Tormenta de Héroes [crónicas de un Inesperado Héroe I]

25. LOS ROSTROS DE LAS SOMBRAS

 

—¿Esta seguro que no escapara? —le salió la pregunta de manera natural, mientras observaba desde atrás de un muro de cristal a la bestia que había causado muchos problemas a la ciudad.

Se había requerido una considerable cantidad de narcóticos para mantenerlo dormido. Noto que a los veterinarios no les agradaba aquello, aun así siguieron fielmente las órdenes dadas por el Comisionado Ashenburg.

El siguiente problema al que se enfrentaron, fue levantarlo, hizo falta la asistencia de una grúa, además de un camión para meter el cuerpo.

Debido a que jamás habían tratado con algo similar, llevaron al espécimen al zoológico, donde tuvieron la decencia de desalojar una zona la cual había sido utilizada en el pasado por un gorila adulto. Su padre no quedo satisfecho con ello, así que se apresuró a mandar llamar a expertos para que aprisionaran a la bestia.

Y así lo habían hecho. Enormes grilletes le mantenían los brazos estirados, sus piernas también llevaban grilletes, además de otro extra alrededor del cuello.

—¿Usted... us-usted... e-e-está hablando-hablando... en-en-en-serio? —tartamudeó el regordete encargado del proceso.

—Mire señor Harrys, yo no me tomó la seguridad de los ciudadanos a la ligera, ¿Y usted? —respondió un tanto molesto, no podía creer que aquel sujeto fuera el mejor fabricante de la ciudad y en él recayera la responsabilidad de mantener inmóvil al monstruo que le dio mucha batalla a Lux.

—Ta-ta-tampoco a-a-age-age-agente —puso los ojos en blanco y volvió a mirar al enorme gorila con pelaje castaño rojizo, según lo que le habían dicho los expertos del zoológico, no se conocía a un espécimen tan alto y con aquel extraño pelaje, algunos no dudaban que en zonas lejanas como África o Australia existieran animales de aquel tamaño, aunque no explicaban como había llegado a una zona tan lejana de su punto de origen.

Suspiró. No podía creer que hubiera sido él mismo quien se propuso para encargarse de que la bestia estuviera perfectamente recluida.

—Solo necesito que me responda: ¿Los grilletes que usaron lo mantendrán inmóvil? —se obligó a tranquilizarse y volver a preguntar.

—Yo podría responder a esa pregunta —giró el rostro, las puertas se abrieron permitiendo entrar a un hombre que vestía un lujoso traje gris claro.

Aquel cabello oscuro peinado hacia atrás, su rostro afilado, sus ojos azules, su nariz un tanto larga y sus labios delgados, no necesito ver más para identificar a Sebastián Maxwell.

—Desconocía que Fabrica Platten trabajara con Laboratorios I.O.B.A —comentó mientras le tendía una mano, Sebastián la acepto con una débil sonrisa.

—No lo hace —respondió Sebastián con suma tranquilidad—. El señor Harrys recurrió a nosotros para conseguir nitruro de boro, de eso mismo están hecho los grilletes —le cogió del hombro y le hizo volver la mirada hacia la bestia, de reojo se percato que aquello no le agradaba al regordete dueño de Fabrica Platten, aun así no menciono palabra, se encogió de hombros y retrocedió unos cuantos pasos, como si temiera que la enorme sombra que proyectaba Sebastián llegara a tocarlo—. Nitruro de boro es el metal más resistente que puede producir nuestro mundo, créame cuando le digo que no importa la fuerza que tenga esa bestia, no podrá romperlo, por los dioses, puede que sea una locura, pero esos grilletes hasta para alguien como Deus le sería difícil de romper.

—¿Eso significa que está totalmente seguro? —interrogó de nuevo.

—Absolutamente —respondió Sebastián mientras admiraba sumamente interesado a la bestia.

—Muy bien. Me alegro de oír eso, les agradezco profundamente su ayuda, a usted también señor Harrys —comentó ya que el regordete hombre se había estado alejando poco a poco.

—No hay nada que agradecer. Nos alegra poder ser de ayuda agente —fue Sebastián quien tomó la batuta, sabiendo que ya nada más lo ataba a aquel lugar, le tendió una mano la cual el dueño de Laboratorio I.O.B.A aceptó—. Si no es una indiscreción, ¿Podría saber que harán con la bestia?

Le pareció extraño que Sebastián tuviera tanto interés en un monstruo salido a saber de dónde, pero no mostrara el mismo interés en encontrar a su señora esposa, eso solo aumentaba sus dudas.

—Aún no se decide que se hará con él —mintió, por alguna razón se sintió forzado a hacerlo, aunque su padre ya estaba negociando con el gobierno británico para que se llevaran semejante monstruo a un lugar seguro y donde no hiciera más daño.




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