Todo lo que pudimos ser.

Capítulo 17: Romeo y Julieta.

Damon.

Finalmente, el día había llegado.

Después de dos días intensos, donde lo único que hicimos con Maeve fue ensayar, ensayar y ensayar.

Prácticamente ni dormíamos ni comíamos.

Todo en lo que podíamos pensar era en la audición.

Y en verdad me servía porque ensayaba para escapar de lo que siento y a la vez para dejar de confundirme.

Pero que idiota al pensar eso.

Porque quería escapar de mi “GRAN PROBLEMA”, pero ¿cómo lo iba a hacer si tenía que estar horas y horas con Maeve?

Claramente no lo hacía más sencillo.

Lo complicaba mil veces más.

Porque ahora no solo la miraba de lejos.

Ahora me tocaba ver su otro lado, ese donde verla reír porque nos equivocábamos en una tontera o porque ella siempre cambiaba una palabra en el mismo texto, verla enojada haciendo esa muequita con su boca y nariz me volvía loco, ciertamente, ella completamente me hacía querer estar encerrado en la misma sala de ensayo hasta que no hubieran más horas.

Se había convertido en mi habito favorito...y no tengo idea de cómo dejarlo.

Ver cómo nos acoplábamos bailando, aunque yo era un aficionado al lado de ella.

Porque esa Maeve perfeccionista, insegura y robótica ya no existía, ahora era pura pasión, armonía y efímera.

Hipnotizaba solo con verla y yo procuraba estar a su altura.

Pero donde no dejaba de sorprenderme era actuando.

Si bien contábamos con la ayuda de los ayudantes que era una regla de las audiciones, que ellos fueran nuestros pequeños “directores de escena”.

Maeve tenía un brillo, una presencia escénica única, una profundidad para conectar con los personajes que no se veía a menudo y eso la convertía en una compañera valiosa de escena.

Se que soy un idiota olímpico porque lo único que hago es pensar en cada vez que nuestras manos se unen y crean una sola, esa electricidad que me recorre, como nuestras respiraciones se entre mezclan, pero no pasa nada más porque prometí que no íbamos a terminar con un beso, así que me tengo que conformar con un simple abrazo.

¿Qué clase de novio soy?

Uno de mierda, claramente.

El solo hecho de pensar que estoy con luna y que tenemos que hablar, me pone de mal humor y es que ¿no puede todo ser más sencillo?

¡Claro que no! Si pareciera que atraigo lo complicado.

Y como si mis pensamientos la llamaran, aparece frente a mi y no muy amistosa.

- ¿Podemos hablar? -pregunta Luna, de brazos cruzados y el rostro serio.

-Ahora no puedo -digo, haciéndola enojar aún más.

- Entonces ¿Cuándo?, porque eso me dijiste hace dos días atrás, pero siempre hay algo más importante que yo– suspira y niega con la cabeza – Damon me dejaste plantada, ni siquiera me has contestado el teléfono estos días.

-Luna, he estado ocupado estos días ensa…­-me interrumpe.

-Si, si ensayando – dice con lo que creo es ironía - ¿Tan importante es ese “ensayo” que ni siquiera pudiste avisarme?

- Te dije que algo se presento y tu sabes lo importante que es para mí esta audición -suspiro, no quiero que arruine esto- Luna te juro que después hablamos de esto, pero ahora…

- ¿Es por ella? ¿Vas a ir a besarla después de lo que te conté? - soltó de repente, con una sonrisa amarga, inmediatamente me tensé, pero no pude replicar nada porque el profesor Díaz me interrumpió.

- Damon, hora de preparase – dijo, mientras aplaudía apurándome – Vamos, vamos muchacho, te espero en los camarines.

- ¿Damon? – luna me iba agarrar la mano, pero no se lo permití, di un paso atrás.

- Luego hablamos.

Di media vuelta y me fui, se que gritaba mi nombre, pero ni un solo segundo me di la vuelta, tenia que concentrarme en la audición, una vez cruzara esa puerta tenia que olvidarme de todo lo de afuera y eso significaba olvidarme de luna.

Pero lo que no esperaba era encontrarme a una Maeve escondida mirando por la puerta, eso me puso en alerta.

- ¿Ahora eres espía? – dio un pequeño saltito, que causo que me reía de ella.

- ¡Ay! Tonto, me asustaste – abrió la puerta completamente para que pudiera pasar – y no, no lo soy.

- Entonces ¿Qué hacías detrás de la puerta?

- Estaba buscándote.

- ¿Solo eso? – la mire fijamente y asintió con la cabeza, se que no escucho nada porque ahora mismo estaría haciéndome mil preguntas.

No me había detenido a mirarla, pero en el preciso instante que lo hice no podía negar lo hermosa que se veía, Maeve de por si era preciosa, pero hoy con su vestido de corset rosado, sus zapatillas de ballet y las flores que traía en el pelo que formaban un corazón con la trenza que se hizo, pero lo que mas me llamaba la atención eran esos labios rojos.

No se cuanto rato me quede mirándola, pero tenía un leve sonrojo. Le iba a decir lo hermosa que se veía, pero llego el profesor Diaz.




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