Todo lo que no te dije

Capítulo veintiséis — Agua y espuma

El silencio en la habitación del hospital se sentía pesado, cargado de verdades que no pedí conocer. Miré a Maximiliano y un nudo se instaló en mi garganta; era ese sentimiento punzante de que no me merezco este amor.

​Siento que cada día que pasa, el tiempo lo corrompe por mi manera de ser. Yo... no sé cómo reaccionar a lo que siento. Antes, cuando él me mentía y decía que todo estaba bien, yo podía fingir. Pero, ¿cómo podría decir que "nuestra casa" es un refugio, cuando nuestra casa somos nosotros y nosotros no estábamos bien?

​Al mirarlo, no pude evitar que los sollozos escaparan. Porque aunque nuestra casa esté mal, aquí estamos, tratando de reconstruir entre los escombros.

​—¿Por qué lloras? —preguntó él, su voz cortando la penumbra de la sala.

​—Porque no te merezco —solté, y las palabras supieron a hiel—. Soy un inútil, como dice Jaden. Soy un estorbo, como dice mi padre.

​—Eres importante para mí —sentenció Max, con esa honestidad brutal que lo caracteriza—. Deja de ser un llorón.

​Él siempre tiene algo "no lindo" que decir, pero sus acciones dictan otra cosa. Se acercó y me besó la frente antes de sentarse junto a mí, su calor corporal siendo mi único anclaje a la realidad.

​—Hoy te darán de alta.

​No lo esperaba. No después del colapso, de los gritos y del veneno de los Torres. En ese momento, el doctor entró a la habitación con una expresión de leve meditación. Verlo era como mirar un espejo distorsionado de mi padre; el parecido físico era tan exacto que resultaba perturbador. Eran como gemelos... algo simplemente extraño.

​—¿Qué? ¿Le da risa que esté todo vendado? —escupí con mi habitual tono sarcástico.

​—Se nota que no pueden vivir uno sin el otro —respondió el doctor, ignorando mi veneno.

​Brujo. Pensé. Pero tenía razón. No puedo vivir sin mi novio; él es la única persona que quiero en mi vida, el dueño de mi voluntad.

​—Cuando los vi por primera vez, especialmente a ti, Alexis... me llenó de alegría conocer a mi sobrino —continuó Jack—. En la familia Torres, Izan es el único que tiene un hijo.

​—¿Por qué no me diste un primo? —pregunté, tratando de entender este árbol genealógico podrido.

​—Porque no puedo tener hijos. Y mi otro hermano, Evans, dijo que nunca tendrá hijos.

​El nombre me golpeó. ¿Otro Evans? En esta familia nadie parece ser original; los nombres se repiten como maldiciones.

​—¿Dónde está Evans? —exigí saber.

​—Es mejor que hables con tu padre de eso.

​Y así, como siempre en mi vida, cuando todo parecía ir bien... ¡PUM! El doctor lo arruinó todo con otro secreto. ¿Cómo se supone que le pregunte a mi padre después de haberle gritado que lo odiaba? Dejé pasar el comentario, intentando que no me carcomiera. Mi padre era quien debía darme esas respuestas, si es que alguna vez decidía dejar de ser una estatua de hielo.

​Finalmente, el doctor me dio el alta bajo la condición de no hacer ningún esfuerzo físico. Por fin acostarme en mi cama. A perderme en los brazos del amor de mi vida durante unas semanas completas, donde los secretos de los Torres no pudieran alcanzarnos.

Cuando me paré de la cama del hospital, el mundo pareció tambalearse, pero Max estaba allí. Sentí sus manos firmes sosteniéndome, impidiendo que cayera, y en ese contacto redescubrí por qué seguía luchando. Amo cuando se preocupa; es extrañamente lindo verlo así, atento a cada uno de mis movimientos, y escuchar esas cosas bonitas que solo él sabe decir cuando cree que no estoy lo suficientemente roto para escucharlas.

​Al llegar al auto, Max se movió con una eficiencia protectora. Arregló el asiento del copiloto, reclinándolo lo suficiente para que yo pudiera acostarme y estirar el cuerpo adolorido. Él tomaría el volante; él tomaría el control de nuestro rumbo por un rato.

​El doctor —mi tío— nos había seguido hasta el estacionamiento, ayudando a cerrar la puerta una vez que estuve instalado. Su rostro recuperó esa seriedad médica, pero sus ojos eran distintos

​—Recuerda: nada de hacer fuerza, come saludable y nada de alcohol —Dijo, apoyándose en el marco de la ventana—. Y lo más importante: nada de pasar saliva de forma brusca. La cirugía en el labio superior fue pequeña, pero puede infectarse.

​—No me castigues de esa forma —protesté, sintiendo la punzada en el labio al intentar sonreír.

​—No es castigo, Alexis. A ver... —se pasó una mano por la cara, desesperado pero divertido—. ¿Crees que si te pongo un yeso en la pierna vas a intentar caminar?

​Lo miré fijamente. Había algo en él que me resultaba familiar y nuevo a la vez.

—Por favor... tío.

​En cuanto pronuncié esa palabra, el efecto fue instantáneo. La cara de Jack se puso roja, una mezcla de sorpresa y una ternura que intentó sepultar bajo una pequeña risa. El muro de los Torres se había agrietado un poco más.

​—Tío —repetí, disfrutando del sonido de la palabra—. Cinco besos al día. Esa es mi condición.

​Jack intentó ocultar su sonrisa, pero falló miserablemente. Miró a Max y luego volvió a mí.

—Solo tres por día. Desayuno, almuerzo y cena. Como una receta médica.

​—¡Hecho! —acepté, sintiendo que, por primera vez en años, había ganado una negociación que realmente importaba.

​El motor arrancó y el hospital empezó a quedar atrás, convirtiéndose en un edificio gris en el espejo retrovisor. Durante el trayecto a casa, mientras el paisaje de la ciudad se difuminaba, el cansancio acumulado me venció. Me permití cerrar los ojos, arrullado por el movimiento del auto y la presencia silenciosa de Max.

Logré dormir esos veinte minutos, un sueño ligero y sin pesadillas, sabiendo que al despertar, el suelo bajo mis pies ya no sería el de un hospital, sino el de nuestra casa.

Max estacionó de retroceso. El sonido metálico del freno de emergencia al activarse fue lo que me trajo de vuelta, pero no abrí los ojos con la emoción de quien finalmente llega a casa. Los abrí con una pesadez que me hundía en el asiento.



#4217 en Otros
#970 en Relatos cortos

En el texto hay: #drama, #romanceadolencente, #silencio

Editado: 22.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.