Torre Desventurada

Inconcebible

…Lanzó vehemente el objeto pétreo hacia el lago, formando y expandiendo hondas trastornadas e inquietas. Bruno se encontraba estresado y agobiado por el trabajo de encontrarlos en aquel lugar; lo único que encontraron eran objetos de campar, como las grandes mochilas y una fogata opaca y sin fuego flamante, pero desprovisto de barruntos de sus presencias. Cansado de ello, llama a sus amigos para que se retiren. En su caminata corta hacia sus bicicletas, mirando el suelo reluciente manchado de sombras de hojas y la de ellos, con las manos en los bolsillos presionando y formando puño, dijo con decepción y sin energías:

–Lástima que no los encontramos…

Silencio prevalece y acorta la distancia. Su mente logística actuó y se le pareció coherente esperarlos por algún lugar, ya que, poco antes de la puesta del sol, saldrían ellos del bosque y los atraparía para ya satisfacer su menester.

–Pero lo esperaremos hasta que salgan. No se van a escapar…– Musitó casi audible para sus amigos y la voz incrementó su energía a pesar de que sea leve.

Ya en el lugar donde sus bicicletas estaban erguidas, hizo ademán de asir el manubrio; pero dicho acto fue interrumpido por una voz salido detrás de ellos, fue una voz impetuosa.

– ¡Oigan, ustedes tres! ¿¡Qué hacen aquí!?

Todo el grupo voltearon y vieron dos personas mirándolos, dos personas vestidas de algún tipo de campista; ambos exhibían su alborozada por alguna razón. Bruno infirió al instante que dichos campistas eran dueños de las cosas que estaban yaciendo en el suelo. Alejó su mano del manubrio e indicó a los chicos de su lado que se quedasen allí y se acercó a los campistas, sin decirles ni responderles nada. Pausó su caminata y miró, fijándose a quien lo preguntó; es decir, a Liam. Singularmente el sonido de la brisa y la canta de las hojas eran los que intervenían entre ellos y en el silencio de ambos. Después habló Bruno.

–Estoy buscando a mi hermano que se fue con su grupo de amigos aquí en el bosque ¿Tú o tu amigo de atrás habían visto a unos jóvenes por acá?

–Un grupo de amigos… Déjame recordarlo.

Y, durante su reminiscencia, pensó en la presencia repentina de ambos tipos. Él y sus amigos habían estado buscando alrededor del bosque: entre la maleza y los árboles, pero su aparición repentina es dudable. ¿O acaso, tras la decadencia de su identidad, infiere y duda en vano?

– ¡Ah, ya me acordé! –irrumpió en sus pensamientos– Deben estar allá.

Aludió con el dedo hacia una cueva pétrea casi escondida por la maleza.

–Esos chicos habían entrado en esa cueva, pero no sé para qué; seguro la curiosidad entre los jóvenes. –Sonrió.

Ya dado cuenta Liam a Bruno sobre los chicos, este volteó hacia sus colegas y los indicó a que le siguiese, sin antes mostrar gratitud hacia el campista Liam. Caminaron hasta la penumbra de la oquedad. Ante la impresión formidable la facción exhibía un continente medroso; el material pétreo y con posesión de grietas que a uno podría incomodarle por la presencia de algunas telarañas en los bordes, y otras sedas meneando como hebras por la brisa. Bruno se acercó y dio un vocifero, la voz resonaba y la caminata dentro de la cueva daba barruntos de ser largo. Él volteó y miró a Sebastián.

–Oye, vuélvete al lugar donde están los campistas y pídeles prestado unas tres linternas, si es que tienes. En esta cueva va a durar un buen tiempo la caminata.

Sebastián convenió en ello y asintió. Volviendo a la zona donde aparecieron los campistas lo único que encontró fue las mismas mochilas de campar tiradas en el suelo granular. Hizo un llamado a ellos cual un heraldo en el ágora; pero nadie atendió a ello. Miró el contorno y no los encontró ni lejos ni cerca. Dicho atisbo le extrañaba, pero no le dio importancia y buscó en las mochilas dichas linternas. En una encontró solo una linterna; lo mismo para la otra. Eran tres y asía dos, así que eso conlleva a que uno, con menester de ello, tendrá que ser dependiente de alguien. Lo usurpó y se fue con sus amigos.

Llegó y explicó el caso adefesio de un desprovisto de la presencia de los campistas; este hecho le dio poca importancia Bruno y Enzo. Se lo dio a Bruno la otra linterna, y Enzo estiraba el brazo haciendo ademán de recibir el suyo. Sin embargo, explicó que solo hay dos y el que debería carecer de dicho objeto era Enzo; con ello comenzó un breve polemo por posesión.

– ¡Yo lo debería tener porque yo había ido a buscar las linternas! – Argumentó Sebastián, apartando el objeto de Enzo.

– ¡Te encargaste de ir a buscar las linternas, ahora deberías darme a mí, ¿o acaso eso no tiene sentido lo que digo?! – Replicó.

El conflicto se intensificaba, a tal punto que por poco se llegaba a los golpes, pero Bruno intervino en ello exclamándoles y, al final, el que llevaría la linterna sería Sebastián. Enzo se limitó a divisar y asentir con resentimiento. Encendieron las linternas y preludiaron la caminata. Sebastián y Bruno iban pistola con cinco balas ya prestas, Enzo, por no tener una linterna, los seguía por atrás. Bruno ya tenía en la mano la navaja, por si los chicos supieran que ellos están allí y atacaran desprevenidos; los demás también asían sus propias navajas.

Los pasos resonaban dentro de la oquedad pétrea. Bruno estaba entusiasmado por encontrarlos y así satisfacer su meliflua y flamante venganza, a pesar de que el lugar donde está lo abrume y le confunda por hundirse en la oscuridad. Ciertos momentos la luz de la linterna bajaba su brillo de manera aleatoria, lo bueno que es de pocos segundos. No obstante, en cierto momento donde ambas linternas se apagaron por completo, después de unos parpadeos no tenues; esto igualmente el dominio de la oscuridad no duraba ni cinco segundos. Esto no lo han de importar y siguieron su caminata.

Se detuvieron y presenciaron una bifurcación: uno que seguía la misma línea recta por donde avanzaron, y otro que va a la derecha. A la izquierda había cierta línea ondulada manchada por algún tipo de pintura negra, cual si fuera carbón. Bruno direccionó su fuente de luz a ambas direcciones, pero no hubo información nueva, ya que se notaba que sería una caminata, afín por la que entró, larga. Con ello la incertidumbre lo invadió y tuvo que decidirlo entre ellos; Sebastián fue el primero quien ha pedido su opinión.



#84 en Terror

En el texto hay: aventura, desgracia, monstruo

Editado: 26.07.2026

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