Todo termino con un beso. (girls love)

Capitulo 5

Fue el mejor viaje que había tenido del colegio a mi casa. De eso estaba completamente segura.

La madre de Andrea era más que agradable. Su presencia resultaba cómoda y sus palabras siempre estaban cargadas de una ternura que me hacía sentir a gusto, como si hubiera estado en ese automóvil muchas veces antes y no fuera la primera vez que compartíamos un espacio.

Durante el trayecto aprendí muchas cosas nuevas sobre Andrea. Nunca imaginé que veinte minutos fueran suficientes para conocer tanto de alguien, pero la señora Luz parecía tener un archivo infinito de anécdotas sobre su hija.

Me contó que, cuando era pequeña, Andrea había tomado clases de canto y ballet, aunque siempre se había destacado mucho más en deportes como el básquetbol, las artes marciales y la gimnasia. Aquello no debería haberme sorprendido tanto, teniendo en cuenta que ese mismo dia habia iniciado su entrenamiento en basquet, pero aun así lo hizo.

También descubrí que era alérgica al maní, que no tenía uno, sino dos hermanos, y que uno de ellos acababa de tener un bebé. Es decir, Andrea ya era tía.

Andrea, Había nacido en octubre, la menor, la unica mujer de dos varones y, según su madre, era el regalo más hermoso que Dios le había dado.

La señora Luz parecía ser una persona bastante religiosa. No lo decía de una forma incómoda ni intentaba imponerlo; simplemente hablaba de Dios con la misma naturalidad con la que hablaba de su familia, como si ambas cosas estuvieran unidas, no lo comportia, o más bien, ni siquiera entendia que era tener una creencia religiosa.

El tiempo pasó volando entre pequeñas historias sobre la vida de Andrea. Algunas lograron avergonzarla tanto que sus mejillas se tiñeron de rojo, haciendo resaltar todavía más las pecas que adornaban su rostro. Otras consiguieron que se riera y que tratara, sin ningún éxito, de interrumpir a su madre antes de que terminara de contarlas.

-Mamá, creo que Mai no necesita conocer toda mi infancia en un solo día.

-Solo estoy contando historias -respondió la señora Luz, divertida.

-Me parece información muy importante -intervine, intentando contener la risa.

Andrea me miró con los ojos entrecerrados.

-Tú no ayudes.

De repente, ya habíamos llegado.

La señora Luz detuvo el automóvil frente a mi casa después de que le indicara cuál era. Me despedí de ambas con una sonrisa que no lograba disimular y agradecí que me hubieran llevado.

-Mañana pasamos por ti a las seis y media -dijo la señora Luz antes de que cerrara la puerta.

-No es necesario, de verdad...

-A las seis y media -repitió, guiñándome un ojo.

Andrea sonrió desde su asiento.

-No discutas. Nunca vas a ganar.

No discutí, no porque no quisiera, más bien porque el cielo caí encima de mi empapándome toda.

Cerré la puerta del automóvil y corrí hacia la entrada de mi casa para evitar mojarme más. Irónico, considerando que ya estaba completamente empapada.

Entré y, en cuanto cerré la puerta detrás de mí, sentí la frialdad de la casa vacía.

Mis padres llegarían mucho más tarde.

Algo dentro de mí se derrumbó. Solo un poco. No demasiado.

Estaba acostumbrada a llegar y no encontrar a nadie, a escuchar únicamente el eco de mis propios pasos y el sonido lejano de los autos que pasaban por la calle. A lo que no estaba acostumbrada era a regresar a esa realidad después de haberme sentido tan acompañada, tan escuchada y tan apreciada apenas unos segundos antes.

Subí hasta mi habitación y lo primero que hice fue quitarme el uniforme mojado. Cuando llegué a las medias, me detuve.

Las sostuve entre mis manos y observé la pequeña rosa que tenían bordada. Mis dedos pasaron despacio sobre el relieve de los pétalos.

Qué bonito se sentía.

Y no me refería exactamente a las medias ni a la textura de aquella rosa.

Después de quedarme perdida en ese pequeño momento, me di una ducha rápida. Había sentido el cuerpo pesado durante todo el día por culpa del uniforme húmedo y el frío parecía haberse quedado atrapado entre mis huesos.

Salí un poco más relajada y tomé lo primero que encontré en el armario. Como hacía frío, aproveché para ponerme ropa holgada y afelpada, aunque, siendo honesta, casi siempre usaba ropa así sin importar el clima.

Me preparé algo de comer y, cuando terminé cada una de las cosas que tenía pendientes, me dejé caer sobre la cama. Tomé mi iPod y busqué mi lista de reproducción, aquella que había sido planeada con más cuidado que cualquier recién nacido en este mundo.

Activé el modo aleatorio.

La primera canción que sonó fue Rather Be, de Clean Bandit.

Me quedé mirando el techo mientras jugaba con el cable de los audífonos. La luz del atardecer entraba tímidamente por los pequeños espacios de la cortina, dibujando líneas anaranjadas sobre las paredes.

Como siempre, el ritmo me envolvió y comenzó a llevarme a otro lugar.

A ella.

"We're different and the same

Gave you another name, switch up the batteries"

Mi mente regresó al automóvil, a sus mejillas sonrojadas mientras su madre contaba historias de su infancia, a su sonrisa, a las medias que ahora descansaban dobladas sobre la silla de mi habitación.

Entonces apareció una pregunta en mi cabeza.

¿Andrea y yo éramos amigas?

Claro que sí.

Debíamos serlo.

"If you gave me a chance, I would take it

It's a shot in the dark, but I'll make it"

Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido. Todo lo que había ocurrido durante el día, el tiempo juntas, la conversación con su madre, la forma en que habíamos compartido la música... Nada de eso podía ser casualidad.



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En el texto hay: firstlove, romancelesbico, lgbt+

Editado: 27.07.2026

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