Los días fueron pasando y, cuando menos lo esperé, ya estábamos a finales del bimestre del año escolar.
Los exámenes me tenían más alterada de lo normal, pero si algo sabía hacer bien -además de aparentar ser un cubo de hielo -era estudiar.
No era por presumir.
Pero el año anterior había recibido el premio a la mejor alumna de segundo de secundaria, entre doce secciones. La perfección siempre había sido mi refugio.
Callada.
Obediente.
Discreta.
No dejaba grietas. No daba motivos. Quería ser impecable en todos los ámbitos, tan correcta que nadie encontrara un punto exacto donde derribarme. pasar desapercibida era parte del plan.
Caminaba por el pasillo con un libro entre las manos: El club limonada de Maria Fernanda Heredia. Como siempre, el profesor había dejado una obra literaria como parte del examen. Leer era mi pasión. Me perdía en las páginas hasta olvidar quién era, dónde estaba. Sentía cada emoción como si fuera mía. Las letras me adoptaban.
Hasta que choqué contra algo sólido.
-Lo siento mucho -dije sin levantar la mirada.
-No te preocupes Aurora.
Me quedé perpleja.
Conocía esa voz o al menos supe de inmediato quién era. Levanté la vista. Era uno de los nuevos que había ingresado la semana anterior y se había integrado rápido al círculo de Cielo. No habíamos hablado hasta ahora.
Mike.
Destacaba por sus rulos escandalosos y una expresión tímida que parecía sincera. A simple vista, era amable. De esos chicos que no levantan sospechas. Hasta ahora recuerdo que en mi libreta está un poema dedicado a este personaje, un dato extra que pasó mucho después.
-Oye, disculpa -dijo-, tú... ¿eres amiga de Lia?
Y lo supe, no hacía falta decir nada más.
-Su mejor amiga -respondía-. ¿Por qué?
Se puso nervioso. sus palabras comenzaron a tropezar entre sí.
-Yo... yo... bueno, es que... ella... tal vez...
Sonreí con suavidad.
-Ok, entiendo -dije-. Quieres acercarte a ella. Puedo ayudarte.
Y sin darme cuenta, le robé el trabajo a Cupido.
Era irónico. No podía ni con mis propios problemas emocionales pero ahí estaba ayudando a otros con los suyos. Aunque, siendo honesta, también era una excusa perfecta para distraerme y para molestar a Lía, lo cual siempre era un privilegio.
Entonces empezó oficialmente la Operación Aurora al Rescate.
Cada oportunidad que tenía, mencionaba a Mike frente a Lia. Ella se divertía con mi insistencia.
-¿Acaso te gusta Aurora? -me preguntó un día, divertida.
-Claro que no -respondí-. Yo solo busco un cuñado. ¿No te parece lindo? Además, piénsalo bien... podría ser tu verdadero amor.
Lia se reía como si le pagaran por hacerlo.
-Aurora -me dijo-, eso no existe. Los cuentos de hadas, los k-dramas, las novelas chinas... no. No existen. Y no me des consejos, tú nunca has tenido novio.
Fingí estar ofendida.
-Pues no -dije-, pero saber la teoría también sirve.
Mi plan siguió avanzando y, en proceso, me ayudó a intentar sacar a Alexander de mi cabeza. Quería borrarlo rápido, sin contemplaciones. Y, aunque no me dolía no haber tenido nunca una relación, las palabras de lía comenzaron a rondarme.
Alexander. No.
Existían códigos y yo no le haría eso a mi amiga. Nunca.
Que Alexander se quedará con Cielo, con la Tierra, con la Pachamama si quería. Yo iba a ir un paso adelante. Siempre.
Entonces tuve la idea más loca que se me había ocurrido hasta el momento.
Semanas después, ya tenía a alguien. O eso creía.
Fingí estar conociendo a alguien, pensando que así calmaría sospechas, que así me protegería. Pero el plan salió mal. Muy mal, porque el tiro me salió por la culata.
Al final si terminé teniendo novio de verdad y no sabía que ese error marcaría el inicio de algo mucho más complicado de lo que estaba preparada para enfrentar.
Editado: 02.06.2026