Todo lo que no te dije

Capítulo Dieciséis- ¿Todo esto existió?

Alexis Torres

Tuve a mi madre en brazos sin saber qué hacer en realidad. La abrazaba con fuerza, pero mis brazos no sanaban sus heridas, porque las mías todavía estaban abiertas y sangrando. Mi cabeza no dejaba de retumbar con ese "no existió". ¿Cómo se atrevió a decirlo con tanta seguridad? ¿Cómo pudo borrar años de mi vida con un solo movimiento de lengua?

​Si soy tan desechable, ¿por qué no me sigues usando? Hazme daño de esa manera, fingiendo que me amas; duele menos una mentira compartida que esta verdad solitaria.

​Pero, ¿a quién engaño? No puedo ser tan egoísta. No merezco nada de lo que pido ni de lo que exijo. Quiero ser feliz, pero quizás... quizás en otra vida podré hacerlo. En esta, parece que el destino ya ha escrito mi sentencia.

​Teniendo a mi madre en brazos, aún no podía pensar con claridad. Me llenaba de rabia no haber estado en el momento justo de su caída. Si no hubiera llegado en este preciso instante, ¿qué habría pasado contigo, mamá? El miedo a perderla era lo único que lograba distraerme del vacío que Max había dejado.

​—Voy a cuidarte, mamá —repetí, sintiendo cómo esa mentira me raspaba la garganta al pronunciarla de nuevo—. Tu hijo va a estar a tu lado en las buenas y en las malas.

​Ella se separó un poco, buscándome la cara con esa mirada que lo atraviesa todo. No hay nadie que conozca mejor a un hijo que su madre.

​—Mamá está aquí, mamá está bien —susurró, pero su tono cambió al sentir mis espasmos—. Tu corazón late muy rápido, Alexis. ¿Qué pasó?

​Me derrumbé bajo su escrutinio.
—Max y yo... ya terminamos, mamá. Mi felicidad se acabó.

​Peinó mi cabello con sus dedos, manteniéndome pegado a ella. Mi madre sostenía una sonrisa triste en medio de nuestro desespero mutuo, esa sonrisa que solo tienen los que han aprendido a sonreír mientras sangran.

​—Mamá te cuidará, hijo mío. No necesitas a nadie más que a mamá.

​—Tienes razón —contesté, y por un momento, quise creerle.

​El amor de una madre es un abismo de generosidad. Verla ahí, luchando todos estos años, me hizo entender que ella no vive por sí misma; vive porque, aunque dos de nosotros no llevemos su sangre, tiene tres hijos que proteger.

La amo por lo maravillosa que es, por ese hermoso corazón que parece no agotarse nunca. Quiero ser como ella: fuerte y valiente, alguien que aunque vea su vida en peligro no se defiende a sí misma... porque está ocupada defendiendo a sus hijos.

​Ella era luz pura. Estoy seguro de que si me dieran a elegir madre mil veces, la elegiría a ella sin dudarlo, porque ella es el único ser que no me hace pensar en lo que me falta. Ella sí me llena de un amor verdadero, uno que no pone condiciones ni se escapa por las grietas. No importan las luchas que enfrentemos, ella siempre alza sus brazos para cubrirme.

​Si algún día tengo que perderla, quiero que sea bajo sus propios términos. Que me diga que quiere descansar, que ya está agitada, que quiere cerrar los ojos porque sabe que Jaden, la pequeña y yo estaremos bien. Que el mundo ya está listo para nosotros aunque ella no esté. Pero ahora... ahora era mi mente la que quería descansar de tanto ruido.

​—¿Quieres comer? —preguntó ella, tratando de cambiar el aire pesado de la sala—. ¿Quieres que prepare panqueques de cena? Sé que te gusta cenar eso.

​Negué con una pequeña sonrisa, la primera que lograba articular en medio del naufragio.

—Vamos a dormir, mamá. Es muy tarde.

​—Aún estoy joven —bromeó ella con un hilo de voz, intentando aliviar mi carga—, pero está bien, vamos a dormir.

​—¿Puedo dormir contigo? —pregunté, volviendo a ser ese niño de doce años que solo quería huir de los monstruos bajo la cama. O de los monstruos que caminan por la calle con el nombre de Maximiliano.

​Ella asintió y me guio hacia su habitación. Esa noche, mientras el mundo exterior seguía girando y Max seguramente dormía sin remordimientos, yo me acurruqué al lado de la única persona que nunca diría que nuestro amor "no existió".

Ambos nos miramos con esa sonrisa característica nuestra; esos brillos en los ojos que la gente envidiaba, esos hoyuelos que pocos tienen la suerte de lucir. Esa felicidad... esa relación sana y pura entre madre e hijo que parecía ser lo único que el apellido Torres no había logrado corromper todavía.

​Fuimos a la cama principal. Ese territorio que, técnicamente, le pertenecía a mi padre y a su sombra autoritaria, pero al diablo con él. Esta noche era nuestro momento, un acto de rebelión silenciosa envuelto en sábanas limpias.

​Era lindo recordar. Me acurruqué contra sus costillas mientras sentía sus dedos expertos acariciarme el cabello con un ritmo que parecía dictado por los latidos de su propio corazón.

En ese instante, dejé de ser el chico que se arrastraba por las calles, el que golpeó a su amiga o el que fue humillado por el chico que amaba. Volví a ser un niño. Aquel niño que, después de las peleas brutales con mi padre, siempre encontraba en ella el único puerto seguro.

​—Recuerdo que así dormías cuando eras un pequeño —susurró ella, con una voz que parecía venir de un tiempo mejor.

​—Yo también lo recuerdo —respondí, cerrando los ojos y dejando que el cansancio me venciera por fin—. Recuerdo sentir tu piel cálida como si fuera mi almohada favorita. Recuerdo tus brazos rodeándome y esa canción de cuna que me cantabas para dormir cuando tenía doce años.

​En la oscuridad de la habitación, el mundo exterior desapareció. No había un Maximiliano Jones que negara mi existencia, ni un Jaden con secretos, ni una Yara con el rostro lastimado. Solo estábamos nosotros dos, los sobrevivientes de una guerra doméstica que aún no terminaba, pero que esta noche nos daba una tregua.

​Me quedé dormido con el sonido de su respiración, deseando que el tiempo se detuviera ahí, justo antes de tener que crecer, antes de que el sol saliera y me obligara a enfrentar el hecho de que mi adolescencia se estaba escurriendo entre mis dedos como arena. Esa fue la última noche en la que me permití ser vulnerable, la última noche en la que busqué refugio en alguien más antes de que el frío de la vida adulta me enseñara a construir mis propios muros.



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En el texto hay: #drama, #romanceadolencente, #silencio

Editado: 01.03.2026

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