto a aceptar. Después de todo una dama como ella merece lo mejor que el mundo le pueda ofrecer. Y conociendo su natural amabilidad, estoy seguro que sus exigencias no son tan tediosas. Quizás solo que sea ordenado y maduro. Es lo que la mayoría desea de alguien. Incluso yo.
Contando ya todas estas opciones y analizando mis respuestas para cada reacción, quiero creer que ya me encuentro listo para ofrecerle este pequeño postre para su descanso. Eso sí, debo hacerlo luego de la entrega, después de todo tendría a mi compañero detrás de mí apresurándome a volver a la camioneta.
O puede que la invite a cenar, aunque ya debería buscar alguna receta que no le haga daño. Qué flor tan delicada y bonita que es. Una mujer así no la encontraré jamás. Al menos eso es lo que pienso. Pero dado al caso, sí. Invitarla a cenar sería la mejor manera de conocerla en la intimidad. De preguntarle por sus gustos, sus pasatiempos. Entender más a la mujer que secuestró mis ojos.
-Todavía nada ¿cierto? -me preguntó mi colega, Günther Ratcher, quien manejaba la camioneta de las entregas-. Amigo, llevas desde que la viste intentando hablarle. ¿Cuándo dejarás de lado toda esa timidez?
-Ahora mismo. Hoy le pediré cenar -contesté animadamente.
-¿Cenar? ¿Le pedirás cenar después de semanas de hablar simplemente de nada?
-No hablábamos de nada. Le preguntaba por su día. Además, tengo la confianza en la cima. Esta noche la conquisto.
-Conquistar a una dama toma su tiempo. Lo digo por experiencia. Ganarme el corazón de Anneliese fue como luchar contra un oso. Solo que esta era una osa con dos hermosas crías y un escudo de acero para su terquedad. Créeme, es más fácil enseñarle a hablar a la pared que tratar con esa mujer. De verdad me asfixiaba las primeras citas, tiene un espíritu fuerte, es obstinada y soy testigo de lo aterradora que se pone cuando se le acaba la paciencia, es peor que Harley Queen. Parece una loca... -Hizo una pausa-Pero luego recuerdas que es tu loca... luego la conoces y te das cuenta de lo que la vida le ha planteado en frente y todo lo.que ha superado sola. Te enamoras de su esencia y de lo que es capaz de darte. No solo una cara bonita o palabras amorosas. Sino que hablo de algo más grande. Una conexión profunda que pocas veces haces con alguien a quien le empiezas a llamar "Tu mundo". Sonará cursi, empalagoso y de adolescentes. Todo lo que quieras. Pero cuando empiezas a amar de verdad... caes en razón de que la edad no importa cuando se trata de alguien que te importa genuinamente.
-Vaya... sí tienes alma -dije atónito por su lenguaje. Parecía otra persona.