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CAP. 22: Cita (Parte 2)

—Entraremos juntos, sin capuchas y sin mascarillas —había sentenciado Ye In—. Además, estamos en Octapolis, aquí hay códigos. Matías, ven conmigo.

Salió del vehículo con paso firme. Kimy, asintió, y mientras salía dijo:

—Tiene razón. Ya oyeron a la jefa.

Matías, un tanto confundido, se inclinó hacia Miguel:

—¿Este lugar es muy cuico?
—Es el más exclusivo de Seúl —le susurró Miguel—. Aquí vienen todas las estrellas. El privado al que vamos cuesta seis mil dólares la noche.
—Me estás huev...

Un golpe rítmico en la ventana los interrumpió. Era Ye In, impaciente:

—¿Hasta cuándo esperamos a las superestrellas?

El camino desde el estacionamiento hasta la entrada era un desfile de autos de lujo. Matías caminaba con las manos pegadas al cuerpo; un rayón en cualquiera de esas máquinas y tendría que hipotecar el alma solo para pagar la pintura de una puerta.

En la entrada principal se distinguían tres mundos: la fila de la gente común, el acceso VIP para las celebridades y la zona de "curiosos", donde los fans se agolpaban con cámaras profesionales. Al ver a Ye In y Kimy, la muchedumbre estalló. Los flashes iluminaron la noche como fuegos artificiales.

Kimy le susurró algo al oído a Miguel y este asintió.

—Ye In, vamos a saludar —ordenó Kimy con su voz de líder.

Mientras las chicas se dirigían a saludar a los fans, Miguel le susurró a Matías:

—Vamos. Mientras ellas saludan, nosotros entremos disimuladamente.

Cruzaron el túnel de espejos VIP. El suelo vibraba con los bajos de la música.

—Kimy reservó el privado cinco, esperemos allá —dijo Miguel.
—¿Es idea mía o esos fans gritaron mi nombre? —preguntó Matías extrañado.
—Quién te va a conocer a ti, mono feo—. rio Miguel.

Al girar por una pared de cristal, un tipo elegantemente vestido con chaqueta verde oscuro y polera negra se quedó mirando a Matías. Era Cha Eun-woo, el rostro perfecto de Corea. Detuvo a Matías con curiosidad y le preguntó en coreano:

—Tú eres Matías, el novio de Ye In, ¿verdad?

Matías entendió, pero encendió su traductor para marcar distancia:

—No lo soy. Además, no tengo por qué contestar, no sé quién eres.

Se alejó sin mirar atrás. —Vaya, al parecer era verdad que no sabe nada de la industria—, dijo el idol sorprendido.

Miguel se tapaba la boca para no explotar de la risa.

—¿Alguna vez viste televisión aquí, Mati?
—Solo una vez, para ver a Ye In.
—Se nota...

Poco después, en la zona de la barra, dos chicas se acercaron a Matías. Eran Nayeon y Dahyun, de Twice.

—¡Tú eres Matías! —dijeron moviendo el rostro para que él las reconociera—. ¿Nos tomamos una foto?
—Lo siento —respondió él con sequedad—. Aquí debe haber mucha gente famosa; tómense fotos con ellos.

Y se alejó sin mirar atrás.

—Vaya, de verdad no conoce a nadie —comentó Nayeon mientras lo veían irse.
—Y lo del traductor—agregó Dahyun.

Miguel ya no podía más.

—¿Por qué toda esa gente me habla? —se quejó Matías—. Es molesto, la famosa es Ye In.
—Al parecer tú lo eres más —soltó Miguel conteniendo una carcajada.
—¡Hey! Tú eres Mat... —intentó decir alguien más.
—No me tomo fotos ni doy autógrafos —cortó Matías sin siquiera girarse.

Miguel no aguantó y estalló en carcajadas.

—¡Guau! Hablaste con Matías, ¿qué te dijo? —le preguntó Jungkook a su compañero de BTS, Jimin.
—Que no me daría un autógrafo —respondió perplejo.
—Vaya, era cierto lo que decía Kimy de él.

Minutos después, estaban en el privado 5: un salón lujoso con barra propia y un escenario de karaoke. Kimy entró lanzando un bombazo:

—Beban y coman todo lo que quieran, ¡esta noche todo lo paga Matías!
—¿Eh? —Matías visualizó sus ahorros esfumándose.
—Tranquilo —rio Kimy—. Todos los que te hablaron afuera son famosos. Aposté con ellos que el novio de Ye In no los reconocería y gané. ¡Bien hecho, Miguel!

Miguel se sonrojó como un niño que acaba de recibir una medalla.

—¿Ellos saben que soy su novio? ¿No es mucha exposición? —preguntó Matías.
—Tranquilo —Ye In le acarició el rostro—. Tenemos nuestra propia red privada en Kakao. La regla entre nosotros es no tener secretos, cuidarnos y mantener la confidencialidad.
—Asúmelo, Mati —agregó Kimy tirando su chaqueta al suelo—. Hoy eres el desconocido más famoso de Corea. ¡Ya! ¡A cantar!

Tras unos tragos, Ye In se apoyó de espaldas contra Matías, disfrutando de su abrazo.

—¿Por qué quisiste entrar así? No fue prudente —le susurró él.
—Porque ya no quiero esconderme. Le dejé claro al mundo que eres parte de mi vida privada.
—No quiero que tu vida se arruine por mi culpa, Ye In.
Ella se volteó y le dio un corto beso en los labios.
—Mati, mi vida estaba en ruinas y no lo sabía; tú llegaste a repararla.
De fondo, la voz "de serrucho" de Miguel rompió el momento romántico.
—¡Por Dios!, ¡qué mal canta este tipo! —se burló Kimy—. Pero le pone empeño.
Miguel se sonrojó y sonrió, otra vez como un bobo.

Matías salió un momento al baño.

—Qué bueno que invitaste a Miguel, es muy simpático —decía Kimy.
—¿Cierto? —respondió Ye In abrazándolo —Es un amor. Por eso mi prima está tan enamorada de él.
—¿Eh? —Miguel se atragantó con su cerveza—. Te equivocas, yo no le gusto a Yang Mi.
—Ustedes los hombres son tan lentos para entender señales —rio Kimy.
—Oigan —interrumpió Matías entrando—. Allá al lado hay un grupo cantando a Luis Miguel. ¿Se escucha esa música acá?
—¡Sí! —respondió Miguel—. Los de Super Junior hicieron un cover de "Ahora te puedes marchar".
—¿Me estás hueviando?— rio Matías.
—¿Está SuJu? —Ye In se sorprendió.
—Sí —respondió Kimy—. Están en la cuatro; en la sala tres creo que está Aespa.
—Mati, ven, acompáñame. Le prometí a tu hermana grabar saludos de sus grupos favoritos. — le dijo Ye In tomándolo de la mano.
Después, caminando por el pasillo luego de una maratón de videos para Pamela, Matías suspiró avergonzado:
—Lo siento, no conocía a nadie.
—¡Saludaste a la camarera como si fuera una idol! —Ye In estalló en risas—. Eres un buen golpe de realidad, Mati. A veces creemos ser el centro del universo y nos olvidamos de que hay gente que ni sabe que existimos. —Tomó la mano de Matías y le dijo: —Ya, terminó mi trabajo de onni perfecta. ¡A pasarla bien! —y comenzaron a correr por el pasillo.
Al rato, en el privado, Ye In y Kimy cantaban a dúo bajo luces fulgurantes.
—No puedo creer que las B6 me estén dando un concierto privado —decía Miguel fascinado.




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