Tormenta

Disipación

1 día después

El despertador sonó a la misma hora que de costumbre, parecía un día normal, o bueno, al menos así estaba empezando.

Me levanté, sin pensar demasiado, sin revisar el celular más que para desactivar la siguiente alarma.

Me bañé mientras el café estaba listo, me vestí con lo primero que encontré. Una playera negra. Jeans. Lo de siempre…

Automático.

Salí de casa y caminé hacia el metro. La misma gente de todos los días, los mismos rostros y expresiones. La ciudad funcionando perfectamente… sin enterarse de nada.

Y por un momento… parecía que yo tampoco me estaba enterando de nada, o más bien, nada pasaba.

El aire de abril ya no era tan frío como en noviembre, pero tampoco cálido. Ese punto medio incómodo donde no sabes si llevas tu chamarra por costumbre o por prevención.

Llegué a la oficina. Nadie dijo nada, todos estaban en su propio mundo. Janet estaba en su lugar. Lea se veía apurada ya desde temprano como de costumbre, pero aun así me saludo a lo lejos y siguió con lo suyo.

Llegué a mi escritorio, la computadora de Nara estaba apagada y no solo eso… el desastre que había hecho ya había sido limpiado, tan bien que parecía que ella jamás hubiera estado aquí, al menos para los demás.

Pero no me dolió como lo esperaba, en realidad fue más raro que doloroso. Se sentía como cuando falta algo en una foto, pero no sabes qué es… y eso es lo que te incomoda.

Trabajé, más para silenciar el ruido de mi cabeza que porque realmente hubiera algo importante que hacer.

Correos.

Juntas.

Reí.

Y eso fue lo más extraño de todo. Porque por un par de horas… fui alguien que no acababa de perder algo importante.

Salí a las 6:12 p.m.

No porque hubiera surgido alguna emergencia que atender, sino porque ya no podía seguir actuando con tanto público alrededor.

El camino de regreso a casa fue casi idéntico como al de la mañana. La ciudad seguía avanzando… como si ayer no hubiera pasado nada.

Llegué a mi edificio y subí las escaleras, observando cada escalón por el que pisaba. Como si estuviera buscando algo que se me perdió o más bien, como si no quisiera llegar a mi departamento.

Abrí la puerta y el departamento estaba en silencio, bueno, lo noté más que otros días.

Dejé mis cosas en la sala y me dirigí a mi cuarto.

Había olvidado el desastre que había hecho el día anterior, pero ahora ya no había trabajo para distraerme.

Los pedazos del espejo seguían en el suelo, exactamente en la misma posición… como si hubieran decidido no moverse hasta que yo lo hiciera.

Me quedé un momento en el umbral de mi puerta, pensando que, por un momento, tal vez si cerraba la puerta y la volvía a abrir iba a regresar a ayer por la mañana.

Tener una oportunidad más para disculparme antes de que se fuera… como si no hubiera tenido suficientes.

A cuando aún había algo que salvar…

Regresé a la sala y puse un poco de café. Tomé la escoba y empecé a recoger mi desastre.

El primer pedazo que recogí era pequeño, lo levanté con cuidado y, aun así, me corté un poco. Lo volteé y en el reflejo ahí estaba yo.

Roto.

Roto en versiones que no terminaban de coincidir, pero sabía que eran yo. Distorsionado. Fue más honesto de lo que me hubiera imaginado.

Seguí recogiendo uno por uno.

Sin prisa.

Como si cada fragmento fuera una parte de algo que no supe sostener cuando no estaba completo, preguntándome si valía la pena hacerlo con cuidado ahora…. que ya había roto lo importante.

Cuando terminé me senté en el piso.

La bolsa de basura estaba a un lado de mí, tenía mis manos sucias y mi habitación parecía demasiado ordenada para lo que había pasado.

Así se sintió el trabajo, el viaje en metro, el almuerzo… todo.

Y entonces…

Tormenta.

No llegó. Nunca se fue.

Esta vez no gritó. No empujó. No rompió nada.

Solo…

Se quedó.

Como una presencia que ya no necesita hacerse notar porque ya la entendiste.

Era solo un fragmento de espejo que estaba hasta el otro lado de la habitación.

Bajé la mirada un momento y cuando la volví subir solo era mi reflejo… solo estaba yo.

Y con eso noté algo que ignoré paso a paso.

Algo que ayer… terminé de romper yo.

Solté el aire.

Miré el espacio vacío donde antes estaba el espejo.

Y me reí.

No porque fuera gracioso.

Sino porque de todos los escenarios que me imaginé… nunca pensé que el día después se vería tan… normal.




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