Todo por ti, nada por mí

Capítulo 18: El nuevo imperio

Perspectiva de la escena

El regreso de Mark Galkin a la capital fue el acontecimiento del año en el mundo empresarial de Moscú. Los rumores de que el implacable magnate del armamento había dejado abandonada la firma por varios días para perderse en una provincia lejana habían desatado un caos controlado. Sin embargo, el lunes por la mañana, cuando las puertas de cristal de Industrias Galkin se abrieron de golpe, todo el personal corporativo se quedó sin aliento.

Mark no entró solo, ni con su habitual temperamento duro y hostil. Sus imponentes 1.90 metros de estatura caminaban con una fijeza protectora al lado de una mujer que destilaba una pulcritud deslumbrante. Irina Kotov ya no vestía los uniformes oscuros y discretos de asistente ejecutiva; llevaba un elegante sastre de diseñador color rosa pastel que se ceñía a su silueta de 1.60 metros, y en su mano izquierda, un diamante impecable destellaba bajo las luces del vestíbulo.

Aleksei Galkin los esperaba en la recepción con los contratos de transporte en la mano, pero al ver la deidad de victoria en el rostro de su hermano mayor, supo de inmediato que el antiguo orden había muerto.

Irina

Caminar por los pasillos que durante años recorrí con prisas y carpetas de contabilidad, pero esta vez del brazo de Mark, provocó un vuelco salvaje de pura satisfacción en mi fuero interno. Los empleados nos miraban con absoluto asombro. Ya no era la mujer eficiente que resolvía las crisis desde la sombra; ahora era la dueña absoluta del lugar y de la cordura del hombre más poderoso del país.

Al llegar a la oficina principal, me detuve frente al que solía ser mi escritorio de asistente. Mark se giró hacia mí, ignorando a los varios ejecutivos que esperaban una firma autorizada, y fijó sus ojos grises en los míos con una devoción incontrolable.

—Ese escritorio se va de aquí hoy mismo, señora Galkina —mancilló Mark con su voz más ronca, y sus manos firmes tomaron mi cintura con una posesividad limpia ante la mirada de todos—. Tu nuevo lugar está dentro de mi despacho, en una mesa doble, al lado de la mía. Somos socios en la firma y en el mundo real.

Sonreí con una luz limpia, sintiendo que el síndrome de abstinencia del pasado se había transformado en una abundancia verídica.

—Me parece un contrato definitivo excelente, señor Galkin —siseé de forma pausada, permitiendo que él depositara un beso casto pero ardiente en mis labios, marcando su territorio frente a todo su imperio.

Mark

Ver a Irina ocupar su lugar con tanta elegancia disipó cualquier rastro de opacidad en mi pecho. Me pasé una mano por el cabello oscuro y miré a mi hermano Aleksei, quien continuaba estático con los informes contables.

—A partir de hoy, cada decisión, cada cargamento de armamento y cada movimiento de la firma pasa primero por la autorización de mi esposa —afirmé con un siseo gélido y tajante que no admitía réplicas corporativas—. Yo sigo siendo el brazo fuerte, pero ella es el eje central de este imperio.

Aleksei asintió con una limpia sonrisa de respeto, comprendiendo que mi transformación era total.

Cuando los ejecutivos se retiraron, cerré la gran puerta de madera de mi despacho y acorralé con delicadeza a Irina contra el ventanal que miraba a todo Moscú. Su anatomía lila y rosa contrastaba de forma hermosa con la frialdad de la ciudad. La tomé por la barbilla, obligándola a sostener la fijeza de mis ojos grises, maravillado por la pulcritud de su mirada.

—Me tomó arios años abrir los ojos, Irina —confesé con una urgencia crónica, uniendo nuestras frentes—. Fui un tonto arrogante, un inútil egoísta... pero pasé la prueba del campo y ahora sé lo que verdaderamente vale la pena. No hay riqueza en este mundo que se compare al olor de tu vainilla o a la paz de tenerte en mi anatomía cada noche. Eres mi vida real, y este imperio ahora es completamente tuyo.

Irina me abrazó por el cuello, y en ese abrazo definitivo, rodeados por el lujo de la capital pero con el corazón firmemente arraigado en las verdades de la provincia, supimos que nuestra historia de sumisión voluntaria había terminado para dar paso a un amor indomable, verídico y eterno.

Fin.

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