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CAP. 10: Despertar

El sol se filtraba a través de las cortinas blancas, proyectando una luz difusa en la habitación. Ye In se removió entre las sábanas, sintiendo el frescor de la mañana. Se estiró con un alivio placentero; el suave crujir de su cuerpo era el único sonido en la quietud.
Había dormido profundamente. Su mente, por lo general un torbellino, estaba en calma.
Disfrutaba la sensación de despertar sabiendo que ella y Matías habían escrito, la noche anterior, el primer párrafo de su historia. Tras los ventanales, el sol asomaba tras las montañas verdes de Seúl.
—¡Qué día tan maravilloso! —se dijo—. Y más sabiendo que por fin estamos juntos. ¿Será muy temprano para llamarlo? Quiero oír su voz.
Sin embargo, una punzada de ansiedad la recorrió al tomar su teléfono. Se sentó de golpe; las sábanas se deslizaron revelando su camisón blanco. En la pantalla vio una decena de llamadas perdidas de la agencia y mensajes acumulados en KakaoTalk.
—¡DIOS! —el grito rompió la paz de la mañana.
D-Patch, el medio famoso por exponer a las celebridades, había publicado un titular sensacionalista: "Ye In está en una relación con un extranjero".
La nota incluía fotos de su paseo por Gyeongbokgung y aquel beso en la mejilla. Aunque estaban algo borrosas, como si tuvieran un filtro de baja calidad, ella sabía que eran reales.
Los comentarios de los fans eran un caos: "¿Se volvió loca?", "¿Es famoso ese tipo?", "Díganme que es mentira".
Tras llamar a la agencia prometiendo ir de inmediato, las preguntas la ametrallaron: "¿Cómo fui tan descuidada? ¿Qué le diré a Matías? ¿Y si se entera antes de que hable con él?".
El teléfono de Matías vibró mientras él bebía café, sonriendo por el recuerdo del beso. Como si su instinto se hubiera afinado, supo quién era antes de mirar. Sincronizó el teléfono con el traductor y respondió.
—Hola, Ye In.
—Hola, Mati —dijo ella, fingiendo normalidad—. ¿Recuerdas que te conté lo de la agencia el lunes? Hubo un problema y debo ir ahora mismo.
—Espero que no sea nada grave.
—Descuida —mintió—. Cosas del trabajo. Te llamaré lo antes posible.
—Llámame cuando puedas, no te preocupes por mí —dijo él con tono sereno—. Concéntrate en lo tuyo.
—¿Que no me preocupe por ti? —soltó ella con ternura—. Te robaste mi corazón y voy a estar vigilándote para ver cómo lo tratas.
—Está bien —rio él—. Lo trataré con cuidado.
Al cortar, Matías sintió un pálpito extraño. Notó algo en la voz de Ye In que no terminaba de encajar.

Mientras tanto, el sol brillaba sobre el edificio de Prince Entertainment, una estructura moderna de ladrillo y cristal que se alzaba como un castillo en medio de Seúl.
Ye In recorrió los pasillos fríos haciendo eco en el suelo de madera. Al fondo, una figura la esperaba con los brazos cruzados.
—¿Es verdad? ¿Eres tú la de las fotos? —preguntó con brusquedad Byeol, la bailarina principal de B6.
—Sí, soy yo —respondió Ye In bajando la mirada como ante un jurado.
—¡¿En qué diablos pensabas?! —espetó Byeol.
—¡Ey, no seas tan ruda! —intervino Kimy, líder del grupo y mejor amiga de Ye In.
—Somos un grupo— continuba Byeol—La reputación de una nos afecta a todas.
—Es verdad, son un grupo. Actúen como tal y apóyense —resonó una voz madura. Era Park Sun Mi, la manager.— Ye In, a la oficina.
Sun Mi era una mujer astuta, alta y elegante, de esas mujeres de una belleza tan bien cuidada que obligan a adivinar su edad. Mientras caminaban, le aconsejó:
—Cuando entremos, di que sí a todo. No se te ocurra discutir.
Ambas entraron a un despacho moderno, con vistas a la ciudad. La luz de la mañana se filtraba por los ventanales y alargaba las sombras sobre el suelo pulido.
El señor Kim Seung, impecable en su traje, estaba sentado tras su escritorio de metal y cristal, concentrado en la pantalla del portátil, el ceño levemente fruncido.
En la pared, un cuadro al óleo mostraba una esfera celeste flotando entre tonos azules; sobre ella, la silueta de un niño. En una repisa cercana, una rosa descansaba bajo una cúpula de cristal. Y, dentro de una vitrina, una primera edición de Le Petit Prince.
—Soy todo oídos —dijo cerrando la computadora—. Y quiero la verdad; las mentiras dejémoselas a la prensa. ¿Eres tú la de las fotos?
—Sí —confesó Ye In sin mirarlo—. Conocí a Matías por casualidad. Ayudó a mi madre en un desmayo, nos hicimos amigos y... me enamoré. ¡Juro que no lo buscaba!
—¡Ja! —exclamó él con un sarcasmo seco—. Como si enamorarse fuera un accidente, como pisar mierda en la calle. ¿Sabes cuánto podríamos perder en contratos? ¿Pensaste en tus compañeras antes de exponerte con ese extranjero?
—¡Su nombre es Matías, no extranjero! —exclamó ella con incipientes lágrimas.
—¡Me importa un carajo cómo se llame, y mucho menos que sea extranjero, coreano o extraterrestre! —Kim se inclinó y golpeó la mesa con un estallido de rabia. Se quedó ahí, apoyado sobre sus nudillos, antes de dejarse caer de nuevo en el respaldo.
—Esto es un negocio, y tú eres un producto, y no puedes pensar, no puedes actuar por tu cuenta y no puedes sentir, solo obedecer, hacer lo que te digamos que hagas y sobre todo hacer feliz a tus fans— continuó sin darle descanso a la rudeza de su voz — hacerles creer que solo ellos importan, que les perteneces, ilusionarlos para que compren nuestro merchandising, entradas a las presentaciones y nos den todo su dinero. — y remató: —¡Despierta! no tienes derecho a tener vida, porque al firmar el contrato tu vida dejo de ser tuya.
"¡Por qué tuve que firmar ese maldito contrato!" pensaba Ye In por primera vez en su vida, al tiempo que sus lágrimas, ya manifiestas, rodaban por sus mejillas.
Kim giró su silla hacia el ventanal, dándole la espalda. Sus hombros cayeron un poco y se quedó mirando el horizonte de la ciudad, inmóvil.
—Este es el negocio de la soledad —continuó, con una voz desprovista de la agresividad de antes—. Te creamos, invertimos dinero y años en ti para llenar la soledad de los jóvenes; esa soledad que la repletan con la ilusión de que los quieres conocer, que crean que tienen una oportunidad de conquistarte. Tu vida de fama es de tus fans, y tu precio es la soledad. ¿Qué pasará ahora si los ellos comprueban que tienes novio? ya no les servirás, no te verán como algo inalcanzable y romperán tus fotos, pedirán que te vayas del grupo y te dirán "traidora". — suspiró — Somos vendedores de imagen, y tu imagen está a punto de destruirse.
El señor Kim Se frotó las sienes lentamente. Luego, enderezó la silla y recuperó la mirada fría.
—Yo me ocupo. Sun Mi, encárgate de ella. Y tú, Ye In... haz exactamente lo que ella te diga. ¿Entendido?
—Sí —susurró ella.




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