Todo termino con un beso. (girls love)

Capitulo 3

Ese día, en particular, hacía frío, algo poco habitual en un país tropical como el mío. La lluvia golpeaba con insistencia los techos y las ventanas, y el viento parecía decidido a colarse por cualquier espacio que encontrara.

Llegué al salón, ubicado en el segundo piso, bastante mojada. No lo suficiente como para preocuparme por una neumonía, pero sí para abandonar cualquier esperanza de secarme durante los próximos diez minutos.

Me quité los zapatos con algo de rabia y los lancé hacia una esquina del salón. Después me senté y los observé de reojo.

Suspiré, derrotada.

Volví a levantarme y los acomodé correctamente, uno al lado del otro. Sabía que, si los dejaba amontonados, jamás se secarían y, probablemente, terminarían oliendo terrible en todos los sentidos posibles.

—¿Y a esta qué mosco le picó? —escuché preguntar a Cristina.

Ella se encontraba a mi lado. Lina estaba en la otra punta del salón, pero, antes de comenzar las clases o durante los cambios de materia, acostumbraba infiltrarse en nuestro club de dos, creado por nadie y oficialmente inexistente, para conversar con nosotras y no sentirse tan excluida.

Lina respondió encogiéndose de hombros. Claramente no sabía qué me sucedía.

De hecho, ni siquiera yo lograba entender por qué me sentía así. Claro que sabía lo que había pasado, pero no comprendía por qué me afectaba tanto si, supuestamente, no me importaba lo que los demás pudieran pensar de mí.

Volví a sentarme de mala gana, hundí el rostro entre los brazos entrelazados sobre el escritorio y hablé:

—¿Se acuerdan de...? —Suspiré y giré un poco la cabeza para observarlas, sin abandonar mi posición—. ¿Se acuerdan de Mateo?

—Pues claro. —Lina puso los ojos en blanco—. Estuviste casi un mes rogándome que convenciera a Cristian de pasarte su Facebook.

Me miró con seriedad antes de continuar:

—Lo cual fue completamente estúpido, porque ya sabíamos que lo habías encontrado con su nombre y apellido desde mucho antes.

Volví a suspirar.

Mateo era un chico mulato. Llevaba el cabello liso siempre desordenado, aunque, de alguna forma, eso lo hacía verse todavía más atractivo. Por lo menos para mí.

En el colegio no podía llevar perforaciones, pero en sus fotografías de Facebook aparecía con una en el labio, otra en la ceja y varias en las orejas. Le daban ese aspecto de chico malo que, por alguna razón que prefería no analizar demasiado, conseguía derretirme.

Lo había conocido durante unas interclases del año anterior. Nuestros colegios se encontraban prácticamente a dos cuadras de distancia, así que, de vez en cuando, su colegio masculino y el nuestro, exclusivamente femenino, se unían para organizar ferias, actividades y competencias deportivas.

La primera vez que lo vi sentí que todos los cuentos de princesas se abrían frente a mí y él aparecía como mi príncipe azul, aunque yo no me considerara ninguna princesa.

Tal vez por eso resultaba tan ridículo.

O tan doloroso.

—¡Ya recuerdo! —dijo Cristina, uniendo finalmente los cabos—. ¿Ese no es el que te parecía sacado de una publicación de Tumblr? También dijiste que querías crear un personaje para una de tus historias basándote en él.

Lo dijo burlándose. Después miró a Lina, quien le hizo una señal supuestamente sutil para que yo no la notara.

La noté.

—¡Oh, no puede ser! ¿Estaban hablando por Facebook? —preguntó Cristina al caer finalmente en cuenta.

Asentí sin cambiar de postura: miserable, empapada, descalza y todavía recostada sobre mis brazos.

—Pero ¿qué pasó? ¿Desde hace cuánto hablaban? —preguntó Lina.

Su tono cambió. Sonaba más preocupada.

Al parecer, había notado que estaba más apagada de lo habitual y comprendió que quizá era un asunto serio.

Y cuando digo serio no me refiero a la seriedad con la que debería tratarse una fractura abierta, sino a esa otra clase de gravedad: la de sentir que te han roto el corazón.

Aunque siempre me había sabido diferente, aún me costaba comprender qué había de malo en mí para no agradarle a un chico. Ese pensamiento me frustraba. No entendía por qué deseaba tanto enamorarme o sentir que alguno realmente me veía.

¡Carajo!

Seguro era culpa de las novelas BL que leía. Me habían jodido de tal forma que ahora creía genuinamente que un chico podía ser tan maravilloso como los protagonistas de esas historias.

También podía culpar al anime romántico. Aunque consumía más terror y ciencia ficción, quizá el romance ya había hecho de las suyas y distorsionado por completo mi percepción del amor y de las relaciones.

—Hablaba con él desde hace un mes —respondí—. Ayer le estaba recomendando algunos animes que estoy viendo. Ya saben, de esos con mucha sangre y tripas por fuera.

Me enderecé en la silla y las miré a los ojos mientras escuchaba las gotas de lluvia golpear las ventanas del salón.

—Pensé que íbamos muy bien. Incluso sentía que teníamos tantas cosas en común que era inevitable que terminara gustándole. Pero, al parecer, como les pasa a la mayoría de los chicos conmigo, me considera...

Hice una pausa y levanté las manos.

—Un "brother" más.

Marqué las comillas con los dedos.

Cristina apretó los labios, intentando contener una risa que, por su propio bienestar, esperaba que nunca se atreviera a soltar.

—Ay, vamos, Mai —dijo—. Tú no eres de las que se ponen tristes por eso. Que se vaya justo por donde lo trajo su mamá, porque tú eres genial.

Lina asentía mientras me observaba fijamente.

Parecían dos padres orgullosos intentando animar a su hija después de perder un partido escolar.

Las miré sonriendo y comencé a sentirme un poco más fuerte. Quizá esa era la palabra correcta.

Yo sí era genial. Lo sabía.

No tenía por qué sentirme mal por algo así. Si algún día alguien deseaba amar lo que yo era, tendría que aceptarme tal cual. Aunque asimilarlo resultara complicado, reconocer mis defectos y virtudes me hacía más fuerte.



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En el texto hay: firstlove, romancelesbico, lgbt+

Editado: 11.07.2026

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