Todavía podía sentir el eco de su respuesta insolente grabada en la piel. «A lo mejor es solo estática por la alfombra, Blake». Había pasado toda la tarde anterior y la mañana de hoy con esa maldita frase dándome vueltas en la cabeza, repitiéndome que Jo Hart era una criatura peligrosa que no iba a dejarse domar tan fácil. Me jodidamente encantaba el desafío, sobre todo después de ver la chispa de fuego en sus ojos dispares.
Estábamos cruzando las puertas dobles del instituto, entrando al vestíbulo principal. Jo caminaba un paso por delante de mí, adoptando otra vez su postura rígida y esa distancia fingida que utilizaba como escudo frente a los demás. Yo avanzaba con la mochila al hombro, todavía con el cuerpo caliente por el entrenamiento matutino, cuando una voz con demasiada autoridad nos cortó el paso.
—¡Noah! Qué bueno que te encuentro, hijo. Justo el chico que necesitaba.
El director Reynolds se interpuso en nuestro camino con una sonrisa corporativa. A su lado, apoyado contra los casilleros con una postura que desbordaba una confianza casi insultante, había un tipo que nunca antes había visto en Blackwood.
—Director —saludé, recomponiendo mi fachada del Chico de Oro en un parpadeo—. ¿En qué puedo ayudarle?
—Como eres el presidente del consejo y el capitán, siempre confío en ti para estas cosas —dijo Reynolds, dándome una palmada condescendiente en el hombro—. Él es Liam, un nuevo alumno de intercambio que se incorpora a tu misma clase desde hoy. Liam, él es Noah Blake. Nuestro orgullo en Blackwood High. Espero que lo ayudes a integrarse, le enseñes el campus y le guíes en lo que necesite estas semanas.
Liam dio un paso al frente, apartándose del casillero. Tenía el cabello castaño e informal, una chaqueta de cuero desgastada y una sonrisa de lado que me cayó como una patada en el estómago desde el primer segundo.
—Un placer, Blake. He oído hablar de ti —dijo, extendiendo la mano.
Le sostuve el apretón con una firmeza calculada, una demostración silenciosa de quién mandaba en este maldito edificio, pero Liam ni pestañeó. De hecho, su atención no duró ni dos segundos en mí.
Sus ojos, oscuros y curiosos, se desviaron de inmediato por encima de mi hombro. Se clavaron directamente en Jo, que se había quedado estática un par de pasos atrás, intentando camuflarse con la pared.
Vi el momento exacto en que la mirada de Liam cambió. No la miró como los demás idiotas del instituto, que la señalaban o se burlaban de su heterocromía. La miró con un interés repentino, descarado y rapaz. Sus ojos recorrieron su rostro con una lentitud que me encendió la sangre, deteniéndose de forma obvia en sus ojos, el verde y el marrón.
—Vaya —murmuró Liam, y su sonrisa se volvió mucho más real, más peligrosa—. No me habían dicho que las guías de Blackwood eran tan interesantes. Hola.
El pulso se me aceleró por completo. Iba a dar un paso al frente para borrarle la sonrisa de la cara, pero el director Reynolds se me adelantó, interrumpiendo el momento con su habitual tono despistado.
—Oh, no, Liam. Ella no es ninguna guía —explicó el director, haciendo un gesto vago con la mano—. Ella es solo la hermana de Noah. Su familia acaba de mudarse junta.
Liam arqueó una ceja, asimilando la información sin perder un ápice de esa confianza descarada que me estaba revuelta el estómago. Dio un paso largo, ignorándome por completo, y se paró justo frente a ella. Le extendió la mano con una caballerosidad que me pareció patética y falsa.
—¿Tiene nombre la hermana de Noah? —preguntó, clavando sus ojos oscuros en los de ella, desafiando el vacío social que rodeaba a Jo en este colegio.
Jo parpadeó, completamente descolocada por la atención directa. Un leve tinte rosado comenzó a teñir sus mejillas lavadas, y por un segundo, temí que se encogiera. Pero no lo hizo. Estiró la mano y aceptó el agarre de Liam.
—Soy Josephine —se presentó, forzando una voz firme que me tensó la mandíbula—. Pero todos me dicen Josie.
—Un gusto, Josephine —respondió Liam, suavizando el tono, arrastrando las sílabas de su nombre como si estuviéramos en una maldita película romántica. No le soltó la mano de inmediato; dejó que el contacto durara un segundo más de lo necesario.
Sentí una furia territorial tan ciega y corrosiva que tuve que enterrar las uñas en las palmas de mis manos para no estamparlo contra los casilleros. Quería matarlo. Quería moler a golpes a este nuevo. ¿Quién demonios se creía que era para llegar a Blackwood, ignorar las jerarquías y tocar lo único que me pertenecía en secreto?
Jo pareció notar la tensión nuclear que amenazaba con reventar el pasillo. Soltó su mano con un movimiento rápido, reajustando la correa de su mochila sobre el hombro.
—Tengo... tengo que irme. Llego tarde a literatura —se despidió a toda prisa, dedicándole una última mirada confusa a Liam antes de dar la vuelta y caminar rápido por el pasillo, dejándonos atrás.
Liam la vio alejarse con una sonrisa de absoluta suficiencia, antes de girarse hacia mí y dedicarme una última mirada cargada de diversión. Se guardó las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero y avanzó en la misma dirección que ella hacia el aula.
Me quedé estático en mitad del pasillo, con la respiración contenida y la sangre hirviéndome bajo la piel. El director Reynolds se marchó conforme, ajeno a todo. Toda la diversión de ayer en la biblioteca se había esfumado. El gigante dormido no solo estaba despierto; ahora estaba listo para destruir a cualquiera que se interpusiera en su camino.