Capítulo 8. ¿Se acabo?
No pude dormir en toda la noche pensando en el mensaje de Tristán.
“Tenemos que hablar”
¿Qué significaba?
¿Se había dado cuenta que nuestra relación estaba de mal en peor?
¿Quería terminar?
¿Me había engañado?
No, esa definitivamente no era. El no haría tal cosa… ¿o sí?
Las horas se hicieron eternas. Mi mente no dejaba de dar vueltas sobre lo que podía significar esa frase. Cuando finalmente llego la tarde, sentí que me faltaba el aire. Respire hondo antes de encontrarme con él.
Tristán me esperaba en la puerta del estudio de danza. Apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. No parecía nervioso, no parecía triste… solo molesto.
- ¿Vamos a dar una vuelta? ¿Quizás al parque? Así hablamos más tranquilos – le pregunte mientras intentaba darle un beso, pero me corrió la cara, todas las alarmas se dispararon en mi mente.
- Como quieras.
Dio media vuelta y comenzó a caminar, al comienzo todo era tenso, nuestra conversación era torpe y sin muchos ánimos, pero a medida que avanzábamos comenzaba a ser como antes, donde ninguno de los dos podía parar de hablar, de compartir su opinión, era casi como antes, salvo que aun podía notar lo enojado que se encontraba. así que decidí cometer el primer error del día y preguntarle qué pasaba.
- ¿Qué pasa, Tristán? Te noto raro- pregunte, cruzándome de brazos, intentando prepararme para lo que fuera que viniera.
-Eso me gustaría saber yo -respondió el con tono seco - ¿Por qué te fuiste así ayer?
- Porque me di cuenta de algo – dije con firmeza – De que necesitaba que estuvieras ahí, que me apoyaras, pero no lo hiciste.
El respiro con fastidio.
- ¿Otra vez con eso? Maeve, no puedo estar siempre detrás de ti, sabes perfectamente que tengo mis tiempos, mis entrenamientos.
- No te pedí que estuvieras detrás de mí, solo que estuvieras. Que me vieras, que te importara. Pero como siempre tú eres más importante que yo, que tu carrera es primero y después lo demás… ¿te has dado cuenta de que ya ni siquiera pasamos tiempo juntos.?
- Eso no es verdad.
-Si lo es – mi voz tembló, pero no baje la mirada- Dime, ¿Cuándo fue la última vez que salimos? ¿Qué vimos una película? Cuando solo éramos nosotros, sin discusiones, sin reclamos, sin esta estúpida competencia… cuando realmente disfrutábamos de estar juntos.
Tristán no respondió.
-Exacto -susurre- ya no estamos ahí.
-Siempre con lo mismo -se pasó una mano por el cabello con frustración – No sé qué más quieres de mí, Maeve.
- Que me veas – mi voz sonó más dura de lo que esperaba- Que me escuches, que entiendas de lo que te estoy hablando, que me siento sola a tu lado.
- Y lo hago, solo que… ahg eres tan exasperante, te juro que lo hago Maeve, pero realmente pides cosas sin sentido, no es mi culpa que no seas lo suficientemente buena y que te comparen conmigo, si eso es lo que tanto te molesta.
Hubo un pequeño silencio por mi parte, no sabía que me golpeaba más, su forma hiriente de decirme las cosas o lo considerara.
- Nadie ha dicho que sea tu culpa, solo quiero que dejen de hacerme sentir que soy tu sombra.
Tristán soltó una risa amarga y negó con la cabeza.
- ¡Dios, Maeve! ¿Que yo te hago sentir tu sombra? —su voz se llenó de burla—. Es que lo eres. Eres la sombra de todos.
Mi cuerpo entero temblaba, podía sentir el latir de mi corazón retumbar, sentía mi cara caliente de la rabia que estaba experimentando, Tristán estaba cruzando todos los límites.
-Realmente cansa escuchar una y otra vez tu tonto discurso… me cansa escucharlo, me cansa leerlo, te juro que ya estoy harto Maeve.
-Perdón por cansarte. Perdón por pedir algo tan simple. Perdón por ser lo suficientemente estúpida como para creer que importaba. Perdón por dejar que las comparaciones y las dudas me carcomieran todos estos años. Perdón por pensar que aún me querías lo suficiente como para detenerte antes de hacerme daño. Pero claro... estoy esperando demasiado de alguien que me ocultó durante tres meses que hablaba con otra.
-Y volvemos al pasado – Tristán estaba rojo de la rabia- ¿No que lo habíamos superado? ¿No que todo estaba bien? -gritó - Sí, quería experimentar. Quía saber qué se sentía estar con alguien que realmente entendiera mis decisiones.
El mundo se detuvo.
Sentí como si me hubieran golpeado en el pecho.
- ¿Perdón? – susurre
Tristán no se retractó.
-Ya basta, Maeve. Sigues atormentándote con algo que ni siquiera paso de esa forma. Lo superaste ¿no?
Ahí estaba. La herida que nunca había cerrado.
Sentí un nudo en la garganta. Me quede en silencio, pero mi mente gritaba. Claro que no lo había superado. Claro que me dolía. Yo fui la que intento seguir adelante, la que fingió que todo estaba bien, la que acepto que él nunca se disculpó como debía.