Tras haber creído ciegamente que no valía nada, descubrí que tal vez... solo tal vez me encontraba equivocado. La duda comenzó esa misma tarde al cruzar la puerta de mi casa, cuando recibí el cálido abrazo de mi hermana menor.
—¡Hermano, al fin llegas!
—¿Qué? Nathaly, ¿qué haces aquí? Se supone que deberías estar con nuestros padres.
—Sí, pero me aburrí de estar allá. Además, quería venir a visitarte —respondió, echando un vistazo a su alrededor—. Pensé que este lugar sería un desastre, pero me sorprende lo ordenado que está. Sí que eres meticuloso, ¿eh?
—Sí, y tú muy metiche.
—Qué cruel eres.
—No soy cruel, solo realista. Como sea, ¿cómo lograste entrar?
—Tengo mis métodos, jeje.
—A veces me asustas, hermana.
Al caer la noche me dispuse a preparar la cena. Puse a hervir un poco de agua, tomé los fideos y vertí una pizca de sal en la olla caliente antes de añadir las salsas para emplatar dos tazones de ramen.
—Vaya, eres muy talentoso en la cocina.
—Solía prepararme la comida yo mismo cuando me quedaba solo en casa.
—Debe ser muy triste estar solo todo el tiempo, ¿no?
—Ehm... no cuando te acostumbras durante tanto tiempo. Además, ¿quién querría estar cerca de alguien como yo?
—Yo.
—Eso es diferente.
A la mañana siguiente me alisté como de costumbre para ir al instituto. Lo que no imaginaba era lo que ocurría en la oficina del consejo estudiantil antes de que comenzaran las clases. Según me enteraría más tarde, Jin, el presidente, andaba agobiado buscando personal para organizar el flujo de documentos. Lya decidió revisar minuciosamente los expedientes hasta dar con el mío, convencida de que yo era la persona indicada para el puesto.
Llegada la hora del almuerzo, vi a Lya acercarse a mi pupitre.
—Hola, Shon. ¿Tienes un minuto?
—Hola. Supongo que sí.
—Bien. Disculpa la interrupción, pero quería saber si estás interesado en colaborar con el consejo estudiantil. Nos faltan integrantes y necesitamos ayuda urgente. ¿Te gustaría unirte?
—¿Unirme yo al consejo?... No lo sé, no quisiera ser una carga para nadie.
—¿Una carga? Para nada. Mientras más seamos, mejor funcionará el equipo.
—¿Y qué tendría que hacer exactamente?
—Solo tareas de organización. Vi en tu registro que eres muy meticuloso con el orden y pensé que serías el indicado.
—Se me da bien ordenar. Podría ayudar.
—Perfecto, te lo agradezco mucho. Pásate más tarde por la oficina para presentarte a los demás.
—Claro, allá estaré.
—Excelente. Te veo después de clases, Shon.
—Adiós... Lya.
«¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué yo? No tengo nada de especial... No, seguro solo es trabajo. Todo seguirá igual... ¿verdad?».