El sol ya se había puesto y la ciudad empezaba a encenderse. El día en Prince Entertainment había sido ajetreado, pero estaba lejos de terminar.
Desde la oficina principal, el señor Kim observaba las luces de Seúl. El reflejo azul de su portátil bañaba su rostro mientras jugueteaba con un bolígrafo, un tic que revelaba su concentración.
—¿Me llamaste? —preguntó Sun Mi al entrar.
—Este es el comunicado oficial —dijo él entregándole una hoja—. Ya lo están subiendo a las redes.
—Es perfecto —comentó ella tras una rápida lectura.
—Me apena haber sido tan rudo con Ye In, pero era necesario —confesó el señor Kim dejando el bolígrafo—. Esta agencia existe gracias a ella. ¿Cómo se encuentra?
—Confundida. Pero hay un detalle: ese muchacho no sabe quién es ella.
—¿Cómo? —el CEO ladeó la cabeza, incrédulo.
—Él es extranjero, no conoce el mundo del K-pop ni nuestra cultura. Y no habla ni una palabra de coreano.
Kim Seung soltó una risa nasal.
—¿Y cómo la enamoró?
—Tratándola como a una chica veinteañera común y corriente y usando un Translator Device.
—¡¿Un qué?! —explotó en una carcajada—. Qué buena historia.
—Sí... —Sun Mi miraba al vacío con signos de wones en los ojos—. Quizás podríamos sacarle provecho si tan solo...
—Saca eso de tu cabeza —la interrumpió el señor Kim—. Mi respuesta es no. Un traductor... ojalá hubiese tenido un Device de esos en mi juventud.
—¿Y para qué? Si solo has tenido un amor en tu vida.
—Espero que ese amor sea yo —interrumpió una voz femenina desde la puerta.
Era Lee Yoon Mi, la esposa del señor Kim. Una mujer de una belleza que parecía diseñada por una inteligencia artificial: piel tersa, elegante blazer negro y un collar de perlas que captaba toda la luz. Dejó su bolso sobre el escritorio y le dio un beso rápido a su marido.
—Eres la única que lo soporta, amiga, te compadezco —bromeó Sun Mi.
—Eso es verdad —rio Yoon Mi—. ¿Es cierto lo de esa chiquilla?
—Sí, pero ya está bajo control.
—Esta situación me llevó al pasado —dijo Yoon Mi— Recuérdame aconsejarle un par de cosas.
—¿Sí? —preguntó el señor Kim— ¿Cómo qué?
—Cómo besar sin dejar marcas de labial—añadió mientras limpiaba los labios de su marido con los dedos.
Mientras tanto, en una zona de descanso iluminada por luces LED, Ye In y Kimy conversaban en un sofá beige rodeado de peluches del Principito.
—¡¿De verdad su esposa trabajaba en un súper?! —decía Kimy con la mano en la boca—. Eso es una bomba.
—Sí, pero que quede entre nosotras —advirtió Ye In.
Al rato, luego de procesar el chisme, Kimy preguntó:
—¿Y qué harás?
— Tengo miedo de cómo reaccione Matías.
—Mira, tienes dos caminos —sentenció Kimy—. O te olvidas de él...
—¡Eso jamás! —gritó Ye In.
Kimy, moviendo un dedo dentro de su oreja, simulando destapársela, continuó:
—O se lo dices ya. Cuanto más pase el tiempo, es más probable que se entere por su cuenta y eso será peor. ¿Te imaginas que lea el comunicado antes de que hables con él?
El comunicado oficial ya circulaba por internet:
«Hola, somos P. Entertainment.
Nos gustaría emitir un comunicado oficial con respecto al rumor sobre Ye In de B6 que se ha estado difundiendo por Internet.
Tras hablar con la propia afectada, hemos confirmado que el hombre de las fotografías es un amigo de la familia, y solo lo acompañó a visitar un sitio turístico.
Nuestra artista ha expresado que se encuentra angustiada debido a los rumores infundados. Pensamos emprender acciones legales contra la primera persona que publicó las imágenes, así como contra aquellas personas que hayan hecho comentarios maliciosos.
Gracias.»
—Si te quiere, lo entenderá —le animó Kimy—. Tendrá que aceptar que será un amor secreto por un tiempo.
—¿Y si no lo quiere? ¿Y si me deja? —preguntó Ye In con angustia.
—¿De verdad lo quieres tanto?
Ye In asintió con total seguridad.
—Ay, amiga —suspiró Kimy abrazando un peluche—. Me gustaría entenderte, pero nunca me ha interesado un chico. Es lo más difícil de hacer esto, cantar canciones de amor sin nunca haberlo sentido. Debe ser hermoso.
—Es un remolino de emociones —decía Ye In con una sonrisa—, pero sí, es hermoso.
Kimy se levantó hacia la máquina de gaseosas y Ye In, buscando una salida, vio un cartel en la pared que le dio una idea. —Ya sé lo que haré —murmuró en un momento de "eureka".
◇ ◇ ◇
En su habitación, Matías observaba la luna. Le parecía curioso que en el hemisferio norte se viera al revés y creciera y menguara en dirección contraria; un detalle casi mágico.
El vibrar de su teléfono lo sacó de sus pensamientos.
—Yeoboseyo, Ye In —dijo Matías con timidez. Luego sincronizó el traductor.
—¡Espera! ¡No usaste el Device! ¡Me hablaste en coreano! —exclamó ella sorprendida.
—Sí... ahora que estás en mi vida, lo mínimo es que me esfuerce en aprender tu idioma, ¿no? Pero solo sé lo básico; tú me tienes que enseñar.
—Eres tan lindo —dijo ella, a punto de derretirse.
—Lo sé —rio él—. Cuéntame, ¿qué pasó en la agencia?
—Ya lo solucioné— y luego de una pausa agregó —Mati, en dos días tengo un evento con el grupo. ¿Puedes venir? Necesito decirte algo importante, pero no por teléfono.
—Qué misterio... ¿Debo preocuparme?
—No es nada malo, solo algo importante para mí.
—Entiendo, si es importante para ti, iré encantado.
Al colgar, Matías volvió a su portátil. La curiosidad le picaba, pero decidió aprovechar el tiempo para seguir estudiando palabras en coreano desde un sitio web.