Todo lo que nunca pasó

Capítulo 17

Aurora caminaba por el pasillo con los audífonos colgando del cuello y los libros apretados contra el pecho cuando escuchó voces cerca del jardín trasero.

No pensaba detenerse.

Hasta que escuchó el nombre de Alexander.

Giró apenas el rostro y los vio a la distancia, cerca de las rejas que daban hacia la cancha. Leo estaba frente a él, claramente molesto, mientras Alexander permanecía apoyado contra la pared con expresión cansada.

Aurora no sabía por qué se quedó.

Tal vez porque últimamente todo lo relacionado con Alexander parecía arrastrarla aunque intentara escapar.

Se acercó unos pasos en silencio, escondiéndose detrás de uno de los arbustos del jardín.

Y entonces escuchó la voz de Leo.

—¿Y ahora qué piensas hacer con ella?

Alexander frunció el ceño.

—No empieces.

—No, en serio. —Leo soltó una risa seca—. ¿Ya conseguiste lo que querías y listo?

Aurora sintió algo incómodo atravesarle el pecho.

Alexander apartó la mirada.

—No hables de ella así.

—¿Entonces cómo quieres que hable? —insistió Leo—. Todos vimos cómo empezó esto. Primero Cielo, después Aurora... siempre necesitas que alguien te esté mirando para sentirte suficiente.

El corazón de Aurora comenzó a latir demasiado rápido.

Alexander guardó silencio.

Y ese silencio dolió más que cualquier respuesta.

—Ella no tiene idea de cómo eres realmente —continuó Leo, bajando la voz—. Y tú lo sabes.

Aurora tragó saliva lentamente.

Por primera vez sintió miedo de seguir escuchando.

Pero no pudo moverse.

—No metas a Aurora en esto —murmuró Alexander con cansancio.

—¿Por qué no? Si al final ella también va a terminar hecha pedazos.

Esas palabras le atravesaron el pecho.

Aurora apretó los libros contra ella intentando respirar con normalidad.

—No voy a lastimarla.

—Eso mismo pensaste con las demás.

Silencio.

Uno horrible.

El tipo de silencio que dice demasiado incluso cuando nadie habla.

Aurora sintió cómo algo dentro de ella empezaba a romperse lentamente.

Porque por primera vez se preguntó algo que nunca había querido admitir:

¿Y si Leo tenía razón?

Alexander pasó una mano por su cabello, frustrado.

—Tú no entiendes nada.

Leo soltó una risa amarga.

—No, Alexander. El problema es que sí te entiendo.
Siempre te enamoras más de la idea de que alguien te necesite... que de la persona en sí.

Aurora sintió que le faltaba el aire.

Cada palabra parecía arrancarle una venda distinta de los ojos.

Pensó en todas las veces que Alexander aparecía justo cuando ella intentaba alejarse.
En cómo siempre sabía qué decir para hacerla quedarse.
En la manera en que la miraba cuando otro chico se acercaba a ella.

Y por primera vez, todo dejó de sentirse romántico.

Ahora solo dolía.

—Ella no es un juego para mí —dijo Alexander esta vez más bajo.

Leo lo observó unos segundos antes de responder.

—Entonces deja de tratarla como uno.

Aurora sintió las lágrimas arderle inmediatamente.

Porque una parte de ella quería salir y escuchar a Alexander defenderla.
Quería que negara todo.
Que dijera algo capaz de arreglar el desastre que acababa de abrirse dentro de ella.

Pero Alexander volvió a quedarse callado.

Y esa fue la peor parte.

El viento movió suavemente las hojas del jardín mientras Aurora retrocedía lentamente, intentando no hacer ruido.

El pecho le dolía tanto que casi parecía físico.

De pronto entendió algo aterrador:

Alexander sí la quería.

Pero quizá la quería de la forma equivocada.

Como alguien quiere algo que teme perder.
Como alguien que necesita sentirse elegido.
Como alguien incapaz de amar sin destruir un poco en el proceso.

Aurora sintió una lágrima deslizarse por su mejilla mientras seguía alejándose.

Y aunque todavía lo quería...

Por primera vez comenzó a preguntarse si amar a Alexander significaba desaparecer lentamente dentro de él.




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