La penumbra del bosque causado por la abundancia de árboles que interrumpen la luz del sol en su demasía emerge figuras humanas con apariencia de envoltura en sus espaldas. Manchadas de charcos relucientes que recorren por sus cuerpos y emitiendo chapoteos por el lodo que marcan el sendero rumbo al lago Nerea. Los campistas acortan distancia al lugar donde se asentarán temporalmente.
A cabo de un rato, salen de la oscuridad a la superficie clara por el sol. Liam ralentiza su rapidez, mientras que Francisco se adelanta en busca de una región cerca de la orilla para asentar su base de campamento, apreciando la perspectiva ante la región dotada de belleza natural que abarcaba. El lago, claro por la primavera, era de mayor amplitud. La maleza y las hojas susurran por la brisa. En un campo libre se sentía demasiado bien lo fresco del viento. Al estar un minuto mirando los detalles Francisco lo arranca de su actitud estética llamándolo.
Liam dirige su mirada a su amigo que se encuentra a 15 metros de la ribera.
– ¡Ven, Liam! –Vociferó Francisco mientras hacía mímica con las manos– ¡Acá va a ser nuestra base!
Inmediatamente Liam se fue al lugar. Ambos dejaron sus mochilas de acampar en el suelo y empezaron a sacar sus cosas para formar y ordenar su posterior base.
Primero sacaron sus propias carpas y empezaron a darle forma; los llevó un buen rato trabajando en ello. Ambos llegaron a un acuerdo para formar la fogata: Francisco recolectará las piedras; Liam, las ramas. Mientras Francisco empezaba a agarrar las piedras en la orilla, Liam se adentraba, otra vez, en el bosque. Por suerte no tuvo que distanciarse mucho de su amigo para finalizar su recolección. A la última rama recogida por él, observó que, entre la maleza, se encontraba una cueva. No tenía carácter de algún tipo de minería en proceso. Sintió una mera curiosidad lo que se podría encontrar, no obstante, lo dejó para otro momento.
Se reencontraron e hicieron la fogata. Apenas empezaba la tarde, así que más luego lo prenderán. Ya era hora del almuerzo; ambos, en su mochila, sacaron su lonchera y, de ahí, su táper que contenía su almuerzo de cada uno. Ambos conversaron mientras disfrutaban de su alimento.
–Espero que podremos capturar unos cuantos peces– indicó Francisco– para la cena.
–No te preocupes, Francisco, acá tienes al mejor si se trata de raptar peces.
Ambos sacaron carcajadas. Cuando Liam volvió a mirar a su amigo, reparó que se presenciaba una persona gorda cerca de la cueva; mas no se pudo identificarlo. Liam dejó de comer para concentrarse en ver quién realmente era. Algo que le quedó claro a Liam es que concluyó que era mujer, por el largo cabello que ondulaba con suavidad por la brisa. Francisco notó dicha conducta y, para reprimir su duda, volteó; observaba lo mismo que Liam. Rápidamente, después de que ambos lo observaran, la mujer entró a la cueva, desapareciendo su presencia en la penumbra.
Liam se paró de manera rápida, dejando su táper en el suelo; olvidándose de taparlo por la conmoción silenciosa que le impactó.
– ¿En serio que hay alguien por acá…? – Indicó Liam; lo invadía la confusión.
–No está alucinando… Realmente hay alguien acá.
Se prepararon para averiguar quién era aquella persona: llevaron consigo linternas y navajas por seguridad. Fueron a la cueva con un miedo, generando estremecimiento, ante la posibilidad de que se presente un peligro grave.
«– Espero que no seas una mala persona… No quisiera que esto salga mal…» Aspiró Liam.
Se pararon frente a la oscuridad devoradora. Francisco dio dos pasos adelante, acercándose a la penumbra, y prendió su linterna. La luz de su linterna no iluminaba todo el camino; todavía sólo había oscuridad de forma circular rocoso. Tenía en la mano su navaja.
– ¡Ya te hemos visto! ¡Sal de ahí que no te haremos nada! – Vociferó Francisco.
Tras la vociferación se emitió su eco: con eso concluye que no es un camino corto y simple. Sin embargo, dicha persona no se emergió de la oscuridad: No hubo respuesta. Francisco suspiró y miró a su amigo mientras seguía orientando su linterna adentro de la cueva.
–Tendremos que entrar –afirmó seriamente–. No podemos estar con esta incertidumbre. No sabemos si en la noche nos atacará desprevenidos.
El silencio invadió entre ellos un rato. Después, Liam asintió y entraron juntos a la cueva. La luz del sol se desvanecía tras su camino; pronto la oscuridad agarrará mayor intensidad. El sonido áspero de sus botas empezaba agarrar protagonismo en el entorno, además de sus ecos. Alrededor se presentaba algunas grietas y telarañas: algunas dando movimientos como hilos por la poca brisa que llegaba.
Conforme avanzaba el tiempo, Francisco hizo reminiscencia de su mapa sacada en aquella vez para ubicarse y orientarse al lago. Recordaba que, cerca del lago, no se encontraba un símbolo de cueva, o algo parecido. Esto le generó dudas al respecto: ¿Cuántos años pasó para el mapeo geográfico de la región? ¿En realidad pasó lo suficiente para que se forme dicha cueva, o no se percataron de su existencia? «–Sea cual sea el motivo, acá se presencia realmente una cueva, y no una alucinación de ambos» Supone Francisco.
A pesar de ello, Francisco insistía alguna señal de la mujer, forjado ante una posible respuesta; mientras Liam observa alrededor por si encontraba algo novedoso. Mientras avanzaban, poco a poco emergía tenuemente la figura de un niño. Francisco se detuvo ante su aparición y se lo informó a Liam. Su amigo miró con asombro y confusión.
– ¡¿Oye, niño, ¡¿Qué haces aquí?!
Tras unos segundos no hubo respuesta. Ante ese hecho se le acabó la paciencia; Francisco se adelantó con agudeza hacia el niño para identificar su rostro, mientras que Liam Sólo se limitó a mirar.
– ¡Oye niño, acaso no me escuchas o qué! ¡TE ESTOY HABLANDO!
Liam escuchó un gruñido áspero y profundo en la vociferación de su amigo. Inmediatamente sus linternas empezaron a fallar, parpadeante, y se apagaron, junto con la risa del propio niño, quedando plenamente sumergidos en la oscuridad y escuchando pasos del sobredicho niño como si estuviera huyendo de ellos. Y tras unos segundos, las linternas ya funcionaban. Francisco buscaba al niño misterioso; no obstante, desapareció después del hecho paranormal.