«Vaya, así que esta es su oficina... Pensé que tendría un ambiente más formal».
Antes de que pudiera alzar la mano para tocar, la puerta se abrió de golpe. Frente a mí apareció un chico rubio, bastante atractivo y con una sonrisa carismática grabado en el rostro.
—¡Hola, amigo! Tú debes de ser el nuevo, Lya me habló mucho de ti.
—Ah... hola, soy...
—Tú eres Shon, por supuesto. Pasa rápido, que todos se mueren por conocerte.
—Pero yo...
Sin darme tiempo a reaccionar, me sujetó del brazo y me arrastró hacia el interior.
—Chicos, saluden al nuevo integrante.
—Vaya, conque tú eres Shon —dijo un chico alto acercándose a nosotros—. Disculpa a mi amigo. Soy Jin, el presidente del consejo estudiantil. El rubio impulsivo es Tom; ella es Laila, mi asistente; él es Shildo, y a Lya ya la conoces.
—Encantado de conocerlos —dije, haciendo una reverencia respetuosa.
—No te preocupes, aquí eres bienvenido. Acércate —añadió Jin con tono amable—. Lya me habló de tu capacidad para el trabajo organizativo, y nos vendría de maravilla. Por cierto, lamento mucho lo que ocurrió el otro día con los matones. Si alguien vuelve a molestarte, no dudes en acudir a nosotros, ¿de acuerdo?
—Sí, presidente.
—Por favor, no me llames así. Dime Jin.
—Entendido, Jin. Será un honor trabajar con ustedes.
«Esa calidez regresó a mi pecho... ¿A qué se debe? Todos parecen francamente alegres con mi llegada. ¿Será por mí o únicamente por la ayuda que puedo brindar?... No lo sé».
De pronto, sentí una palmadita firme en el hombro.
—Ehm...
—Jeje, ¿sabías que el noventa y nueve por ciento de las personas comienzan una gran amistad con un simple toque en el hombro?
—soltó Tom.
—Ah... supongo que sí —respondí, sorprendido.
—Perfecto, porque desde este momento somos tus amigos. Hay que aprender a trabajar en equipo —aseguró con una sonrisa franca.
—Sí, tienes razón. Daré lo mejor de mí, lo prometo —afirmé con voz decidida.