Torre Desventurada

Anomalía

El carácter iluminador del sol relumbra el patio del colegio. Era la hora del recreo. Iker se sentó en una banca para comer su lonchera, en donde trajo un táper que dentro hay un delicioso sándwich y una botella con jugo de naranja. En aquel año era nuevo en la escuela, para él, todos los niños eran extraños, apenas sólo pudo hablar con 3 de su salón.

Iker, durante toda su primaria, había conocido varios profesores de carácter malévolo; una de ellas era la profesora Matilde. Ésta provocaba temor hacia los alumnos.

– ¡Uriel! – Dijo Matilde – Es tu turno de exponer sobre el tema que te encargué.

Por un momento predominó el silencio. Se escuchó unos pasos y estuvo Uriel en frente de toda la clase.

Iker lo observó por un momento. Dedujo que era un chico reservado y tímido, por su lenguaje corporal. Además, tartamudeaba al hablar en público; más si estaba esa profesora para calificarle lo que tenía que calificar.

–Alza tu tono de voz, Uriel.

–D-d-disculpe, p-profesora.

–Y también evita tartamudear, o te sigo bajando puntos. – Dijo Mariel mientras lo miraba seriamente, causando tamborileos contra la mesa.

Iker sacó, de su lonchera, su táper para comer su sándwich. Mientras disfrutaba su deliciosa merienda, vio a Uriel bajo el tobogán jugando con su tanque de juguete.

Iker aprovechó la oportunidad para conocerle. Se acercó al tobogán silenciosamente, acortando distancia sin que Uriel se dé cuenta.

–Hola. – Dijo Iker.

Uriel dio un salto por el susto que le provocó y se puso en defensa. Sus ojos estaban muy abiertos, concentrándose en cualquier que pueda hacer Iker. Posteriormente, Iker intentó apaciguarlo con gestos lentos y suaves.

–Tranquilo, no te haré nada malo – Aclaró Iker y estiró el brazo con una sonrisa amigable –. Soy Iker, es un gusto conocerte.

En un instante no hubo reacción por parte de Uriel. Después, decayó su modo defensivo y estrechó su mano.

–S-soy Uriel. – Repuso de manera seca.

Uriel se apacigua y, posteriormente, Ambos se quedaron hablando durante el recreo hasta que tocara el timbre. Aunque Uriel, el tímido, ciertas veces incomodaba el diálogo, en otras seguía la corriente y se solazaban entre chascarrillos de poca creatividad. Una vez que se escuchase el resonante timbre, Iker, apresurado en llegar a su salón, agarra de la muñeca a Uriel para irse acompañado; pero este lo detiene.

–Espera, voy a recoger mi lonchera. – Habló Uriel.

–Está bien. Te espero en el salón – Sonrió Iker y se retiró.

Uriel va a la zona donde dejó su lonchera: bajo el tobogán. Se agacha y lo recoge, llevándolo con solo una mano. Regresa al sitio donde estuvo hace un rato. Algo no cuadra en el entorno. Está muy silencioso. Sólo se escuchaba el susurro de las hojas de los árboles y arbustos.

Entra al pasillo del colegio y siente que la oscuridad lo encierra. El pasillo adquirió mayor profundidad y oscuridad.

– ¿Dónde están todos? – Pensó Uriel –. Apenas pasó un minuto, creo…

Se escuchaban sus propios pasos, y eso le daba escalofríos. Se le puso la piel de gallina. El estar solo, sin ninguna persona alrededor, en un sitio tétrico, lo sofocaba. Miró cada salón y no había nadie, ni los alumnos, ni los profesores.

Al caminar escuchó unos pasos. Miró atrás con rapidez. Miró de derecha a izquierda, no había nada. Respiraba de manera profunda, confuso por la sospecha de que si lo que había escuchado no es producto de su mente por la soledad.

Abrió la puerta de su salón. Miró de esquina a esquina, sin encontrar alguna pista sobre esta anomalía. Se acercó a la ventana, con la esperanza de encontrar, por lo menos, a alguien, y así apaciguar su ansiedad por saber qué es lo que pasó.

Concentrado, buscó y buscó. Nada. De pronto, se cerró la puerta con gran fuerza que Uriel se puso muy alerta. Miró y no encontró algo que entró y explicase tal caso. Cerró los ojos y suspiró con profundidad. Volteó a mirar afuera. No pudo creer lo que estaba viendo frente de él. Retrocedió estremecido, con los ojos resaltantes.

Lo que estaba viendo es una muchedumbre; entre alumnos, profesores y secretarios, colgados, tambaleantes, bajo las sombras de aquellos árboles, con manchas de sangre alrededor de sus ropas rasgadas. Causado, tal vez, por una entidad con garras de oso.

Una gota de sangre cayó en el antebrazo. Miró sorprendido y alzó su cabeza paulatinamente, algo horrible advirtió.

Una criatura humanoide de figura monstruosa lo estaba mirando fijamente, con los brazos y las piernas alargadas adheridas en el techo. Pero era algo inexplicable; ¿Cómo podría mirarlo si no tenía ojos? Huecos abismales que se presenciaba una cuenca, por cada ojo, en donde no era agua, sino sangre.

Uriel se quedaba quieto, sin dar respuesta alguna ante esa criatura. Apareció un corte tenue transversal en el rostro de la criatura. Brotó sangre poco a poco. De pronto, abrió su horrenda boca; salpicando sangre al niño y mostrando dientes filosos alrededor de esa “boca”.

No podía hacer nada, ni, aunque él intentaba moverse. Su cuerpo no respondía. La boca de esa criatura se acercó con lentitud y de pronto lo consume por completo, destrozándolo con gran fuerza su cuerpo.

Uriel se levanta apresuradamente de su cama, sudando frío y gritando, aferrándose con fuerza su sábana. Respiraba rápido y buscaba a aquella criatura o algo que lo estaba observando y esperando para comérselo en su habitación; Sin embargo, observar inundado en la oscuridad no era suficiente para sosegarse. Se levantó, con el intrépido menguado, y prendió la luz de la habitación, dando así una mayor claridad de su entorno. Preludió su prudente escrutinio: miró por el armario, nada; miró debajo de la cama, mismo resultado. Ya remediando su curiosidad, se sentó en la cama para luego tomar un vaso de agua que estaba sobre la mesilla de noche. Afuera se escuchaba los cantos de las tremolantes hojas por la brisa fría. Pasó un buen rato discurriendo y parando mientes de su pasado y sus amigos, además de su dilema sobre la ventura a la torre forestal. Se levantó y opacó la luz de su habitación; ya tranquilizado se acostó y se sumió en un profundo sueño.



#84 en Terror

En el texto hay: aventura, desgracia, monstruo

Editado: 26.07.2026

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