Todo por un juego y un romance

¿Enemigos o… algo más?

Al caer la noche, ninguno de los dos dijo una sola palabra.
El silencio, por primera vez desde que compartían habitación, se apoderó del lugar.

Alexander permanecía despierto, mirando el techo, con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Por más que lo intentaba, no lograba conciliar el sueño. Una idea regresaba una y otra vez, insistente.

Rayos… no puedo dormir— pensó.—No puedo dejar de pensar en si hice bien en defender a Lexi frente a Mario.

Giró levemente el rostro hacia la otra cama. Lexi dormía de espaldas, respirando con calma. Alexander frunció el ceño.

Fue una tontería— se dijo a sí mismo—No debería haberme metido. Defenderla no cambia nada.

Cerró los ojos con fuerza, como si así pudiera silenciar sus propios pensamientos.

Espero no tener que volver a hacer algo así— añadió mentalmente.—Mañana es un día importante. No puedo permitirme estar distraído… ni cansado.

Horas después, finalmente, el sueño lo venció.

A la mañana siguiente, los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana, llenando la habitación de una luz cálida y tranquila. Alexander abrió los ojos lentamente. Lexi ya estaba despierta, acomodándose el cabello frente al espejo.

Se arreglaron juntos, en silencio, para ir a desayunar.

Ninguno quería ser el primero en hablar.
Ninguno quería ceder, ni siquiera en eso.

—Se ve que hoy no nos dirigiremos la palabra —murmuró Alexander, más para sí mismo que para ella—. Mejor así… no pierdo el foco del duelo.

Lexi giró apenas la cabeza.

—¿Dijiste algo?

Alexander sonrió de lado.

—Nada importante.

Lexi se detuvo frente a él, mirándolo con seguridad desafiante.

—Será mejor que te concentres —dijo—. Nuestro duelo será esta tarde, después del almuerzo. Y no habrá espectadores.

Alexander levantó una ceja.

—¿Ya decidiste el horario de tu derrota?

—Como digas, hablador —replicó ella—. Solo no llegues tarde. Aunque todavía estás a tiempo de darme la victoria y ahorrarnos todo esto.

Alexander soltó una risa baja.

—Sigue soñando, princesa. Come bien hoy… porque voy a exigirte tanto que no te quedarán fuerzas ni para cenar.

Sin decir nada más, salió de la habitación rumbo al comedor.

Lexi terminó de arreglarse con movimientos mecánicos. Frente al espejo, su expresión se suavizó apenas un instante.

—¿Qué fue lo que pasó ayer…? —susurró para sí misma—. Fue tan extraño cómo enfrentó a Mario…

Se quedó en silencio unos segundos, sorprendida por el rumbo de sus pensamientos.

—¿Será que ese idiota… siente algo por mí?

Negó con la cabeza de inmediato, como si quisiera borrar la idea.

—No, por Dios, ¿qué estoy pensando? —se corrigió—. Él y yo somos enemigos. Rivales. No puede pasar nada entre nosotros.

Pero, aun así, la duda no desapareció del todo.

Al llegar al comedor se sentaron uno en frente del otro, manteniendo ese ensordecedor silencio, luego de unos momentos la profesora Smith se levantó de su asiento y pidió atención.

—jóvenes–dijo en voz alta—hoy sus actividades tendrán lugar en el observatorio, durante toda la tarde.

Lexi sonrió de un lado levemente y miro a su oponente de frente.

—perfecto—murmuro—tendremos toda la tarde para resolver nuestro asunto.

—muy bien—replico Alexander–aunque el juego ya tiene un ganador. Y no eres tú—sentencio.

—en cuanto terminen su desayuno nos iremos—continuo la profesora—Señorita Thompson y señor Thorne, tendrán todo el día para comportarse como se debe y poder llevarse mejor—aclaro la profesora Smith.

Ambos asintieron sin decir ni una palabra.

La enorme tensión entre ellos dos no dejaba de crecer sin para. En cuanto todos terminaron su desayuno Alexander se levantó tranquilamente, y se dirigió a su habitación.

Lexi sin darle importancia al asunto, decidió ir con sus amigas y platicar antes de sus activades.

Alexander al ver que Lexi no le presto importancia decidió subir rápidamente las escaleras y entrar a su habitación.

La duda y sus sentimientos crecientes, no lo dejaban tranquilo.

—¡no lo puedo creer! —dijo mientras se recostaba en su cama—¿Por qué no dejo de pensar en eso? — se dijo a si mismo—entre nosotros no puede a ver nada, Alexander, entiende es tu enemiga. Tu rival.

Mientras la duda se apodero de él, Lexi finalmente entro a la habitación en silencio.

Al notar el comportamiento ligeramente inusual de él, sonrió muy levemente.

—parece que alguien está preocupado—dijo mientras rompía el silencio—descuida tu derrota será breve y humillante jajaja—agrego con una ligera risa burlona.

—como diga su majestad–respondió Alexander tratando de no generar más conflictos innecesarios.

Lexi sonrió y volvió a su silencio esperando ansiosamente su revancha.

Tres largas y sofocantes horas pasaron, y finalmente llego el momento de la revancha.

Sin decir ni una palabra se prepararon y se dirigieron a la cancha de tenis, como era de esperarse no había nadie al rededor, lo que deja el escenario deseado para resolver su asunto sin distracción alguna.

—bueno creo que es hora—dijo Lexi con voz firme y segura—ya no hay vuelta atrás, te demostrare de que soy capaz—agrego.

—adelante su majestad—replico Alexander— solo deje que le recuerde una cosa—agrego mientras hacia una breve pausa–nunca me subestimes—sentencio con una sonrisa desafiante.

Luego de sus palabras el ambiente se tornó aún más tenso entre ellos. El silencio era ensordecedor,

Hasta que…

—¡dejemos de perder tiempo en tonterías y terminemos con esto! —sentencio Lexi preparada para dar su primer servicio.

—¡adelante! — replico Alexander sosteniendo con fuerza su raqueta.

En cuestión de segundos el duelo finalmente había empezado.

La precisión y velocidad de juego de ambos era implacable. Ninguno estaba dispuesto a ceder ni un centímetro.



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En el texto hay: romance, drama

Editado: 05.03.2026

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