Tormenta de Héroes [crónicas de un Inesperado Héroe I]

17. RENACIMIENTO

 

Abrió su red social favorita y los mensajes llegaron tal cual haría un religioso cuando intentaba cambiarte a sus creencias. Tomó un largo respiro y se apresuró a revisar los mensajes dejados por Mally:

 

‹‹¿Dónde demonios te has metido?››

‹‹He intentado llamarte pero me envía a buzón. Vamos a ir a the circle of paradise, contigo o sin ti. Te esperamos allí.››

‹‹Edward pregunta por ti. Quiere ir a tu casa.››

‹‹Ya no te preocupes. Lo he tranquilizado. Me debes una.››

 

El último mensaje había sido enviado con una considerable cantidad de tiempo diferente y el cual decía:

 

‹‹No creo poder levantarme. Termina con el proyecto y quedamos a mano.››

 

El arrancar de un motor la arranco de su smartphone, algo que agradeció, sin más elevó el rostro y miró atentamente como desfilaba por la calle un GB-2000 negro. Lo conocía muy bien, el señor Maxwell lo había adquirido en Fast Cars, asesorado en persona por su padre, Joe Janiot, dueño de la más grande empresa de venta de autos de toda la ciudad.

Observó su increíble movimiento por toda la calle hasta que llegó a una intercepción, sin más giró y no tardo en perderse en el horizonte.

‹‹Es mi oportunidad››, pensó al ponerse en pie. Se sacudió el poco polvo de sus vaqueros y se apresuró a cruzar el jardín que rodeaba su hogar, sin más salió a la acera, giró a su mano izquierda, al ver a dos personas que iban de frente, se apresuró a ocultarse mirando fijamente su móvil.

—Ya te lo digo yo, estas generaciones no pueden vivir sin el maldito teléfono —sentenció la señora Maygood. Su acompañante parecía estar de acuerdo con ella.

Le había pasado por la mente saludarlas, al escuchar aquel comentario, deshecho cualquier tipo de cordialidad. Dejo atrás dos casas, a la tercera se detuvo, sin temer ni un poco, giró y se adentró en aquel pequeño jardín.

‹‹No voltees atrás. Si lo haces, todos sospecharan deti››, se repitió en su cabeza al tiempo que se encaminaba hasta una lujosa puerta fabricada de caoba con tallados en flores. Subió los tres peldaños de una escalinata, bajó la mirada hacia un tapete el cual rezaba: Bienvenido a mi hogar, se acuclillo, movió los ojos hacia ambos lados asegurándose de que nadie la estuviera vigilando, al percatarse de ello, cogió la llave que había debajo, acomodó el tapete en su lugar y se puso en pie.

Introdujo la llave y la hizo girar, no hubo ni un solo problema, se adentró al hogar de uno de los hombres más importantes de la ciudad, extrañamente, no sentía ni un poco de temor, a decir verdad, aquella sensación de poder ser atrapada, la llenaba de una energía que no recordaba haber sentido en mucho tiempo.

‹‹¿Esto es lo que sientes cuando sales a vigilar la ciudad?››, se preguntó, aunque sabía que del único que podría obtener una respuesta real, se encontraba en su casa tomando un caliente baño. Chasqueó la lengua y se apresuró a cerrar la puerta tras de sí.

Se esmeró unos segundos en admirar lo que le rodeaba. Aquello solo le hizo comprender algo. Todas las casas de thorns leaves, eran exactamente iguales, lo único que cambiaba era la decoración de cada familia.

Buscando no demorarse más de lo necesario, caminó por aquel pequeño pasillo, paso de largo la cocina y sala de visitas, subió de dos en dos las escaleras, al llegar a la cima se desvió hacia su lado izquierdo, se detuvo frente a una puerta de madera, cogió el pomo el cual estaba demasiado frío, aun así, lo hizo girar y se adentró a la habitación de su viejo amigo.

—Tenías que ser hombre —sentenció al ver el desorden en que se encontraba aquella habitación. El lecho estaba totalmente deshecho, parecía que un animal hubiera dormido allí.

Se encontró con ropa regada aquí y allá, decidió no darle la menor importancia, se apresuró a encontrar una mochila negra, tuvo que apartar unas cuantas prendas que no parecían muy limpias, con un poco de asco las aparto del camino y se hizo con la dichosa mochila.

Una vez obtenida, se encamino hasta el armario, lo abrió, apartó unas cuantas prendas, eligió unos jeans oscuros y unos azules desgastados, una camiseta blanca de manga larga, otra azul, una chaqueta oscura, los doblo e introdujo en la mochila. Se dirigió hasta el calzado, se limitó a tomar unas zapatillas deportivas, las guardo, cerró la mochila y se puso en pie.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.