Todo lo que no te dije

Capítulo Trece— Atención de ocho horas

Alexis Torres

Había notado a Max distante de forma repentina; se quedaba callado en cada salida y no hablaba a menos que fuera una pregunta directa.

Lentamente, me di cuenta de que se estaba alejando, volviendo a ser ese chico inalcanzable, sepultado bajo una montaña de clases extracurriculares. Siempre ocupado.

Antes, yo tenía la paciencia de sentarme a esperar hasta que terminara, pero ahora... ahora no puedo estar sentado. La preocupación me quema por dentro.

​Mi rutina se rompió el día que mi primera llamada no fue respondida. Me dije que estaría ocupado, o que tal vez simplemente no quería hablar. Lo dejé pasar porque mi propio día prometía ser un infierno.

​La empresa del abuelo era un desastre. Desde que el matrimonio con la hija de Lean Chester se canceló, mi padre se había vuelto una bomba de tiempo. Si te lo topabas en un mal momento, recibías un golpe sin razón alguna. Y hoy tocaba entrenamiento, lo que significaba que sería un día cruel para Jaden y para mí.

​Caminando cerca de casa, me encontré a Yara. Vivíamos cerca, así que cruzarme con ella era habitual, pero hoy se veía diferente. Estaba de pie, esperando algo, con un rostro que gritaba nerviosismo. A pesar de saber que a Max le molestaría, crucé la calle; no podía dejarla así.

​—¿Por qué estás tan nerviosa? —le pregunté, parándome a su lado.

​—Voy al hospital que está cerca del instituto —confesó ella, sin mirarme—. Es la primera vez que voy sola y... me da miedo.

​—Te acompaño —solté sin pensarlo. Al fin y al cabo, no tenía a nadie más con quien pasar el día.

​Ella me regaló esa sonrisa alegre y contagiosa, una característica tan dulce que era imposible no sentirse mejor a su lado.

Caminamos por la acera entre risas. Yara contaba chistes que, si los analizabas, no tenían ninguna gracia, pero su forma de narrarlos y su propia risa los volvían divertidísimos.

​Estábamos a una calle del hospital cuando me asaltó la duda.

—¿Por qué te harás exámenes? ¿Estás enferma?

​—A mi madre le gusta que me haga chequeos mensuales para prevenir cualquier cosa —respondió ella con naturalidad.

​—Ya veo —susurré—. Bueno, al menos llegarás sana y salva.

​—¿¡El súper Alexis me acompañará!? —exclamó ella, bromeando.

​Yara era demasiado amable. A veces me dolía saber que estaba enamorada de mí, sabiendo que yo jamás podría corresponderle.

Es una tortura amar a alguien y no ser amado de la misma forma; yo lo sabía bien por lo que estaba viviendo con Max en ese momento. Pero ella solo sonreía, como si mi presencia fuera su calma.

​Llegamos al hospital, un edificio que me traía recuerdos agridulces. Pero el más importante brilló en mi mente como una chispa:

«Es mi novio».

Sonreí involuntariamente al recordar la primera vez que lo admitío en voz alta en este lugar.

​De pronto, vi al Dr. Jack hablando con unas enfermeras. En cuanto nos vio, su rostro se iluminó y se acercó a nosotros con un entusiasmo que me hizo sentir importante.

​—Es bueno verte por aquí, Alexis —dijo el Dr. Jack, dándome una palmada en el hombro—. ¿Vienes a ver cómo sigue todo o solo estás de paso?

​Me quedé helado por un segundo. El Dr. Jack sabía quién era Max para mí. Yara nos miraba con curiosidad, alternando la vista entre el doctor y yo.

​—Solo acompaño a una amiga —respondí rápido, tratando de mantener la compostura.

​—Ya veo —el doctor bajó un poco la voz, pero su mirada era cómplice—. ¿Cómo está el joven Jones? No he sabido nada de él desde que su madre se puso tan... estricta.

El Dr. Jack me trató con una amabilidad que no esperaba. Había pasado mucho tiempo desde que estuve aquí por Max, y el hecho de que recordara mi nombre me hizo sentir, por un segundo, que no era invisible.

Estreché su mano, pero cuando sus ojos se posaron en Yara, su expresión se transformó en una de pura confusión.

​—Veo que vienes con alguien más —comentó, midiendo sus palabras—. ¿Quién es ella?

​—Es una amiga —respondí de inmediato, queriendo evitar cualquier malentendido—. Venimos por su chequeo mensual.

​Yara lo miraba con extrañeza, analizando la confianza entre nosotros.
—¿Es tu tío? —preguntó ella con esa imprudencia que la caracterizaba.

​Ni yo mismo lo sabía. No sabía qué era este tipo para mí, solo que era el único que conocía mi secreto.

​—Yo la atenderé. Ven, pasa —dijo el doctor, ignorando la pregunta de Yara con una elegancia profesional.

​Me sentí extrañamente aliviado; al menos no pasaríamos todo el día aquí. Ella se fue con él y yo me quedé en la sala de espera, hundiéndome en esas sillas incómodas de hospital. Esperar es algo que siempre he sabido hacer, y normalmente me trae cosas buenas, pero hoy el silencio pesaba más que de costumbre.

​Saqué mi teléfono. Mis mensajes anteriores nunca fueron respondidos, pero yo seguía intentándolo, como un náufrago lanzando botellas al mar.

Alexis:
《 ¿Ya... desayunaste? 》

​El mensaje ni siquiera marcó las dos tildes. Era como si mi número estuviera bloqueado. Intenté llamar y la operadora me cortó al primer tono. "Seguro está leyendo su libro favorito", me mentí a mí mismo, "o se le arruinó el celular y me escribirá desde la computadora".

​Pero en el fondo, una idea amarga empezaba a germinar: ¿y si yo solo era un pasatiempo? ¿Y si Max solo me buscaba cuando estaba mal, sabiendo que yo siempre estaría ahí, esperándolo como un idiota?

​Pasaron cinco horas. Cinco horas de ver gente entrar y salir, de oler a desinfectante y de repasar mentalmente cada cosa que pude haber hecho mal. ¿Estaba siendo muy pegajoso? ¿Le quité su espacio? Yo lo dejaba leer, hacía la fila del desayuno por él, me alejaba con Jaden cuando quería soledad...

​Repasé el calendario. ¿Su cumpleaños? Nueve del último mes; faltaban dos meses. ¿Alguna fecha festiva? Solo le importaba la Navidad. No encontraba el error, hasta que Yara salió de los estudios y me miró con preocupación.



#1138 en Otros
#184 en Relatos cortos

En el texto hay: #drama, #romanceadolencente, #silencio

Editado: 26.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.