Capítulo 5: Conexiones.
Maeve:
“A demostrarte lo maravillosa que eres.”
No lograba sacarme esa frase de la cabeza, mientras era arrastrada por Damon, lo único que podía sentir era su fuerte mano agarrando la mía, sin darme tiempo de cuestionarlo. Sentía la adrenalina recorriéndome, una mezcla entre expectación y nerviosismo. No sabía que planeaba, pero había algo en su determinación que me hacía querer seguirle el ritmo, aunque mi mente gritara lo contrario.
- ¿A dónde vamos? -pregunté, intentando sonar firme, pero mi voz apenas fue un susurro.
Damon solo sonrió, esa media sonrisa que siempre parecía guardar un secreto.
-Ya verás.
Las luces frías del pasillo dieron paso a la cálida penumbra del teatro. Damon empujo suavemente la puerta y el aire cambio automáticamente. Era un espacio silencioso, casi sagrado, donde cada tabla del escenario contaba una historia distinta.
Me quede quieta al reconocer el lugar.
Mi audición.
Ese fue el momento donde todo cambio.
- ¿Qué hacemos aquí? -logre preguntar apenas en un susurro.
Damon me observo con una media sonrisa y se encogió de hombros.
-Para que recordarte quién eres.
- ¿Ah, sí? Y ¿Cómo lo haremos? -pregunte medio en broma e intrigada.
Me dirigió al centro del escenario y se sentó en la orilla, como si estuviera listo para verme actuar.
-Damon…
- ¿sí?
-No estoy de humor para esto.
-Claro que si – respondió sin dudar – solo necesitas un pequeño empujoncito, dale no seas gruñona.
Me crucé de brazos, retándolo en silencio. Él sonrió con ese aire despreocupado que tanto me irritaba y a la vez me cautivaba.
-Te propongo algo Maeve.
- ¿Qué?
-Que, por una vez, te dejes llevar, que olvides todo lo que esta afuera de este teatro y vivas el aquí, el ahora… ¿Puedes con eso?
- Creo que sí, pero ¿Cómo lo haremos?
- Imaginemos algo – propuso levantándose- imaginemos que estas en una escena… una historia de amor.
Rodé los ojos.
-Que original.
-No me interrumpas, Laurent.
Se detuvo a pocos pasos de mí. No demasiado cerca, pero si lo suficiente para ser consciente de su aroma ¿Qué perfume usaba este chico? Definitivamente tenía que averiguarlo.
-Entonces eres una chica que ha estado evitando a alguien durante mucho tiempo – su voz bajo apenas un poco, obligándome a escucharlo con más atención- pero esta noche… esta noche él finalmente la encuentra.
- ¿Y qué hago?
Damon sonrió.
-Eso depende de ti, Maeve.
Trague en seco, al principio todo fue torpe, no sabía que hacer, pero a medida que iba pasando me iba sintiendo más cómoda, todo era un juego, un simple juego que comenzó a tornarse más serio. Intercambiábamos diálogos improvisados, con el completamente metido en su papel de príncipe en busca de su doncella. Estaba expectante, listo para contratacar en cualquier momento.
-Sabes que siempre estuve aquí… siempre he estado aquí- dijo, con su voz teñida de algo más profundo.
-No tenía por qué buscarte --replique.
El inclino la cabeza, fingiendo estudiarme.
-Entonces, ¿porque no dejas de mirarme?
- ¿Quién dijo que lo miraba a usted?
-Usted es muy mala mintiendo señorita, ¿Por qué no mejor me dice la verdad?
No sé en qué momento, como, cuando, pero terminamos los dos muy cerca, el me agarraba por la cintura, nuestros ojos conectaron y todo a mi alrededor dejo de existir, no podía apartar mi mirada de él.
-La verdad es que tiene una mirada muy dulce y cautivadora, Señor.
Damon no respondió.
Mi pecho subía y bajaba rápidamente. Sentía su mirada fija en la mía, como si intentara ver más allá de lo que me atrevía a mostrarle.
¿En qué momento dejamos de actuar?
Pero entonces, sin previo aviso, el aire entre nosotros cambio.
Damon tomo mi mano y me dio un suave tirón.
-Las mejores escenas no siempre se actúan con palabras, si no con el corazón.
Y en ese preciso instante fui consciente que sonaba “You found me” desde el sistema de audio, mi cuerpo reacciono antes que mi mente, deje que me guiara en un giro improvisado y cuando termine frente a él, todo tuvo sentido.
“Lost and insecure, you found me, you found me”.
Mi corazón golpeo con fuerza.
El juego se convirtió en algo más.
La música marcaba un ritmo entre nosotros, una danza silenciosa donde no teníamos pasos definidos, pero que, de alguna forma, lográbamos acoplarnos, como si nos conociéramos de toda la vida, como si hubiésemos bailado siempre juntos.