Todo lo que nunca pasó

Capítulo 24

Aurora siempre creyó que el amor debía sentirse intenso.

Como los poemas.

Como las canciones tristes.

Como quedarse despierta hasta las tres de la mañana pensando en alguien.

Nunca imaginó que también podía sentirse como perderse lentamente.

Porque amar demasiado a una persona equivocada no solo rompe el corazón.

También desgasta la autoestima.

La personalidad.

Y Aurora comenzó a notarlo en pequeños detalles.

Dejó de hablar tan fuerte como antes.

Dejó de discutir cuando algo le molestaba.

Empezó a medir sus palabras, sus reacciones, incluso la forma en que sonreía.

Como si todo en ella necesitara ser "menos" para que Alexander no se cansara.

Y eso la aterró.

No porque Alexander se lo pidiera directamente.

Sino porque enamorarse de él la llevó a competir silenciosamente con todo lo que la rodeaba.

Con las chicas que él miraba.

Con las historias que subía.

Con la facilidad que tenía para hacer sentir especial a cualquiera.

Aurora se estaba convirtiendo en alguien insegura, y lo peor era que aún lo amaba.

Una tarde, mientras ella y Lía caminaban de regreso a casa después de clases, el tema volvió a salir inevitablemente.

—Te ves cansada —dijo Lía observándola de reojo.

Aurora soltó una pequeña risa.

—Creo que ya estoy cansada de todo esto.

Lía guardó silencio unos segundos.

A diferencia del resto, ella sí recordaba cómo era Aurora antes de Alexander.

La chica obsesionada con sacar buenas notas.

La que hablaba demasiado rápido cuando se emocionaba.

La que hacía listas absurdas sobre cómo sería su futuro.

Ahora parecía vivir atrapada en una tristeza elegante que escondía demasiado bien.

—No me gusta cómo te estás apagando por él —murmuró Lía finalmente.

Aurora bajó la mirada.

—Lo siento.

Y esa fue probablemente la confesión más honesta que había hecho en meses.

Porque ya no estaba triste únicamente por Alexander.

Estaba triste por ella misma.

Por la versión de Aurora que dejó de existir mientras intentaba sostener algo que lentamente la rompía.

Alexander seguía apareciendo y desapareciendo de su vida como una tormenta conocida.

Había días en los que la hacía sentir única.

Irremplazable.

Especial.

Y otros donde parecía mirar el mundo entero excepto a ella.

Aurora comenzó a entender algo doloroso:

Alexander sí la quería pero no de la manera correcta.

La quería cerca.

Disponible.

Constante.

La quería como quien necesita saber que siempre existe un lugar al cual volver.

Pero el amor no debería sentirse como esperar eternamente a que alguien decida escogerte por completo.

Esa noche, Aurora abrió la libreta azul después de semanas sin escribir.

Pensó en hacer otro poema sobre Alexander. Pero no lo hizo.

En cambio, escribió algo mucho más simple:

"Extraño a la persona que era antes de enamorarme de ti."

Y al terminar de escribirlo, Aurora comprendió algo que la asustó profundamente: quizás el final de ellos había comenzado mucho antes de que cualquiera de los dos quisiera aceptarlo.




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