Casi por la mitad de hojas de la libreta azul, existe aún un poema en agradecimiento a la valiosa amistad de Mike. Mi primer mejor amigo hombre y mi mayor consuelo. Me enseñó a entender que como mujer uno debía tener grandes expectativas aún cuando su relación con Lía duró exactamente 24 horas y todavía años después no podían verse ni en pintura.
Lía decía que Mike era "emocionalmente inestable".
Mike decía que Lía era "un huracán con delineador".
Y Aurora, atrapada entre ambos, había aprendido a convivir con sus discusiones absurdas.
Sin embargo, Mike siempre aparecía cuando más lo necesitaba.
Cuando Alexander desaparecía por días.
Cuando las dudas comenzaban a consumirla.
Cuando sentía que ya no reconocía a la chica que era antes de enamorarse.
Mike y Lía estaban ahí.
Sentados junto a ella en las gradas del gimnasio mientras fingían prestar atención a un partido.
Esperándola afuera del salón con dulces baratos.
Escuchándola hablar de Alexander incluso cuando claramente querían golpearlo.
—No entiendo cómo puedes seguir enamorada de alguien tan complicado —murmuró Mike una tarde.
Aurora sonrió débilmente.
—Yo tampoco.
Y quizás esa era la parte más triste.
Aurora ya no sabía distinguir cuándo Alexander la hacía feliz y cuándo simplemente la hacía dependiente. Porque Alexander tenía esa forma peligrosa de mantenerla cerca incluso cuando parecía estar alejándose.
Una mirada.
Un mensaje a medianoche.
Un "te extraño" susurrado en el momento exacto.
Lo suficiente para mantener viva la esperanza.
Pero también estaban las otras chicas.
Las miradas largas en los pasillos.
Los rumores.
Los nombres nuevos apareciendo constantemente alrededor suyo.
Aurora fingía no escuchar.
Porque aceptar la verdad significaba destruir la fantasía que había construido durante años.
Mike sí lo notaba.
Notaba cómo Alexander coqueteaba con otras chicas aun teniendo a Aurora tomada de la mano.
Cómo desaparecía cuando se aburría y regresaba justo antes de perderla por completo.
Como si Aurora fuera un ancla.
Su lugar seguro.
La persona que siempre iba a esperarlo sin importar cuánto daño hiciera.
Y Alexander lo sabía.
Eso era lo peor.
—Él no te ama como tú quisieras que él lo haga —dijo Mike una noche mientras caminaban de regreso a casa después de una fiesta.
Aurora sintió un nudo formarse en la garganta.
—No digas más.
Mike la miró con tristeza.
—Aurora... un chico enamorado no mira a otras personas mientras te besa a ti.
El silencio entre ambos fue devastador.
Porque Aurora recordó inmediatamente a la chica de cabello castaño de la fiesta anterior.
La forma en que Alexander no dejó de observarla aun cuando tenía la mano de Aurora entrelazada con la suya.
Y aun así ella permaneció ahí.
Siempre ahí.
Como si amar significara soportarlo todo.
Esa noche, al llegar a casa, Aurora abrió la libreta azul y escribió durante horas.
No escribió sobre amor.
Escribió sobre cansancio.
Sobre lo agotador que era intentar ser suficiente para alguien que siempre parecía necesitar algo más.
Y por primera vez desde que comenzó a escribir poemas sobre Alexander, Aurora dejó una página completamente vacía.
Porque incluso el dolor empezaba a quedarse sin palabras.
Editado: 02.06.2026