Todo lo que nunca pasó

Capítulo 7

El rumor no tardó en crecer.

En un colegio, la verdad nunca camina: corre.

Al día siguiente, me había convertido en la protagonista de los chismes con el titular: Aurora tiene novio por fin. No entendía qué de bueno era eso, ni que se me hubiese ido el tren. Estaba en la flor de mi juventud y por mucho. Me pregunté quién había sido la paloma mensajera, aunque en el fondo lo sabía.

Caminaba por el pasillo cuando sentí una mano cerrarse alrededor de mi muñeca.

-¿Es cierto? -dijo una voz que reconocería incluso dormida.

Alexander.

Me detuvo antes de doblar la esquina, justo donde el ruido se paga un poco y las miradas se concentran. Me giré despacio, fingiendo calma.

-¿Qué cosa? -respondí, con una serenidad ensayada.

Sus ojos me recorrieron con una atención que me incomodó más de lo que debería. No estaba sonriendo. Eso es raro.

-Que estás con alguien Aurora.

El silencio se estiró entre nosotros como una cuerda tensa. ¿Qué quería que dijera? ¿La verdad? ¿O lo que él quería escuchar?

-¿Y eso qué importa? -contesté al fin.

Por un segundo, algo se quebró en su expresión. Alexander no estaba acostumbrado a que no le respondieran como esperaba. No soportaba perder, eso era un hecho.

-Importa -dijo- porque no encaja contigo.

Ahí lo entendí.

No era preocupación.

Era orgullo herido.

-Tal vez no me conoces tanto como crees -le dije, soltando mi muñeca con suavidad-. Y nunca dijiste querer hacerlo.

Sus labios se curvaron apenas, esa sonrisa divertida que siempre usaba como escudo.

--Entonces ya entendí... -murmuró Alexander, clavando la mirada en mí-. Intentaste convencerte de que lo nuestro no importaba acercándome a Cielo. Como si así fuera más fácil olvidarme.

-No todo gira alrededor tuyo Alexander. Algunas personas saben avanzar -contesté-. Otras prefieren quedarse jugando.

Alexander me miró entonces. Ya no había diversión en sus ojos. Había algo más oscuro... algo que no quería perder.

-Ten cuidado Aurora -murmuró-. No todo lo que empieza como un juego termina bien.

-No te preocupes -le dije-. Yo nunca juego sin saber las reglas.

Me di la vuelta antes de que pudiera decir algo más. Sentí su mirada quemarme la espalda y supe algo con certeza.

Acababa de salirme de su tablero y Alexander no sabía qué hacer cuando alguien dejaba de ser una opción.




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