"Me arrastré hasta quedar sin aliento por un amor que él decidió matar con una sola palabra, dejándome solo con el eco de un ~nosotros~ que, según él, nunca existió."
Alexis Torres
Me quedé ahí, aferrado a él como si fuera la última balsa en medio de un naufragio. Max no respondió de inmediato, y ese silencio fue una tortura de apenas unos segundos que se sintió como una eternidad de hielo.
—Max... promete que no me vas a dejar —insistí, hundiendo mi rostro en su pecho, aspirando desesperadamente su perfume mezclado con el aire frío de la tarde, como si quisiera grabarlo en mis pulmones antes de que se esfumara.
Él suspiró, y finalmente sentí sus brazos rodearme. No fue un abrazo firme; fue algo cargado de una melancolía pesada, una despedida silenciosa que en ese momento mi corazón se negó a interpretar.
—Alexis, estás temblando —susurró, ignorando mi súplica—. Deberías estar en tu casa. Tu padre va a matarte si se entera de que te escapaste para venir hasta aquí.
—No me importa mi padre —dije, separándome lo suficiente para buscar sus ojos—. Me importa que hoy no te sentaste a mi lado. Me importa que me ignoraste. Me importa que Jaden sabe cosas de ti que yo, que se supone que te amo, desconozco. Vine corriendo porque no puedo con esta incertidumbre. Siento que te estás escapando por una grieta y no sé cómo cerrarla para que te quedes conmigo.
Max me miró con una intensidad que me hizo flaquear las piernas. Sus ojos, oscurecidos por la falta de luz, buscaban algo en mi rostro: quizás una última razón para ser honesto o la fuerza necesaria para soltar la mentira más cruel.
—Yo estoy decidido a decirle al mundo lo nuestro, Max. Yo te cuidaré, te protegeré de ellos, estaré ahí para ti en cada segundo.
Pensaba en las advertencias de mi padre, en los secretos podridos de Jaden... pensaba en mil planes para mantenernos a salvo. ¿Qué más puedo hacer para que tu vida esté calmada? Su silencio era un abismo. Me miraba como si mi amor fuera algo abrumador, un incendio que lo asustaba, algo que en realidad lo aterraba.
¿Qué hago? ¿Qué digo?
—Lo nuestro termina aquí —soltó él finalmente—. Ya me cansé.
Ese golpe dolió más que cualquier herida física en mi vida. Sentí una serie de impactos secos en el estómago que me dejaron sin aire; mi mente se quedó en blanco y juraría que mi corazón se detuvo en ese preciso instante.
Fue un impacto brutal. Dio dos pasos atrás, marcando una distancia física que se sentía como un muro de cemento. Me miraba diferente... ya no había indiferencia, había una certeza fría que me desangraba.
—Nunca sentí algo realmente por ti, Alexis.
¿Qué está pasando? ¿Por qué esta crueldad de repente?¿Por qué dices eso? —pregunté, luchando por no desarmarme ahí mismo, pero mi voz se quebró en mil pedazos.
Max no respondió. Solo me miró unos segundos... y fue suficiente para entender que ya no estaba aquí; se había marchado mucho antes de empezar a hablar.
—Te estás dejando llevar por lo que dicen, ¿verdad?
—insistí, pegando un paso hacia él, desesperado—. ¿Es por Yara? ¿Por mi padre? ¡Dime algo, Max! ¡Lo que sea!
¿Por qué ahora? ¿Por qué hacerme sufrir días enteros para terminar diciéndome que esto es lo que sentías de verdad? ¿Entonces tus padres nunca fueron el problema? ¿El problema fui yo?
—No es por nadie, Alexis —dijo al fin, con una voz desprovista de toda emoción—. Simplemente, esto no existió.
Cada palabra era una hoja afilada hundiéndose lentamente en el centro de mi pecho. "Simplemente esto no existió". Lo dijo tan suave, tan sereno, con una tranquilidad tan aterradora que me estaba arrancando el alma. Comencé a negarlo con la cabeza; tuvo que haberme amado, yo sentí su corazón, yo sentí su piel.
—Mentiroso... —susurré—. No puedes dejar de sentir de un día para otro.
Max bajó la mirada y dio otro paso atrás. Y ese pequeño movimiento bastó para que todo mi cuerpo se sintiera hueco, vacío.
—Es que... no sentí.
—¡Deja de mentir! —le grité, con los pulmones ardiendo.
—Lo siento si te causé un daño.
¡No quería un maldito "lo siento"! Quería su amor, quería su verdad, quería estar con él cada minuto de mi existencia. No puedo imaginar mi futuro con nadie más... en cada escenario de mi vida, estás tú. Él simplemente apretaba los labios, huyendo de mi mirada mientras se daba la vuelta para marcharse.
—No fue de un día para otro, Alexis —respondió él. Su voz era plana, sin un solo rastro de duda—. Fue algo que se fue apagando. Simplemente... me di cuenta de que lo que sentía no era suficiente para todo el caos que esto provoca.
—¿El caos? —pregunté, sintiendo cómo la primera lágrima se escapaba sin permiso—. ¿Hablas de nuestras familias? ¿De las reglas de mi padre? Max, yo te dije que te protegería...
—Ese es el problema —me interrumpió, y esta vez hubo un destello de algo parecido al fastidio en su rostro—. No quiero que me protejas. No quiero que seas mi héroe, ni quiero ser el tuyo. Me cansé de este sentimiento que nos tiene a los dos al borde de un abismo. No vale la pena.