Primeramente, agradezco a Dios por permitirme llegar hasta aquí. Aún cuando en ciertos altibajos de mi vida no sabía qué camino tomar. A mi familia, por creer en mí cuando ni yo misma sabía ordenar todo lo que sentía en palabras. A las personas que hicieron de mi adolescencia una etapa digna de recordar, incluso en medio del caos, la tristeza y las emociones intensas que parecen eternas a esa edad. A quienes estuvieron durante mis versiones más sensibles, más rotas y más soñadoras.
Gracias a todos los que alguna vez me inspiraron a escribir, incluso sin saberlo.
Editado: 02.06.2026