La brisa genera sonido entre las hojas en aquella tarde primaveral reluciente. El correr del aire refresca el cuerpo en el ambiente caluroso. Dos campistas recorren un sendero embarrado rumbo al lago Nerea: uno de los lagos del bosque adyacente a la periferia de la ciudad para pescar. En el agua abunda una variedad de tamaño de peces. Uno podría raptar un pez grande y cocinarlo para, posteriormente, saborearlo gustosamente.
Entre la maleza y arboles cerca del sendero se escuchan los chapoteos de sus botas. Abunda el lodo causado por la lluvia torrencial del día anterior; una mala suerte para recorrer aquel sendero en ese estado. A cabo de un rato, llegan a una bifurcación que llevan a dos destinos distintos. Francisco saca un mapa y se ubican en el punto que se encuentran.
–Vamos a ver… – Interrumpió el silencio entre ambos–. Según el mapa dice que el de la derecha nos lleva al lago que queremos ir.
Liam reparó detenidamente el sendero mencionado. Entre las hojas se veía el característico lago reluciente. No se imaginaba lo bonito que ha de ser cuando uno está en la orilla y observa en su entorno: pájaros que cantan, la pletórica de vida vegetal que se yerguen en aquel bosque, los peces que ciertas veces saltan de la superficie y un montón de cosas que se puede apreciar por su diversidad natural y su estética confortante y relajante. De pronto, en su interior se generó una chispa de curiosidad por saber el destino del otro sendero. Iba cuesta arriba, cuya dirección señalaba a una de las montañas. Intentó ver la continuación del camino, pero la naturaleza lo impedía.
–Oye, Francisco ¿A qué destino lleva el otro sendero, según el mapa? – Cuestionó mientras seguía intentando ver lo que hay más allá del sendero.
–Déjame ver… –Respondió mientras recorría el sendero con la vista–. Lleva a una torre de vigilancia. ¿Por qué la pregunta?
–Tenía dudas sobre dónde nos lleva, tal vez nos podría acortar la caminata hacia el lago. Pero solo hay una simple torre, nada de importancia.
–Tienes razón. La respuesta ante tu duda no llegó a nada. – Contestó y lanzó unas carcajadas casi inaudibles.
Francisco pliega el mapa y lo guarda. Ambos siguieron su destino con la intención de campar unos tres días y, posteriormente, retirarse para seguir con sus aventuras en el inmenso bosque.