Todo lo que nunca pasó

Capítulo 20

Aurora lo encontró detrás del gimnasio después de clases, justo donde casi nadie iba a esa hora. El cielo estaba gris y el viento movía lentamente las hojas secas del patio. Todo se sentía extraño, como si incluso el colegio supiera que algo estaba por romperse.

Alexander estaba apoyado contra la pared, mirando su celular. Cuando la vio acercarse, guardó el teléfono inmediatamente y sonrió apenas.

Esa sonrisa.

La misma que meses atrás había logrado desordenarle la vida entera.

Aurora sintió el pecho apretarse, pero esta vez no iba a retroceder.

—Tenemos que hablar.

Alexander levantó una ceja, tranquilo.

—Eso nunca suena bien.

Ella respiró hondo.

Las manos le temblaban aunque intentaba esconderlo.

—Quiero terminar con esto.

Por primera vez, la sonrisa de Alexander desapareció un poco.

No completamente.
Solo lo suficiente para que ella lo notara.

—¿"Esto"? —repitió él lentamente.

—Tú y yo.

El silencio cayó entre ambos.

Aurora sentía el corazón latiéndole tan fuerte que dolía.

Alexander desvió la mirada unos segundos y luego volvió a verla con esa calma peligrosa que siempre la hacía dudar de sí misma.

—¿Y ahora sí decidiste alejarte?

Ella tragó saliva.

—No quiero seguir sintiéndome así.

—¿Así cómo?

Aurora soltó una pequeña risa nerviosa.

—Como si siempre estuviera esperando que me rompas el corazón.

La expresión de Alexander cambió apenas.

Algo pequeño.
Casi imperceptible.

Pero ella lo vio.

—Aurora...

—No. Escúchame tú ahora.

Su voz se quebró un poco al decirlo, pero continuó igual.

—Yo te creí. Cada vez que me mirabas así... cada vez que aparecías justo cuando intentaba olvidarte... yo te creí.

Alexander la observaba en silencio.

Y eso la hizo doler más.

—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó ella con los ojos húmedos—. Que aun sabiendo todo... aun escuchando lo que Leo dijo... sigo queriéndote.

El viento pasó entre ellos levantando algunas hojas del suelo.

Alexander bajó lentamente la mirada hacia ella.

—Porque lo que siento por ti no es mentira.

Aurora sintió el pecho romperse un poco más.

Porque quería creerle.
Todavía quería hacerlo.

Y esa era justamente su tragedia.

Alexander se acercó un paso.

—Tú crees que todo fue un juego para mí, pero no entiendes nada.

—Entonces explícame —susurró ella—. Porque estoy cansada de intentar adivinar qué significo para ti.

Él pasó una mano por su cabello, frustrado.

Por primera vez parecía incómodo de verdad.

—Nunca planeé que esto pasara contigo.

Aurora soltó una risa triste.

—Eso no mejora nada, Alexander.

Él se acercó un poco más esta vez.

Lo suficiente para que ella pudiera sentir el calor de su cuerpo y ese perfume que todavía le revolvía el corazón.

—Claro que lo cambia —dijo en voz baja—. Porque contigo fue diferente.

Aurora sintió lágrimas bajar por sus mejillas.

Odiaba que incluso ahora él siguiera teniendo ese efecto sobre ella.

—Siempre dices las cosas correctas cuando sientes que me estás perdiendo.

Alexander se quedó callado.

Y ese silencio confirmó más cosas de las que ella quería aceptar.

Aurora respiró temblorosamente antes de retroceder un paso.

—Yo no quería enamorarme así.

Alexander levantó la mirada rápidamente.

—¿Así cómo?

Ella sonrió con tristeza.

—Como si quererte significara olvidarme de mí misma.

Las palabras parecieron golpearlo por primera vez.

De verdad.

Alexander abrió la boca para decir algo, pero Aurora negó lentamente con la cabeza.

Porque si él hablaba otra vez...
si volvía a mirarla de esa manera...
ella iba a quedarse.

Y estaba empezando a entender que quedarse también podía destruirla.




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