…Disparó con gran gusto al monstruo, siendo jefe de un videojuego, con buena precisión que tal juego le ha otorgado una medalla y alto puntaje cual si fueran experiencias; dichoso logro le ha exaltado y llenar de amenidad a Iker, dando así graciosos saltos de júbilo. Aquel contorno donde se hallaban los entretenidos jóvenes era un salón recreativo; donde, con demasía, se encontraban diversas máquinas de juegos cerca de las paredes, asimismo que en ciertos puntos en donde deberían estar enhiestos de manera atractiva sobredichas máquinas estaban unas mesas de plástico blanco: allí se encontraron una pletórica de golosinas y dulces: caramelos, chocolates, palomitas y así un sinnúmero de ello, donde cada uno lo asieron con ímpetu , y, en el centro, una mesa de billar con superficie verdosa. No obstante, este último no ha captado la atención de los curiosos chicos y ha sido aislado por ellos, a menos que las ganas de jugar con ello donosa y vehemente surgiera imprevisto en el interior de ellos.
–¡Ahora es mi turno de jugar en el siguiente nivel, Iker! – Vociferó Uriel, quien se encontraba a la izquierda de Iker, observando con atención el videojuego y lo que caracterizaba al juego.
Lo apartó y preludió a jugar en ello; mientras Iker, con gran impaciencia, se limitó a observar y a hablar sobre ello. A la derecha de ambos se encontraba los otros dos, pero esta vez no estaban juntos en una misma máquina. Uriel jugaba un videojuego de combate individual, y, por otro lado, Daila se entretenía con el celebérrimo Pac-Man.
En el salón se ubicaban unos pares de fluorescentes que emitían luz violeta neón, dando así un estilo arcade en lo ordinario. Además, dichas luces suscitaban en los adolescentes un paradigma no real, cual si todo lo que están viviendo estuvieran dentro de un profundo sueño divertido. Esto causaba el deleite donoso y feroz entretenimiento, junto con las máquinas y los dulces, que todos tendían a solazarse y a quedarse durante largas y rápidas horas. No obstante, tampoco son portadores de energía infinita para nunca cansarse de ello.
Posteriormente, sus emociones, agitados por gran diversión suscitados por la diversidad de videojuegos, y sus energías se han desgastado; la incertidumbre sobre la hora y cuánto tiempo se quedaron allí prevalecía en ellos. Uriel, en una esquina y comiendo golosinas, divisó una segunda puerta opuesta a la entrada del salón; Parando mientes sobre lo que había detrás de ello hizo reminiscencia sobre que, cuando ya había entrado, reparó aquella puerta ya puesta su atención, pero en aquel entonces las máquinas de juegos y la abundancia de golosinas y dulces le ha desgarrado la atención hacia la puerta y siendo puesta el enfoque principal de su realidad en el entorno; lo mismo pasó en los demás. Caminó, en el yugo de la curiosidad, hacia la puerta, dando pasos leves y lentos, al mismo tiempo que los otros, a pesar de un acrecentado desgaste de energía, seguían enfocados en las máquinas, pero reunidos para esperar su turno en jugar en un singular juego, siquiera aburridos. No se dieron cuenta que Uriel se aproximaba a la misteriosa puerta, por ahora, ya que, hasta siquiera haber acortado una significante distancia, Elian, quien estaba esperando para jugar junto a Daila, atisbó su cercanía. No obstante, en una desorientación feroz y grande no le ha dado importancia sobre ello y volvió a enfocarse en el videojuego, al parecer.
La sombra de Uriel cayó sobre la puerta de madera blanca. Con fuerte suspiro asió la manija y giró, abriendo y exhibiéndose una extensa región con paredes y suelos de azulejos blancos y refulgentes, donde si uno siguiera caminando caería hacia la gran altura que había allí: de manera abrupta e inmediata el suelo desaparecía después de la puerta. Uriel se ladeó hacia ello y abajo se podía observar agua de continente limpia, donde, más adelante, se distribuiría hacia una encrucijada de 3 caminos - estos caminos eran rectangulares, cuyo suelo era el ancho y las paredes la longitud que se manifestaba con gran extensión, desde el suelo hasta el techo azulejo-, disipándose en la penumbra. No mero asombro surgió en él, aun miedo, mucho miedo. Sumido en ello y petrificado, no supo qué hacer y se limitó a atisbar dicha región liminal. Inmediatamente, las aguas sosegadas dejaron de esta apaciguadas y empezaron a exhibir pequeñas olas trastornadas, donde el causando de ello se encontraba dentro del vasta oscuridad, además que suscitaba un temblor cada vez más intenso; aún así, Uriel se quedaba quieto y dando fuertes respiraciones e incrementando su angustiante ansiedad.
Un gruñido leve y profundo surgió en las sombras, y el movimiento de las olas y el minucioso temblor agarraron ímpetu. Unas luces tenues aparecieron en el camino del medio, y, ya habiendo barruntos de que se revelara aquella criatura escondida, alguien lo jaló hacia el salón y cerró vehemente la puerta. Cayó de manera seca, generándole gran dolor en los glúteos, y reparó a la persona que impidió que mirase tal cosa: Elian. Pero no era el único que estaba, sino sus otros compañeros estaban allí, rodeándole. Elian se agachó y agarró a Uriel de los hombros.
–¿Estás bien, amigo? – Preguntó con suavidad.
Desprovisto de respuesta por parte del receptor hubo. Prevaleció el silencio mientras que Elian lo seguía mirando con concentrada atención y con preocupación. Al cabo de un rato, Elian rompió aquel silencio.
–Yo también lo sentí – confirmó sentenciosamente, y Uriel, quien poseía una mirada desorientada, ha dirigido su mirada hacia él-. Es decir, el pequeño temblor he sentido… y los demás también. Te vi frente a la puerta cuando pasaba eso, y no entendía sobre qué estaba pasando; por suerte te saqué de allí y no te pasó nada malo. Ahora, quiero que me digas lo que habías visto.
Hace un momento sus amigos estaban desorientados y en sinrazón suscitado por estar jugando en las máquinas por un largo tiempo; Uriel atisbó que ahora entraron en razón y que, ahora realmente le podrían ayudar en ello, tuvo que decirles la veracidad.