Capítulo 11: Volar.
Maeve.
Me acostumbré a vivir detrás de la sombra de los demás. Y una vez que alguien ve mis colores, no le creo. Sigo intentando esconderlos por la simple costumbre. La costumbre de no enfadar a los demás. Me da terror que alguien más lo vea. Me da terror que alguien más lo use a su favor y lo quiera destruir. O peor, que se enoje.
¿Pero por qué me importa tanto?
La respuesta es simple. Porque tampoco quiero convertirme en su sombra.
Pero Damon lo vio. Y le gustó. Vio más allá. Vio mis múltiples colores. Y fue eligiendo pincel con pincel para pintar nuestra próxima danza. Y eso... eso lo hace único.
Me apoyé en su pecho, cerré los ojos y sentí su respiración acompasada con la mía. Cómo un simple contacto podía sentirse tan bien, tan seguro, era algo que no lograba comprender del todo. Si bien éramos cercanos, nunca lo había sentido tan íntimo hasta ese momento. Damon estaba ahí, firme, sosteniéndome en silencio, como si supiera que lo único que necesitaba era existir en ese instante.
Su calor me envolvía, y por primera vez en mucho tiempo no sentí miedo de soltarme, de caer. Me descubrí escuchando el latido de su corazón, fuerte y constante, como un recordatorio de que todavía había algo por lo que valía la pena luchar.
Por primera vez en mucho tiempo me sentí plena, completa, como si fuera imparable. No me importaban las comparaciones, no me importaban las miradas. Todo lo que me pesaba desapareció, y de pronto comprendí lo que significaba volar. Y lo hacía con él, con Damon, que se convirtió en el único capaz de mostrarme que detrás de las sombras había un mundo lleno de luz esperándome.
El día transcurrió de clase en clase y en cada una de ellas, los profesores se daban cuenta del cambio en mí.
Pero el momento que fue mas notorio fue cuando nos hicieron improvisar.
Me encontraba en la esquina de la sala esperando que fuera mi turno, dando pequeños brincos en mi lugar para eliminar todo resquicio de ansiedad, estas clases no solían ser mi fuerte, no solía dejarme fluir, en el otro extremo se encontraba Tristán y Theo, ellos dos se habían hecho inseparables después de las audiciones, aunque Theo fuera un año mayor que nosotros, pero compartíamos varias clases.
Tristán tenia una mirada de superioridad e intimidante, como si supiera que, para él, esta clase fuera pan comido.
Le hizo un gesto a su compañero y con esa sonrisa característica de el se posiciono en el centro.
Esto me hizo acordar a todas las veces que nos quedábamos hasta tarde bailando e improvisando hace unos años atrás, esa misma sonrisa siempre me regalaba a mí.
Flasback:
No recuerdo el día, no recuerdo si estaba lloviendo o soleado, solo se que se acercaban los exámenes finales del primer año. Con Damon nos hicimos muy buenos amigos y era tanta la conexión que nos habían otorgado hacer un dúo en la muestra final, ya que éramos los mejores de ese año.
-Maeve mueve ese cuerpecito y déjate guiar por mí.
-Tristán ya es tarde, mejor vámonos, estoy cansada, llevamos todo el día aquí.
-Maeve, tenemos que mejorar la ultima parte, nos sale horrible.
- No nos sale mal, solo tenemos que coordinar el tiempo entre el Grand Jéte y el giro.
- Una ultima vez. ¿siii?
Me miro haciendo un puchero y caí, si me miraba de esa forma no podía que decirle que no, Tristán me gustaba, pero tenía miedo de arruinar todo con él, así que olvidándome de lo cansada que me sentía, me posicioné para ensayar una vez más.
Al terminar Tristán tenía una de las sonrisas mas grandes de todas y yo solo podía mirarlo embelesada, nunca había visto una tan linda y llena de orgullo.
De un momento a otro me tenia agarradas de las caderas y me estaba dando un beso.
Después de eso, nos hicimos novios y momentos como ese eran escasos.
Pensé que me estaba dando una promesa, cuando en realidad me estaba poniendo una correa. Ahora que Damon me había mostrado que mis colores no eran una amenaza, sino un regalo, esa vieja sonrisa de Tristán se sentía como una jaula.
La voz de la profesora me saco de mis pensamientos ya que se había formado un tenso silencio.