Torre Desventurada

La Torre

La torre forestal se exhibe arraigada en un terraplén, cuya naturaleza lisonjea a la dichosa torre con la amenidad del murmullo de las hojas. En aquel atardecer despejado, albergadas en el enorme cielo con algunas nubes blancas, relucientes ante el sol, se pinta un afín de su figura, sombreando el sendero que conecta la carretera asfaltada y sobredicha torre. En cuyo sendero, que la parte extrema del sendero; es decir, cerca de la torre, está seca por la caída abundante y directa de los rayos solares, aparecen los jóvenes entusiasmados montando sus bicicletas lodosas, embarrando el sendero con las ruedas.

El grupo se detuvieron y estacionaron sus bicicletas; Uriel irguió el suyo cerca de un pino, junto a la de Iker. Se pararon frente a la torre y observaron. La torre, por la perspectiva lejana desde la ciudad, sorprendente era alto; era como un gigante en frente de unos niños inofensivos. En la cima, donde se hace toda la operación, está tapado al parecer por cortinas roller. Debajo de la cabecilla de la torre se exhibían unos recursos como maderas y depósitos de plástico, junto a un baño portátil.

Posteriormente empezaron a subir por la escalera en L de manera repetida, de metal. El barandal apenas se movía -en pocas áreas estaban oxidadas-. Uriel iba a último de costumbre. Debajo de sus amigos intentaba ver la ciudad. En la tercera vuelta logró ver, sin obstáculos, su ciudad natal. Era hermoso con los árboles y montañas asediando la ciudad. Además, había un sentir raro al estar allí, lejos de la ciudad. Sus padres, sus compañeros de la escuela, profesores y todos los conocidos estaban lejos de él. Si alguno de los mencionados le pasase algo, la gente lo podía notar y ayudarlos, sin estar muriendo de agonía eternamente. Sin embargo, Él y sus amigos no estaban rodeados de la muchedumbre, así que, si algo le pasa a uno de ellos, o a todos, nadie lo notaría, nadie lo ayudaría, no habrá nadie que afirme sus muertes, mientras siguen en investigación por reportes de desaparición.

–Esto será rápido –Pensó de manera sentenciosa Uriel–. Sólo es, posiblemente, una hora. Después, ya estaré en casa…

Los chicos llegaron a la cima y se detuvieron frente a la puerta. La puerta presentaba una ventana que se podría ver adentro. Sin embargo, por el sol se oscurecía y no se podía ver bien. Sin embargo, lo que logró ver Elian fue una mesa con papeles como periódicos y una taza, lo demás se perdía en la penumbra. Elian pensó en romper la ventana a puño y abrir la puerta; no obstante, tuvo conciencia de la consecuencia conllevada posteriormente: se podría cortar con levedad o, de mayor posibilidad, que el corte sea profundo, generando así una hemorragia y más adelante su muerte inundada de agonía.

–Oigan…–Dijo Elian mientras miraba a la ventana–, pensaba en romper la ventana a puño, pero eso sería peligroso.

Iker lanzó unas leves carcajadas.

–No en vano traje esto, ¿cierto?

Elian observó la piedra siendo lanzado a poca altura varias veces por Iker. Romper la ventana con lo que tenía Iker no se lo habría ocurrido en ese mismo instante. Cogió la piedra e impulsó contra la ventana, quebrantándolo en pedazos filosos y sucios. Rompió los pedazos restantes adheridos a la puerta para evitar cortes y abrió la puerta. Todos entraron mientras los restos de la ventana destrozada resonaba con sus zapatillas.

Se encontraron con varias cosas: una cama, la mesa que Elian vio con, efectivamente, periódicos y una taza vacía, una radio junto a un monitor puesta encima de otra mesa de madera de escritorio con algunas hojas de papel, una caja fuerte y un espacio de cocina. También se encontraban botellas y latas en los suelos, pero no en abundancia, cerca de las paredes.

Los chicos dejaron sus mochilas en la cama, abrieron las cortinas, dejando entrar la luz del sol, y empezaron a inspeccionar el lugar. Iker primero empezó a inspeccionar el escritorio. La radio apagada, un micrófono y una pantalla. Debajo había unas 3 cajas en los cuales abrió y encontró más documentos. Por suerte encontró unas monedas.

–¡Miren lo que encontré! –Mencionó mientras mostraba a todos las monedas.

Todos vieron y Uriel se acercó.

– ¿M-monedas?

–No baboso– repuso Iker entre carcajadas–, son chocolates en forma de monedas. ¿Acaso no lo estás viendo con tus PROPIOS ojos?

Uriel enfurecido, pero sin nada que hacer. Siguieron buscando por los cajones y encontraron una billetera que guardaban unos dólares. Todos se acercaron para divisar la cantidad que obtuvieron. Daila fue la que dio la respuesta total de ello.

–Son unos 355 dólares – indicó Daila– más las monedas que encontraste: unos 1.5 dólares. Entonces la suma total sería 356.5 dólares.

– ¡Vaya! – Exclamó Iker– ¡La señorita Daila nació para contabilidad, qué sorpresa!

–Mejor que tú, sí. – Repuso con una severa sonrisa.

Todos carcajearon, mientras que Iker solo le limitaba a observar molesto.

Tras el encuentro de una buena cantidad de dólares los amigos se esparcieron por la pequeña habitación. Daila y Elian en la cocina; Iker, en el escritorio; y Uriel, en la mesa central. Daila y su compañero encontraron alimentos enlatados y algunas barras de chocolates; con confianza agarraron las barras, creyendo que el guardia nocturno no se dará cuenta, y lo comieron, compartiendo los restantes a sus dos compañeros.

Uriel, mientras saboreaba el chocolate, observó entre los periódicos noticias de desapariciones y circunstancias anormales que pasaron ciertas personas. Entre ellas está un grupo, entre alumnos y maestros, desaparecidos tras la salida a un campamento en el bosque, cerca del lago Nerea, noticia que lo conmocionó. Este hecho funesto y peregrino no lo podría creerlo. No obstante, intentó apaciguarse por el hecho que no durará más de una hora sobredicha aventura. Después siguió observando otras noticias esparcidas en la mesa.

Al otro lado, Iker observaba los documentos en el escritorio, los cuales eran registros por el guardia ante las observaciones de la torre forestal, e intentó encender la computadora. No hubo respuesta. Infirió que, tras ver un regenerador, no había corriente. Él no sabía cómo encender uno, ni lo intentaría hacerlo.



#84 en Terror

En el texto hay: aventura, desgracia, monstruo

Editado: 26.07.2026

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