El rumor no tardó en crecer.
En un colegio, la verdad nunca camina: corre.
Al día siguiente, me había convertido en la protagonista de los chismes con el titular: Aurora tiene novio por fin. No entendía qué de bueno era eso, ni que se me hubiese ido el tren. Estaba en la flor de mi juventud y por mucho. Me pregunté quién había sido la paloma mensajera, aunque en el fondo lo sabía.
Caminaba por el pasillo cuando sentí una mano cerrarse alrededor de mi muñeca.
-¿Es cierto? -dijo una voz que reconocería incluso dormida.
Alexander.
Me detuvo antes de doblar la esquina, justo donde el ruido se paga un poco y las miradas se concentran. Me giré despacio, fingiendo calma.
-¿Qué cosa? -respondí, con una serenidad ensayada.
Sus ojos me recorrieron con una atención que me incomodó más de lo que debería. No estaba sonriendo. Eso es raro.
-Que estás con alguien Aurora.
El silencio se estiró entre nosotros como una cuerda tensa. ¿Qué quería que dijera? ¿La verdad? ¿O lo que él quería escuchar?
-¿Y eso qué importa? -contesté al fin.
Por un segundo, algo se quebró en su expresión. Alexander no estaba acostumbrado a que no le respondieran como esperaba. No soportaba perder, eso era un hecho.
-Importa -dijo- porque no encaja contigo.
Ahí lo entendí.
No era preocupación.
Era orgullo herido.
-Tal vez no me conoces tanto como crees -le dije, soltando mi muñeca con suavidad-. Y nunca dijiste querer hacerlo.
Sus labios se curvaron apenas, esa sonrisa divertida que siempre usaba como escudo.
--Entonces ya entendí... -murmuró Alexander, clavando la mirada en mí-. Intentaste convencerte de que lo nuestro no importaba acercándome a Cielo. Como si así fuera más fácil olvidarme.
-No todo gira alrededor tuyo Alexander. Algunas personas saben avanzar -contesté-. Otras prefieren quedarse jugando.
Alexander me miró entonces. Ya no había diversión en sus ojos. Había algo más oscuro... algo que no quería perder.
-Ten cuidado Aurora -murmuró-. No todo lo que empieza como un juego termina bien.
-No te preocupes -le dije-. Yo nunca juego sin saber las reglas.
Me di la vuelta antes de que pudiera decir algo más. Sentí su mirada quemarme la espalda y supe algo con certeza.
Acababa de salirme de su tablero y Alexander no sabía qué hacer cuando alguien dejaba de ser una opción.
Editado: 02.06.2026