Torre Desventurada

Cambio

El día matinal era frío. Las nubes grisáceas tapan el enorme Urano: admirable en el verano., y el aire helado que recorre las calles casi carentes de personas y vehículos. Bruno corría en la vereda rumbo a su escuela; ya era 15 minutos tarde en ese instante. Bruno, quien vestía de una parka negra con la capucha acolchada y su uniforme escolar, agradecido que hoy, según su horario, no le tocaba educación física, sino tendría que llevar el short de deporte, esperaba que no le riñese el profesor de sociales, quien suele ser estricto con los estudiantes de secundaria respecto a la puntualidad, aun hacia los trabajos para los estudiantes.

Entra a su escuela y recorre el pasillo, donde la temperatura no es tan baja y donde uno podría quitarse la chaqueta sin que el frío lo agobie. Sin embargo, aquel día hay algo que lo preocupase más que el inmenso frío.

Entra a su salón y observa que el profesor todavía no llega; aunque sea algo extravagante, le surgió un alivio apaciguando el corazón acelerado. Se sienta a una carpeta cerca de la ventana y deja su mochila en el suelo. Divisa entre sus compañeros para matar la intriga si una persona en particular estaba allí. No lo encontró. Vio entre las mochilas si estaba el de su mochila. Tampoco.

«– Espero que no venga…» Se dijo así mismo en voz casi inaudible.

Aquel año, Bruno estaba iniciando como estudiante de primer año de secundaria: etapa para la preparación universitaria con trabajos más rigurosos y estrictos que los de la primaria. Todavía no estaba acostumbrado en ello y le presentaba una dificultad para aprenderse los nuevos temas y los nuevos tipos de formatos para los trabajos. Entre sus compañeros él es un estudiante promedio, siendo física, entre todos los cursos, su favorito, ya que consta de memorizar fórmulas y aplicarlas en los ejercicios; típico de alguien que mecaniza la aplicación, aunque este juicio de valor no le importa en absoluto, viniendo a la escuela sólo para aprender, no para blasonar ser alguien superior por sus logros y dotación de la erudición.

Alguien toca su hombro por detrás.

¿Estás bien? – Preguntó.

Este contacto repentino lo asustó, pero no lo exhibió de manera notable. Volvió y sonrió, lanzando unas pequeñas carcajadas.

–No te había visto, Lorenzo.

– ¿Cómo que no? Si estoy sentado detrás de ti.

–De verdad que no te había visto.

Hubo un momento de silencio. Después, Lorenzo lo quebró.

– ¿Estás preocupado?

Lo pensó. Esta decisión de decirle o no le conllevó suficiente tiempo para que, a pesar de decirle no, infiera de que sí pasa algo.

–Sí… Pero es algo que no quiero contar.

–Oh…, está bien. Pero recuerda que estoy aquí para escucharte.

Bruno asintió. Después Lorenzo entabló otro tema de conversación y así se pasaron hablando unos cuantos minutos antes de que llegase el profesor.

Todos se levantaron a saludarlo y, tras ello, se ubicaron a sus respectivos asientos. El profesor William, quien dota de vestimenta prudente y elegante: traje de saco y camisa de vestir azules marinos, en una muñeca sujeta su reloj plateado, anillo dorado en el dedo anular y lentes de descanso, sacó sus materiales y empezó a escribir en la pizarra verde de tiza el título correspondiente.

Poco antes que completase sobredicho título, por la puerta apareció el estudiante Marco, expresión agobiante exhibida por el frío a causa del menester de abrigo.

–Buenos días profesor – rompió la ausencia de ruido en el salón–, perdona por la tardanza, ¿me permite pasar?

No hubo respuesta por parte de William y prosiguió terminar de escribir, sin importarle el asunto.

Bruno lo divisó y el corazón se le aceleró; la anterior dicha persona que no aspiraba que viniese llegó. Él y Marco poseían un asunto por resolver: no se pudo por las faltas de asistencia por parte de Bruno. El pensamiento sobre el qué hacer le hostigaba a tal punto que durante las demás clases tuvo una pérdida de concentración.

El profesor William termina de escribir en el pizarrón y vuelve al asiento de profesor, consintiendo que Marco pueda pasar. Este pasa y se sienta al otro polo con respecto a Bruno. La angustia de Bruno era abrumadora.

A inicios de clases, Bruno había entrado a esta escuela, nueva para él y un cambio radical por subir un peldaño a lo académico y a lo desprovisto de amigos, quedados en la reminiscencia de su anterior escuela, y, para remediar dicha carencia, empezó su conducta social conociendo a varios de los presentes: no solamente de su mismo salón. Entre ellos está Marco, malévolo e incorporado en un grupo de 4 chicos que se podrían calificar como pandilla. Aunque no lo note dentro de la escuela, tanto su conducta como su aspecto fraudulento, suele resolver asuntos pendientes afuera de ella, siendo discreto en no mostrar lo que realmente es, junto a su facción.

Marco fue el primero en iniciar la comunicación con Bruno, interesándose por las buenas notas que sacaba y sojuzgándolo a la fuerza, amenazándole si algo no cumple o no le es grato, tendría problemas con ellos afuera de la institución. El afectado pensaba en decirle al directo o algún profesor, o alguna autoridad en el colegio; sin embargo, no tendría sentido acusarlo si no presenta conductas desaprobadas dentro de ello. Así que, cuyo dilema es enfrentarlo o subsistir en cautiverio, decidió acostumbrarse al trato de la servidumbre.

Y, aunque hiciere lo que lo agrade, no se salvaría del agravio. En ciertos momentos a Marco se le surge la necesidad de jugar y agraviar a Bruno; en estas circunstancias no tendría sentido mantenerse en el sojuzgo. Así que, desde allí, surgió conflicto entre el grupo y Bruno; este nunca ganaba por la ventaja enumerativa de personas, pero mayormente la vida le daba oportunidad de escapar. Ahora, es demasiado probable que el grupo de Marco cierren las cuentas con Bruno.

Por el norte se escuchan unos estruendos de truenos vigorosos; la lluvia pronto iba a preludiar con rapidez. Las clases matinales habían finalizado y Bruno, acompañado con su amigo Lorenzo, caminaba por la vereda fría rumbo a su hogar. Ambos, al escuchar dicho estruendo impetuoso, se apresuraron a llegar. Sin embargo, Marco y sus acompañantes surgieron a la escena en la intersección de dos carreteras de cemento, a la derecha de ello, tapado por una tienda de muebles ya cerrado en ese entonces. Aquella aparición inesperada espantó a los jóvenes; un lío por arreglar, óbice de su caminata.



#84 en Terror

En el texto hay: aventura, desgracia, monstruo

Editado: 26.07.2026

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