Tormenta

Inundación

2 Días antes.

Todo el fin de semana lo único que hubo fue silencio, no quise molestarla más de lo que ya lo había hecho.

Llegué temprano al trabajo, con la esperanza de encontrar a Nara y ver si en persona podría arreglar algo, algo que ya parecía perdido.

El ascensor abrió sus puertas y ahí estaba ella, pero por primera vez en mucho tiempo, no se notaba esa aura alegre y retadora que tanto la caracterizaba. Solo que esta vez no solo sabía la razón, sino que era la razón.

La saludé a la distancia, con una cara entre culpa y pena, esperando que eso ayudara un poco, pero se dirigió directamente a la oficina de Cruela, ignorándome por completo, tal como fue todo el fin de semana.

Lea se acercó hacía mi escritorio.

— Prepárate – dijo, mientras tomaba mi hombro.

— ¿Estoy en problemas? – dije al tomar su mano.

— Eso… aún no lo sé amigo.

Ella se alejó, no entendía porque me dijo eso, pero definitivamente ella sabía más que yo sobre lo que estaba pasando.

Pasaron un par de horas, pero se sintieron como días comprimidos en solo unos minutos. No podía dejar de ver hacía la puerta de la oficina de Cruela, esperando el regaño, pero nada de eso pasaba.

Un rechinido que generalmente era acompañada de un grito a la distancia de Cruela que mencionaba el nombre de la persona que estaba en problemas en ese momento, pero esta vez no hubo nada, solo Nara saliendo sin voltear hacia atrás, dirigiéndose directamente al elevador.

Quise correr hacia ella, pero supe que hacerlo no iba a arreglar nada.

Seguí trabajando, bueno, lo estaba intentando, pero definitivamente mi cabeza no estaba en si el color azul era el correcto para la campaña, sino que habría un color que faltaba en la oficina.

Casi al final del día, recibí un mensaje:

N. Hola, ¿podemos hablar al rato? Te espero en el café de siempre después de que salgas del trabajo.

Era Nara, tan calmada como siempre, pero era precisamente eso lo que más me inquietaba, aun cuando solo era un mensaje, sabía perfectamente que no sería una reconciliación.

Confirme la cita, pero honestamente no sabía si quería ir…

Guardé mis cosas y antes de bajar por el elevador, vi hacia el escritorio de Nara, con cierto miedo más que nostalgia.

Llegué al café y ahí estaba ella, con su bebida favorita y mirando hacia la ventana.

— Hola – dije en tono suave, claramente con un tono de culpa.

— Hola Jim, ¿No vas a pedir nada? – preguntó sin dejar de ver por la ventana.

— No tengo antojo de nada… ¿Cómo estás? Noté tu ausencia en la oficina el día de hoy.

— Ah… ¿Hoy si la notaste? – finalizó con un sorbo a su bebida.

— Lo sé, sobre eso…

— Alto ahí, ya no importa – interrumpió mi intento de explicación – Mira, no le daré muchas vueltas al asunto, supongo que notaste que entré a hablar con Janet por la mañana.

— Si, lo pude notar.

— Bueno, entré a hablar con ella porque me voy. Y antes de que te pongas a imaginar cosas, esto es algo que ya estaba en el camino casi al momento en el que entré.

— Ajá… — no entendía muy bien, estaba en shock asumiendo lo que estaba diciendo.

— Bueno, el día de la entrevista, cuando Janet estaba revisando mi perfil, notó que tenía gusto por la animación, sobre todo enfocada al estilo japonés. Ella me comentó que conocía a una agencia publicitaria en Japón que ofrecía un curso especial y que enviaría mi portafolio para poder participar por un lugar.

— Jamás mencionaste nada de eso.

— No tenías por qué saberlo. No quiero sonar grosera, pero mis metas no dependen de con quien esté, yo siempre he sido mi prioridad.

— Si, lo entiendo… entonces te vas.

— Si, recibí un mensaje de Janet hace un par de semanas sobre que había sido aceptada en el programa – hizo una pequeña pausa, me miró a los ojos – Pensaba decirte, pero viendo como habías estado alrededor de mí, quise evitar el drama y hacer más grande esa nube gris que no has soltado.

— ¿De verdad fue tanto?

— Honestamente, si – dijo en un tono de incomodidad – Todo eso que me hizo voltear hacia ti, fue desapareciendo, mientras más te quería más empezaste a empujar. Todo eso fue borrando lo que me hizo elegirte.

No pude decir nada, porque lo sabía…

— Pero no me voy por lo que pasó, no solo el viernes, sino todo en conjunto – siguió hablando, sin antes tomar de su bebida, como si lo necesitara para aclarar la garganta – me voy porque quiero seguir aprendiendo… es solo que… no serías un motivo para quedarme, pero si para regresar.

— Y simplemente me volví en eso de lo que ya habías huido.

— Que bueno que lo entiendes, estaba viendo mucho de lo que me hizo terminar con mi ex en ti… al final parecías querer cambiar, pero lo de la fiesta… solo me hizo ver que no estás listo. Supongo que quieres cambiar, pero no sabes cómo o no quieres hacerlo aún.




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