Tour Del Amor

Capítulo 10

ELIZABETH Y ANTONIO

La feliz pareja persigue al muchacho que lleva sus maletas a su camarote correspondiente. Un servicio otorgado por la agencia que planificó su viaje en ese tour escogido. ¡Qué mejor plan para disfrutar una segunda luna de miel!

La primera fue un rotundo fracaso. Hotel económico, sábanas usadas, baño sin agua caliente, y muchísimas carencias para celebraciones de luna de miel.

  • ¡Elizabeth, entra... mira esto, querida! -dice Antonio sacando de sus pensamientos.
  • ¡¡Por Dios Santo!! -exclama observándolo todo.
  • ¡Todo esto es un lujo! -exclama Antonio probando la mullida cama.
  • Espero que disfruten la estadía, señor y señora -dice el muchacho acomodando la última maleta.
  • ¿Estás seguro que esta habitación es nuestra? -pregunta Elizabeth acercándose a la ventana.
  • Sí, es la habitación correcta -contesta otra voz. Elizabeth voltea.
  • ¡¡Amiga!! -exclama Elizabeth recibiendo contenta a Cristina.

Ambas se unen en un afectuoso abrazo.

Antonio sonríe mirando a las amigas.

  • ¡Esto está muy lujoso! -opina Antonio.
  • Es la habitación para matrimonios, y además falta la cena -explica Cristina- ...tendrán un amplio menú -agrega.
  • ¿Cuánto costará eso?
  • ¡¡Antonio!!
  • ¡Querida, agotamos lo ahorrado en este viaje!
  • Todo está incluido en el plan Novios que escogieron, no se preocupen por nada, solo disfruten su luna de miel -les cuenta Cristina.
  • ¡Este hombre siempre con la calculadora en la mano! -reclama Elizabeth.
  • No tiene nada de malo hacer las consultas y evitar sorpresas -contesta él elevando los hombros.
  • ¡¡Ahora fui yo quien pudo organizar nuestra luna de miel, ya que el otro viaje estoy tratando de olvidar!! -dice Elizabeth.
  • ¡Eli, no recuerdes eso... ahora solo pásalo bien con tu marido... me retiro, cualquier cosa que necesites no dudes en avisarme! -dice Cristina acercándose a su amiga y luego a Antonio.

Una vez a solas, ella regresa a la ventana para abrirla y presenciar un paisaje marino bastante hermoso y hipnótico. Unos brazos rodean su cintura. Ella se estremece al contacto.

  • Al fin solos, mi amor
  • Antonio, allá abajo nos miran -dice Elizabeth mirando hacia la piscina.
  • Dejalos que me envidien por tener a la más hermosa mujer del mundo, yo soy el hombre con más suerte -dice él besando su cuello aceleró su respiración.
  • ¡Antonio, es temprano, no empieces! -dice ella lanzando una risa coqueta.
  • ¡He esperado mucho! -dice aferrándose más allá cuerpo de su esposa.

La conoce muy bien para saber que su contacto es necesario para ella.

Lo niega. Lo disfraza.

Sin embargo, Elizabeth es de piel.

Ahora que han consolidado su relación en un matrimonio. La timidez no debe existir.

Este viaje debe tener es efecto de contacto íntimo, de unión y sobre todo entrega mutua de amor.

Amor romántico.

Amor bonito.

Amor desenfrenado.

Amor pasional.

Bajaron al salón para comer algo, luego de haber estado retozando en la cama. Estaban muy hambrientos. Pidieron menú contundentes.

Ella lo miraba de reojo, sonríe coqueta.

Él lleva unos segundos más que ella. La miraba embobado. Le gusta esta mujer. Su esposa.

  • ¿Quieres otra cosa? -pregunta Antonio al momento que saca su celular.
  • ¡¡Diablos, no te dejará tranquilo tampoco en esta luna de miel, Antonio!! -dice Elizabeth soltando molesta su tenedor y cuchillo.

Al parecer ese ruido y su voz hizo llamar la atención de algunas personas en las mesas más cercanas.

Ella se dio cuenta bajando la voz, pero no su incomodidad ante ese llamado.

Sabe muy bien quién llamaba.

  • ¡Sí, mamita... estamos muy bien... sí, ella está conmigo... sí, mamita... estoy tomando mi medicina... sí... sí... le diré... ella te manda un beso... y...
  • ¡¡En tus sueños!! -reclama en baja voz.

Antonio demora mucho más tiempo con esa llamada, de lo que Elizabeth ha podido aguantar desde que lo conoce.

La madre, ahora su "suegra", todavía no acepta que su hijo haya escogido a otra chica como esposa. Ella tenía otra candidata, hija de una amiga. Sin embargo, el destino se encargó de arruinar "el perfecto matrimonio".

Enfrascado en esa charla telefónica, olvida a su esposa que terminando de cenar, se levanta para volver a su habitación.

Elizabeth cuenta paso por paso, sumida en sus propios pensamientos, hasta que choca con algo en su camino. Frota su cabeza, levantando la vista.

  • ¡Mis disculpas por mi torpeza! -dice alguien.
  • ¡¡No... yo fui...

Parecia estar al frente de un actor italiano, de esos hombres que solo existen en la televisión. O es lo que ella creía hasta ver a ese desconocido que frotaba su pecho.

  • ¿Así de duro tiene ese pecho? -pregunta ella frotando su cabeza.
  • Hago ejercicios muy a menudo -respondió el hombre.
  • ¿Cómo dice? -consulta ella.
  • Lo duro de mi pecho, como acaba de decir usted -dice el hombre.
  • ¡Maldición, lo dije en voz alta! -exclama sintiendo ardor en sus mejillas.

Una falla en su cerebro que no ha podido superar. Decir lo que está pensando en los momentos que no es necesario hacer.

El hombre sigue frente a ella.

Elizabeth está pegada al piso.

Ahora no sabe si es por la vergüenza, o la admiración que despierta el desconocido.

Voltea hacia su mesa.

Antonio sigue charlando con mamá.

Al girar su cabeza, la mano del hombre estira.

Elizabeth duda.

No se vería bien. Ella casada, sola, charlando con otro hombre.

  • Elizabeth -dice ella estrechando la mano. Educación ante todo.
  • Franco -dice él.

Inesperado fue ver su mano ir directo a los labios de Franco.

Ese saludo sacudió fibras en varias partes de su cuerpo.

Rescatando rápidamente su mano, retrocede.




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