Torre Desventurada

Huida

Uriel se despide de sus amigos; Habían acordado a qué hora y en qué lugar asistir para iniciar con el recorrido. Uriel iba en bicicleta hacia su casa. Le encantaba usarlo, era satisfactorio. Lo había nombrado Atlas.

– ¡Eso, Atlas! – Vociferó.

Mientras avanzaba, pedaleaba más rápido. La brisa se hacía más intenso y fresco. Iba ir volando hacia su casa para llegar a tiempo en el lugar donde estarían sus amigos. Sin embargo, tres tipos se cruzaron en su camino. Uriel los esquivó, pero perdió el equilibrio y terminó cayendo en el pasto. Se había raspado una rodilla.

–Vaya… –Dijo uno de los chicos–. aparte de que no puedes controlar tu ansiedad, tampoco puedes controlar el equilibro.

Se escuchaba entre carcajadas. La voz le era conocida: era el de Bruno, el mayor de ese grupo.

Uriel volteó a mirarlos y ahí estaban; el grupo de los agresores del colegio: Bruno, Enzo y Sebastián. Estos matones les gusta burlarse de los demás, más que todo por sus defectos. Pretenden ganar respeto y honra intimidando a los alumnos y presumiendo su fuerza física. El único que puede hacerles frente a ellos, por ahora, individualmente, es Elian; pero, no se encuentra y, además, les gustan andar en grupo.

«–Hoy no… por favor… hoy no…»

Bruno notó la bicicleta, yaciendo en el pasto con Uriel.

–Oh… qué bonita bicicleta. – Dijo Bruno con sonrisa malévola –. ¡Me hace falta una en mi casa para ir rápido como la luz!

Más y más carcajadas. Uriel intento pararse, pero bruno le dio una patada justo en la nariz. Se tapó la nariz con las manos, brotando sangre. La ansiedad le estaba ganando. Posteriormente, Bruno flexionó las rodillas, expresando que el que manda es él.

–No sabía que habías comido una hamburguesa. Estuvo tan delicioso que te quedó kétchup en tu rostro. ¿No quieres más crema? – Dijo mientras que los demás reían.

No hubo respuesta alguna. Uriel intentaba calmar la ansiedad y no descontrolarse. Ante el desprovisto de respuesta, Bruno enfureció.

– ¡RESPÓNDEME! – Exclamó Bruno – ¡¿QUIERES MÁS KETCHUP, SI O NO?!

Uriel no pudo más. Por instinto, para evitar problemas posteriores, lanzó una patada en los testículos, causándole un abrumador dolor. El chico medroso se levantó y agarró su bicicleta tan rápido como pudo.

– ¡AGHHHH! – Vociferó arrodillado con su agonía– ¡HIJO DE PUTA, YA VERÁS LO QUE TE HARÉ!

Se subió a la bicicleta y pedaleó rápidamente hacia su casa, cruzando unas cuantas cuadras para luego desaparecer ante la vista de los agresores.

–Oye, ¿te encuentras bien? – preguntó Sebastián mientras que él y Enzo se acercaban a Bruno.

– ¡QUÍTATE! – Exclamó empujándolos.

«–Ya te atraparé, mocoso… y cuando lo haga, será el peor día de tu vida… Esto no se acabó…»

Minutos después, Uriel llega a su casa, exhausto. Cierra la puerta y se dirige a su habitación. Su madre y su padre se sorprendieron ante su rápida llegada.

– ¿Hijo…? – Dijo la madre.

–Sí, mamá. Soy yo.

Todavía su madre andaba cocinando. Olía delicioso el almuerzo. De pronto, su madre apareció ante él con su delantal de flores azules.

– ¿Por qué llegaste tan rápido?, ¿qué pasó? – Preguntó Violeta

–E-es que… quería llegar temprano para el almuerzo, madre – Titubeó y sonrió.

–Ah ya… está bien – Repuso.

Todo andaba bien, desprovisto de dudas. Sin embargo, Violeta reparó una gota roja cerca del labio superior.

– ¿Y eso?, ¿qué es? –Preguntó señalando aquella gota rojiza.

– ¿E-esto? – Respondió limpiándose – Es que había comido una hamburguesa… Estuvo delicioso – Sonrió nerviosamente –. Tengo que cambiarme para almorzar, mamá.

Se retiró hacia su habitación mientras su madre lo seguía con la vista. Tenía sospechas de su verosimilitud. Comer un sándwich a unos cuantos minutos del almuerzo. ¿Realmente pensó en no almorzar, o todo lo que dijo es una farsa?

William aparece en el pasillo con un periódico en la mano. Dubitativo sobre que su esposa está mirando el segundo piso donde su hijo desapareció entre las sombras.

– ¿Pasa algo, querida? – Irrumpió en sus pensamientos.

– ¿Eh? – Reaccionó desconcertante y miró a su esposo ––. Ah, no. No pasa nada, querido.

– ¿Bueno…? –Repuso confuso.



#84 en Terror

En el texto hay: aventura, desgracia, monstruo

Editado: 26.07.2026

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