Toxic till the end

6

Había jugado casi toda la noche con mi hermanita y la verdad la pasé muy bien. Nos reímos, inventamos juegos y, por un rato, me olvidé de todo. Cuando desperté, ella seguía en mi cama, abrazando una almohada. Tomé mi teléfono y vi varios mensajes de Leydi.

Decía que quería presentarme a su novio y que estaba emocionada por verme. Le respondí que podía venir como a las siete y pico. Aproveché para contarle lo de mi cita. Me felicitó enseguida y también se disculpó por lo de ayer.

—No hay problema —le escribí—, todo está bien.

Me levanté y fui a bañarme. No duré mucho. Me puse ropa casual y desperté a mi hermanita porque iba a pasar la noche con nuestra tía. La bañé, la cambié y la dejé viendo muñequitos mientras le preparaba su desayuno favorito. Verla feliz me tranquilizaba.

Más tarde preparé su ropita. Al rato llegó mi tía.
—Hola, mi amor, ¿cómo estás? —me dijo, abrazándome.

—Bien, ¿y tú?

—¿Y mi princesa?

—Aquí está —le dije, señalándola.

—Ay, qué hermosa estás, Aitana —le dijo, dándole un abrazo y un beso.

Se fueron y la casa quedó en silencio. Puse música y me puse a bailar. Me encanta tener la casa sola; me hace sentir libre.

Un rato después tocaron la puerta. Eran Leydi y su novio.

—Hola —les dije—, pasen.

Los llevé al patio y les ofrecí bebidas.
—Claro, gracias —dijo él.

Nos sentamos y comenzamos a hablar.
—Así que tú eres Wismeiry —dijo él—. Leydi habla mucho de ti.

—Solo cosas buenas, espero —respondí, riéndome.
—Demasiadas —dijo Leydi—. Siempre me dice que eres la responsable del grupo.

—Eso es mentira —me defendí.

—Ajá —dijo su novio—. ¿Y cómo van las clases?

—Pesadas —respondí—, pero hoy me fue bien en matemáticas, increíblemente.

—Eso sí es un milagro —bromeó Leydi.
—Oye —dijo él—, ¿y qué es eso que escuché de una cita?

Leydi me miró.
—Sí, cuéntale.

—Bueno… —dije—. Un chico me invitó a salir hoy.
—¿Hoy? —preguntó él—. ¿No es un poco rápido?

—Eso mismo le dije —intervino Leydi.

—No es nada serio —respondí—. Solo vamos a pasar el rato.

—Mientras tú estés bien, todo bien —dijo él.

Miré el reloj. Ya eran casi las nueve.

—Oigan, tengo que arreglarme.

—Tranquila —dijo Leydi levantándose—. Nosotros ya nos vamos.
—Sí —dijo su novio—. No queremos llegar tarde.

—Gracias por venir —les dije.
—Disfruta tu cita —me dijo Leydi—. Y escríbeme después.

Los acompañé a la puerta, nos despedimos y cuando se fueron sentí ese silencio raro que viene antes de algo importante.

Subí a mi habitación y saqué la ropa: un conjunto negro con un chaleco rosa. Fui rápido a bañarme. Al salir, hice mi skincare con calma. Me maquillé sin exagerar, pero lo suficiente para sentirme linda.

Estaba nerviosa. Matteo tenía esa sonrisa que me dejaba boba.

Ondulé mi pelo rubio, acomodé mi fleco y me puse crema con aroma a vainilla. Me cambié, busqué mis zapatillas y, justo cuando me estaba echando perfume, escuché el ruido de un carro.

Miré por la ventana. Era Matteo.

Bajé las escaleras rápido, cerré la puerta y fui a abrazarlo.

—Qué guapo estás —le dije.
—Y tú estás bellísima —respondió.
Me abrió la puerta del carro.

—Gracias.

—Te voy a llevar a un lugar que me encanta —dijo.
Dentro del carro sonaba Eminem. Matteo se veía rudo, sexy.

—Tienes buen gusto —le dije en broma.
Sonrió. Por dentro pensé que realmente lo tenía.
Llegamos a un lugar tipo carreras clandestinas. Había carros de carrera, luces, música, gente por todas partes.

—Bienvenida, nena —dijo al bajarse.
—Nunca había estado en algo así —confesé.
Puso su brazo sobre mis hombros.
—Tranquila, estás conmigo.

Caminamos y empezó a saludar a sus amigos.
—Esta es Wismeiry.

. En un momento una chica se acercó a Matteo y le dió un beso en la comisura del labio yo decidí quitarme de ahí me sentí incómoda. Entonces un chico alto, fuerte, lleno de tatuajes se acercó a mí.

—Hola, cariño —dijo—. ¿Estás perdida?
Mi corazón se aceleró.




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