Todo lo que pudimos ser.

Capitulo 3: La audición Parte 2.

Maeve:

- ¡Maeve Laurent! Al centro del escenario.

Es lo que escucho el resto del día, ya que no solamente tendría que audicionar para ballet, si no para jazz, danza contemporánea y danza moderna. Y para finalizar tendría que hacer una audición donde combinara todas.

Y esa es precisamente la que más nervios me daba.

Es la que definía TODO.

Con pasos decididos me fui adentrando en el escenario, mi respiración acelerada se podría escuchar por todo el lugar, casi podía jurar que hasta mis acelerados latidos también.

De un momento a otro “Demons” comienza a sonar por los altavoces.

El sonido de la guitarra es casi imperceptible, pero se cuela en mis nervios. No puedo dejar de pensar en cada paso, cada movimiento, en cada gesto que podría estar mal, que podría ser un error. Mi cuerpo se siente rígido, como si cada musculo estuviera peleando conmigo misma.

¿Será demasiado exagerado? La mirada de los jueces me perfora desde sus asientos. Los otros aspirantes lo hicieron excelente, se movían con demasiada facilidad y sus cuerpos fluían con la música ¿Por qué yo no puedo hacerlo?... Siento que mis pies estuvieran de más, como si mi cara estuviera haciendo expresiones forzadas, cada movimiento parece un esfuerzo ¿lo estaré haciendo bien?

A medida que avanzo los nervios se hacen cada vez mas fuertes, un sudor frio me recorre la espalda. Un paso atrás, un giro que no siento. En mi cabeza, las dudas estallan en cada esquina ¿seré lo suficientemente buena? La música se convierte en un leve zumbido.

Entonces, de repente, las palabras vuelven a mi mente, esas palabras que no me esperaba escuchar esa mañana

“Don’t get too close, it’s dark inside. It's where my demons hide.”

El peso de la frase cae en mi pecho, y con ella, algo dentro de mí se detiene. Es como si todo lo que pensaba hubiera desaparecido en ese segundo. Mi respiración se calma, mi mente se aclara, y mis músculos se comienzan a relajar.

El miedo comienza a disolverse, los movimientos comienzan a fluir, los saltos, los giros comienzan a ser uno solo. La coreografía es un susurro, un espacio entre los latidos de mi corazón y el ritmo de la música, me transporto a otro lugar. Y entonces sin pensarlo estoy bailando, sin miedos, sin dudas, sin ataduras.

Solo soy yo y la música.

Mis pasos son ligeros, suaves, casi como si estuviera flotando, como si el viento los guiara.

No hay prisas, solo el momento.

El escenario se convierte en una extensión de mí misma.

Al final, mis pies se detienen... El silencio llena la sala. Pero las dudas regresan con el aire, y mi respiración se acelera de nuevo. ¿Lo hice bien? ¿Lo suficiente para ellos?

Mientras iba de regreso a los vestidores, una voz me detiene.

-Guapa, bailaste muy bien. Deberíamos bailar juntos ¿Qué te parece?

-Disculpa, ¿me hablas a mí? -pregunte sintiéndome tonta.

-Claro, soy Tristán y muero por ser tu pareja. Seriamos perfectos juntos -dijo con una sonrisa arrogante.

- Bueno Tristán, yo soy Maeve y me tengo que ir.

- No me digas que vas a dejarme bailar con alguien más. Eso sería un crimen.

- ya veremos. -respondí, dándole una media sonrisa.

Habían pasado 3 años desde ese momento y estábamos lejos de ser la pareja perfecta.

Qué ingenua era… Pensé que bailar con él sería suficiente para hacerlo encajar en mi vida. Ahora, tres años después, ni siquiera sé cómo llegamos hasta aquí.




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