Todos valen la pena

Capítulo 1

‎La vida es un asunto solitario. Naces solo y mueres solo. Sin embargo, nunca terminé de comprender por qué tenía que sentirse de esa manera si existía la posibilidad de tener cerca a personas que te quisieran.

‎Durante mucho tiempo, mi mundo se redujo a Milton y Liam, mis dos mejores amigos de la infancia. Me encantaba pasar el tiempo con ellos, pero un día, sin previo aviso, simplemente me dejaron de lado. Me abandonaron. En aquel entonces pensé que si me esforzaba por hacer felices a los demás, yo también encontraría la felicidad; no obstante, esa idea solo me trajo más dolor. Decidí que lo más sensato era no esperar nada de nadie. Pasaron las semanas, los meses, y la escuela terminó convirtiéndose en un infierno de burlas donde yo no era más que un fantasma.

‎La tarde anterior había terminado de la misma forma de siempre: tirado al fondo del contenedor de basura del patio trasero, escuchando cómo las risas de los matones se alejaban en la distancia.

‎—Dímelo de una vez, ¿quién te hizo esto? —preguntó una voz firme desde arriba.

‎Levanté la vista despacio. Se trataba de Lya, una de las integrantes del consejo estudiantil. Lejos de intentar levantarme, me quedé inmóvil observando la mano que me tendía para salir de allí.

‎—No lo sé... y tampoco valgo la pena para que pierdas tu tiempo ayudándome —respondí con la voz apagada, zafándome de su alcance para emprender el camino a casa.

‎—Todos valen la pena, y eso te incluye a ti

‎—dijo ella a mi espalda, alzando un poco el tono—. Mi deber es mantener la escuela segura.

‎«Es solo su deber», me repetí en silencio mientras me alejaba. «No lo hace por mí».

‎A la mañana siguiente me dirigí al aula con el peso habitual en los hombros. En la entrada me aguardaban los mismos tres chicos del día anterior. Justo en el instante en que se interpusieron en mi camino, Lya emergió de entre la multitud de estudiantes.

‎—Ustedes no van a volver a acercarse a Shon —ordenó con voz autoritaria.

‎—Vamos, Lya, si es nuestro amigo. Solo estamos jugando con él —se excusó el líder con una sonrisa falsa.

‎—¿Es verdad eso, Shon? —me preguntó ella, clavando sus ojos en los míos.

‎—No —respondí con voz seca.

‎—Si vuelven a molestarlo, me encargaré personalmente de tramitar su expulsión y manchar sus expedientes. Lárguense de aquí.

‎Los tres chicos gruñeron por lo bajo y se retiraron a toda prisa. Un silencio pesado se instaló en el pasillo.

‎—¿Por qué me ayudas? —pregunté, dirigiendo la mirada al suelo—. No soy nadie.

‎—Eres Shon, ¿no? —dijo ella, dando un paso hacia al frente con una leve sonrisa—. Tengo mis contactos. Y no vuelvas a decir que no eres nadie; todos somos alguien. Tú, en especial, me pareces un chico bastante misterioso. Hablas poco.

‎Lya me extendió la mano con firmeza. La observé durante un segundo y, por primera vez en años, tomé la mano de alguien. Estaba cálida. Sentí una punzada repentina en el pecho, una calidez extraña que me obligó a sostenerle la mirada.

‎—Mucho... mucho gusto —murmuré.

‎—Igualmente, Shon —contestó, liberando mi mano con suavidad—. Si alguien vuelve a meterse contigo, no dudes en avisarme. Me agradas. Los chicos como tú valen la pena.

‎Dio media vuelta y caminó hacia su salón. Me quedé inmóvil en medio del pasillo, rozándome la palma de la mano aún tibia.

‎«¿Valer la pena? No... yo no puedo valer la pena».



#2877 en Novela romántica
#835 en Otros
#329 en Humor

En el texto hay: romance drama comedia

Editado: 01.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.