El recreo había terminado hacía varios minutos, pero Aurora todavía sentía el corazón acelerado.
Intentó convencerse de que todo había sido un momento confuso y ya. Un error pequeño que desaparecería apenas las clases continuaran.
Pero apenas puso un pie en el pasillo entendió que no sería así.
Las conversaciones bajaban de volumen cuando ella pasaba.
Algunos estudiantes giraban a verla demasiado rápido.
Otros fingían disimular y terminaban haciéndolo más evidente.
Y entonces comenzaron los murmullos.
—Es ella...
—¿En serio pasó?
—Pobre Cielo...
Aurora sintió un vacío incómodo abrirse en su estómago.
Aceleró el paso abrazando los libros contra su pecho, intentando ignorarlo todo, hasta que escuchó una voz detrás de ella.
—Aurora.
Se detuvo inmediatamente.
Mateo caminaba hacia ella con el ceño ligeramente fruncido. Parecía confundido más que molesto, y eso hizo que Aurora se sintiera todavía peor.
—¿Qué pasó con Alexander? —preguntó directamente.
Aurora bajó la mirada.
—Nada.
La respuesta salió demasiado rápido.
Demasiado nerviosa.
Mateo suspiró.
—Todo el mundo está hablando de ustedes.
Antes de que Aurora pudiera responder, Lía apareció entre la multitud acercándose a ambos.
—¿Qué demonios hiciste? —preguntó sin rodeos, aunque su voz sonaba más preocupada que acusadora.
Aurora sintió cómo varias personas alrededor disminuían la velocidad solo para escuchar mejor.
Perfecto.
—No hice nada —murmuró.
—Aurora —dijo Lía más despacio—. Dicen que estabas besándote con Alexander detrás del gimnasio.
El pecho de Aurora se tensó violentamente.
Porque escucharlo en voz alta hacía que todo sonara mucho peor.
—Cielo sigue siendo su novia —comentó alguien cerca.
—Qué incómodo...
—Yo sabía que entre ellos pasaba algo.
Las palabras comenzaron a mezclarse unas con otras hasta convertirse en ruido.
Aurora sentía las miradas clavándose sobre ella desde todos lados.
Y lo peor era que no sabía qué parte le dolía más:
la culpa,
la vergüenza,
o el hecho de que una parte de ella todavía seguía pensando en Alexander.
—No fue así —dijo finalmente levantando la voz—. Ustedes no entienden nada.
Pero nadie parecía escuchar realmente.
—Entonces explícalo —soltó una chica desde atrás—. Porque todos los vieron juntos.
Aurora tragó saliva.
Las imágenes volvieron a su cabeza demasiado rápido:
Alexander cerca de ella,
su voz baja,
la tensión,
la forma en que todo había ocurrido antes de que pudiera entenderlo del todo.
Y ahora parecía que todo el colegio había decidido convertirla en la villana de una historia que ni siquiera comprendía completamente.
Mateo dio un paso hacia ella.
—Aurora... ¿te gusta de verdad?
La pregunta le golpeó el pecho más fuerte que cualquier acusación.
Porque no sabía cómo responder sin destruirse un poco.
Lía miró rápidamente alrededor, incómoda por la atención que seguían atrayendo.
—Ya basta —dijo molesta—. Parece que nunca han visto a dos personas hablar en su vida.
—No estaban "hablando" —murmuró alguien entre risas.
Aurora sintió el rostro arder de inmediato.
Quería desaparecer.
Quería volver unas horas atrás y evitar todo.
Pero sobre todo quería dejar de sentir que Alexander tenía el poder de convertir su vida en un caos incluso cuando ni siquiera estaba presente.
Y como si el universo quisiera empeorar las cosas todavía más, el pasillo quedó en silencio de repente.
Aurora levantó lentamente la mirada.
Alexander acababa de aparecer al final del corredor.
Las conversaciones murieron poco a poco mientras él avanzaba entre los estudiantes con calma absoluta, como si no le importaran los rumores ni las miradas.
Como si todo aquello no estuviera destruyendo a Aurora por dentro.
Sus ojos encontraron los de ella inmediatamente.
Y aunque estaba rodeada de personas, Aurora sintió algo horrible:
seguía sintiendo que solo existían ellos dos.
Editado: 02.06.2026