Aurora no sabía exactamente por qué había terminado siguiendo a Alexander hasta ese pasillo vacío del segundo piso. Tal vez había sido curiosidad. Tal vez costumbre. O tal vez simplemente estaba cansada de fingir que él no lograba alterarla.
El ruido del colegio se escuchaba lejano allí arriba. Apenas algunas voces apagadas, pasos rápidos y el viento entrando por las ventanas abiertas.
Alexander estaba apoyado contra la pared cuando ella llegó.
Parecía tranquilo.
Como si hubiese sabido desde el principio que Aurora iba a aparecer.
Cuando sus ojos se encontraron, él sonrió apenas.
—Sabía que vendrías.
Aurora sintió el corazón acelerarse inmediatamente.
—No deberías asumir tantas cosas —murmuró intentando sonar firme.
Alexander se encogió de hombros.
—Pero contigo casi siempre termino teniendo razón.
Aurora desvió la mirada hacia las ventanas del pasillo. El cielo comenzaba a nublarse afuera y el viento movía ligeramente las cortinas.
Todo se sentía raro cuando estaba cerca de él.
Demasiado intenso.
Demasiado confuso.
Se abrazó los brazos intentando mantener distancia emocional.
—¿Por qué haces esto?
—¿Hacer qué?
—Confundirme.
Alexander guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Porque tú también me confundes a mí.
Aurora levantó la mirada lentamente.
Por un instante, él no parecía el chico seguro que siempre tenía el control de todo. Parecía cansado. Como si llevara días pensando demasiado.
Entonces se acercó un paso.
—Terminé con Cielo ayer.
El corazón de Aurora se detuvo un segundo.
—¿Qué?
Alexander apoyó la espalda contra la pared otra vez, soltando el aire lentamente.
—Terminamos.
Aurora sintió un nudo extraño en el pecho.
Porque había imaginado demasiadas veces cómo sería escuchar eso... y aun así nada se sentía como esperaba.
—¿Por qué? —preguntó en voz baja.
Él soltó una pequeña risa sin humor.
—Porque hace semanas que todo estaba mal.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
Alexander levantó la mirada directamente hacia ella.
—Mucho más de lo que debería.
Aurora sintió el rostro arder inmediatamente.
Quiso decir algo.
Negarlo.
Alejarse.
Pero las palabras no salían.
El pasillo quedó en silencio mientras ambos se observaban sin saber exactamente qué hacer con todo aquello.
—Mateo sí podría hacerte feliz —murmuró Alexander de repente.
Ella frunció el ceño.
—¿Entonces por qué dices eso como si te molestara?
Alexander sonrió apenas, cansado.
—Porque me molesta.
Y esa sinceridad la desarmó por completo.
Porque Alexander nunca hablaba tan claro.
Nunca decía exactamente lo que sentía.
Aurora bajó la mirada intentando controlar el caos dentro de su pecho.
—Esto está mal...
—Tal vez —admitió él—. Pero llevamos demasiado tiempo fingiendo que no pasa nada.
El corazón de Aurora latía tan fuerte que sentía que él podía escucharlo.
Alexander dio otro paso hacia ella, despacio, dejándole espacio suficiente para retroceder.
Pero Aurora no se movió.
—Cuando estás conmigo pareces querer escapar —dijo él en voz baja—. Pero siempre terminas quedándote.
Aurora cerró los ojos un segundo.
Porque odiaba que tuviera razón.
Y quizá eso era lo peor de todo:
que una parte de ella llevaba demasiado tiempo esperando escuchar que Alexander finalmente la eligiera a ella.
Editado: 02.06.2026