El pasillo seguía en silencio cuando Alexander se detuvo frente a todos.
Aurora podía sentir las miradas clavadas sobre ellos, la tensión incómoda creciendo segundo a segundo. Nadie decía nada. Nadie se movía.
Y entonces apareció ella.
Cielo.
Venía caminando desde el otro extremo del corredor junto a dos amigas, riéndose de algo... hasta que notó el ambiente extraño.
Hasta que vio a Aurora.
A Mateo.
A Alexander.
Y sobre todo, las expresiones de todos.
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.
—¿Qué pasó? —preguntó confundida.
Nadie respondió.
Aurora sintió el corazón hundirse.
Porque de pronto todo dejó de ser rumores.
Ahora era real.
Cielo miró primero a Aurora, luego a Alexander.
—¿Qué está pasando?
Alexander guardó silencio unos segundos.
Y Aurora odió que incluso ahora él siguiera viéndose tranquilo mientras ella sentía que apenas podía respirar.
—No es para tanto —murmuró finalmente.
Esa respuesta fue peor que cualquier confesión.
El rostro de Cielo cambió inmediatamente.
—¿"No es para tanto"? —repitió incrédula.
Lía cerró los ojos un segundo, como si ya supiera que todo estaba a punto de explotar.
Aurora intentó hablar.
—Cielo, yo...
Pero la voz se le quebró antes de terminar.
Porque no sabía qué decir.
"No quería" sonaba mentira.
"No fue mi culpa" sonaba cobarde.
Y la verdad era mucho peor:
una parte de ella sí había querido ese momento.
Cielo soltó una risa nerviosa mientras negaba lentamente con la cabeza.
—Increíble.
Luego miró directamente a Aurora.
Y eso dolió más que cualquier grito.
Porque Cielo no parecía furiosa.
Parecía decepcionada.
—De todas las personas... tú.
Aurora sintió un nudo horrible en la garganta.
—Yo nunca quise hacerte daño.
—Pero lo hiciste.
Silencio.
Incluso Alexander dejó de hablar.
El ambiente se volvió tan incómodo que algunos comenzaron a irse lentamente del pasillo, aunque seguían mirando desde lejos.
Mateo observaba todo con la mandíbula tensa.
Lía parecía lista para intervenir si la situación empeoraba.
Pero Aurora ya sentía que todo estaba roto igual.
Cielo volvió a mirar a Alexander.
—¿Y tú qué?
Él pasó una mano por su cabello, incómodo por primera vez.
—Cielo...
—No. —Ella retrocedió un paso—. No me hables como si esto fuera normal.
Aurora observó a Alexander esperando algo.
Cualquier cosa.
Una explicación.
Una defensa.
Algo que hiciera sentir que no estaba enfrentando todo sola.
Pero él permaneció en silencio.
Y en ese instante Aurora entendió algo terrible:
Alexander nunca iba a arriesgarse realmente por ella.
Porque mientras ella se estaba convirtiendo en el rumor de todo el colegio...
él todavía tenía la capacidad de quedarse tranquilo.
Cielo sonrió con tristeza antes de hablar por última vez.
—Qué vergüenza, Alexander.
Luego miró a Aurora apenas un segundo.
—Y tú deberías dejar de conformarte con alguien que solo aparece cuando quiere sentirse importante.
Esas palabras le atravesaron el pecho.
Cielo se dio vuelta y se fue caminando por el pasillo sin mirar atrás.
El silencio que dejó fue devastador.
Aurora sintió los ojos llenarse de lágrimas inmediatamente, pero hizo todo lo posible por contenerse.
No iba a llorar ahí.
No frente a todos.
Alexander intentó acercarse un poco.
—Aurora...
Ella retrocedió enseguida.
Y esa pequeña distancia dolió más de lo esperado.
Porque por primera vez desde que todo comenzó... Aurora no sintió mariposas al verlo cerca.
Solo cansancio.
Editado: 02.06.2026