Una facción de jóvenes pedalea por una carretera curveada y periférica de Maston. Ellos ya se encuentran más cerca del bosque. La brisa agarra fuerza por el aumento de altitud a comparación cuando estaban organizándose y memorizando el recorrido.
Uriel se encuentra atrás de dicho grupo, cuyo liderazgo se le atribuya a Elian, donde ve la ciudad desde algo lejos. No tiene problemas en estar mirando el entorno, ya que no suele pasar muchos vehículos para irrumpirlo en su actitud estética. La carretera asfaltada presenta barandal para el peligro que presenta la pendiente alta, peligroso que a uno puede sufrir diversas lesiones graves, hasta la muerte.
El estremecimiento por el miedo ha desaparecido; apaciguado por el acompañamiento de sus amigos y el empiezo a acostumbrarse a la naturaleza. Ya no suele estar invadido de sus pensamientos, sino en curiosear lo que puede encontrarse alrededor, esperando que tal cosa descubierta no sea algo horripilante.
– ¡Giren a la derecha! – Vociferó Elian
Todo el grupo giraron a la derecha, dejando de lado a la ciudad. Uriel ahora ve abundancia de malezas y árboles si mirase hacia la derecha o izquierda. Se exhibía que la tierra todavía estaba húmeda, mas las hojas ya estaban por secarse. Lo malo, para Uriel, de ir a esta hora es que los rayos solares impedían ver bien a sus amigos y posterior a ellos; un venado pasó enfrente de ellos y él no se dio cuenta.
Sus amigos se detuvieron en la entrada de un sendero; Uriel casi se pasa de ellos. Se acercó a ellos, aún montado en su bicicleta, y vio el sendero. Presentaba una pendiente arriba de manera suave. Se manifestaba charcos, óbices para su recorrido amenazándolos en mancharse la ropa y la caída resbaladiza, hasta posiblemente estancarse en ella.
– ¡Vaya! Hay muchos charcos como para que Daila se retire para evitar que se ensucie –Indicó Iker, mirando a Daila con expresión de burla.
– ¡Cállate! – repuso Dalia– ¿Quién dijo que me voy a ir? No soy una chica delicada para hacer eso. Además, cuida tu ropa en no mancharse, o si no te van a castigar tus papis.
Dicha recomendación enfureció a Iker mientras que Daila reía. Ambos empezaban en una discusión al mismo tiempo que los dos restantes, Uriel y Elian, observaban. No obstante, Elian rompió el rol de espectador e intervino en el conflicto, diciéndoles que se calmen y logrando apaciguarlos. Siempre en estos conflictos usualmente es Iker quien es el provocador mediante sus chistes y burlas.
–Por acá –indicó Elian– es el camino para llegar a la torre de vigilancia. En cierto punto el sendero se dividirá en 2; giraremos a la izquierda y después llegaremos a la torre. ¿Entendido?
Todos asintieron y empezaron a pedalear con gran dificultad por el sendero. Las ruedas de sus bicicletas se mancharon casi en su totalidad rápidamente. Uriel estuvo aliviado de no haberlo lavado ayer. Cuando toca el turno de lavar su bicicleta la pereza lo invade y es difícil para él hacer dicho deber, además de cambiarse ya que suele mojarse. Sin embargo, sus padres lo regañarían por salir con una bicicleta muy sucia y no realizar sus responsabilidades.
Avanzaron hasta llegar a la bifurcación, giraron a la izquierda siguiendo el recorrido que posteriormente terminará a la torre, desapareciendo entre la maleza predominante del bosque. A cabo de un tiempo, otro grupo de jóvenes llegaron a la bifurcación con sus bicicletas. Era el grupo de los matones. Bruno aspiraba vengarse del grupo, especialmente de Uriel. Enzo y Sebastián llevaban navajas; por otro lado, Bruno traía una pistola sarsilmaz k12 sport sacado en la habitación de su padre.
Bruno observó los dos senderos. Él no tenía idea el rumbo de los chicos; en consecuencia, no sabría elegir por cuál de los dos ir. Miró el suelo y se exhibían surcos amontonados hacia ambos caminos: por ello se dificultó ver cuál era el rastro de las bicicletas que pasaron por acá. Sin la información del destino de ambos senderos optó por preguntar a sus colegas.
– ¿Ustedes saben dónde llevan estos dos senderos?
Se quedó mirando a sus compañeros en busca de la respuesta. Uno de ellos dispuso a contestarle.
–El de la izquierda –Respondió Enzo–, que yo sepa, lleva a una de las torres de vigilancia.
–Entonces el de la derecha lleva al lago Nerea, supongo. – Concluyó Sebastián.
Enzo Asintió.
Ya con la información asimilada, pensó un rato el rumbo de los chicos. Si iban a un bosque entre amigos, era obvio que van a las riberas del lago Nerea, lugar donde se puede pescar y divertirse entre ellos. Además, es un buen lugar para campar. Por otro lado, lleva a una de las torres de vigilancia del bosque. ¿Qué harían ellos en una de las torres? ¿A robar? Bruno tenía entendido que los chicos no estaban con ese hábito de robar y huir con riquezas.
Por lógica de Bruno fue con sus colegas al sendero de la derecha, con certeza de que realmente encontrará a los chicos y se vengará de una manera satisfactoria, donde nadie, excepto sus amigos, serán testigos del crimen. No dejará ni uno vivo para ser reportado por la policía y ser encarcelado por muchos años, o tal vez de manera permanente.