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CAP. 25: Paraíso

La brisa de la mañana del domingo soplaba reconfortante, con la temperatura justa para refrescar un cuerpo sobreexigido por el alcohol y el baile. Miguel, sentado en el patio, miraba un punto distante con una jarra de jugo de naranja frente a él.

—¿Cómo? ¿Amaneciste? —soltó Matías con asombro fingido, como si no pudiera creer que su amigo siguiera respirando y sirviéndose un vaso.
—Tengo una caña del terror —confesó Miguel riendo, medio arrepentido, medio feliz.
—Estuvo bueno anoche, pero terminó temprano.
—Acá en Corea son quisquillosos con el ruido, no perdonan.
—¿Y? —soltó Matías tras vaciar el primer vaso.
—¿Y qué de qué?
—Tú y Yang Mi, ¿qué onda ahí?
—No hay ninguna onda —respondió Miguel encogiéndose de hombros—. Ella es mi amiga; aunque debo reconocer que me dio algo dentro cuando la vi vestida de esa forma, pero no puedo echar a perder una bonita amistad.
—Pero ella no te ve como un amigo, hombre.
—Está confundida —sentenció Miguel llenando su vaso—. No voy a arriesgarme a perderla por dármelas de galán.
—Ojalá no te quedes sin pan ni pedazo, pero tú sabes lo que haces —concluyó Matías sirviéndose el tercero.

◇ ◇ ◇

Ese lunes el ambiente en la universidad era tenso. Matías les mostraba a sus compañeros la imagen borrosa del sospechoso en su celular.

—Este es el tipo que me dejó la nota —explicó señalando la silueta oscura.
— That's fucked up, man —expresó David con enojo.
—Pero, parce, ahí no se ve nada, puede ser cualquiera —comentó Juan.
—Lo sé, pero es lo único que tengo. Si ven algo raro, avísenme. Solo confío en ustedes.
—Confiáis en nosotros, pero aún no nos dices si Ye In y tú sois novios —soltó Sofía, disparando a quemarropa.

Matías suspiró y finalmente cedió:

—Sí. Somos novios.

Más tarde, ya a solas, hablaba con Ye In por videollamada. Ella empacaba para una mini gira por Japón.

—Serán solo dos presentaciones, volveremos pronto. Te extrañaré, Mati.
—Yo igual.
—Oye, después de la gira tenemos una semana libre. Kimy nos invitó a su casa en Daecheon y quiere que vengas con Miguel. ¡Dime que sí!
—Sí, claro, no creo que haya problemas.

Luego de colgar, Matías pensaba "Será entretenido" cuando el golpe de una taza de café sobre su mesa lo distrajo. Era Mina.

—Ya que no me has invitado tú, lo hago yo —dijo sentándose a su lado.
—Gracias. ¿Cómo va ese tobillo?
—Bien, no fue nada. Oye, ¿cuánto dura tu posgrado?
—Tres semestres.
—Queda poco. ¿Qué harás después? —preguntó ella con curiosidad—. ¿Le pedirás a Ye In que se vaya contigo?

La pregunta le cayó como un balde de agua fría. El tiempo era implacable.

—¿Hice una mala pregunta?
—No, descuida. Debo irme a clase —dijo Matías levantándose—. Gracias por el café.
—Ustedes los latinos se despiden con un beso, ¿no? Quiero mi beso—Mina se puso de pie y estiró los labios de forma juguetona.
—Solo hay una mujer a la que beso en Corea, lo siento —respondió Matías pasando de largo. No fue por frío, sino recordó los consejos del CEO.

A lo lejos, el lente de una cámara registró el encuentro, buscando el ángulo más comprometedor.

◇ ◇ ◇

El auto de Miguel enfilaba hacia Daecheon, en la costa oeste. La playa de cuatro kilómetros se abría ante ellos.
En Corea pasa algo que a primera vista desconcierta. En la playa, muchas mujeres no se visten como uno esperaría en Latinoamérica, entran al mar con camisetas de manga larga, leggins, rash guards o incluso ropa ligera de calle. No es descuido ni pudor. Es otra cosa: evitar el sol, cuidar la piel, mantenerse lo más clara posible. La palidez es un tesoro aquí.

Llegaron a una mansión sobre una colina. Kimy los recibió vestida con un bikini rosa y un pareo.

—Matías, Miguel, ¡llegaron! Pasen, pasen —exclamaba ella con genuina alegría.

Al entrar, la casa los dejó mudos: paredes de cristal que desdibujaban el límite con el océano azul profundo. En la piscina, el resto de las integrantes de B6 disfrutaban del sol.

—Matías —susurró Miguel apretándole el brazo—, chocamos en la carretera y morimos, porque estamos en el paraíso, ¡están todas los miembros de B6!
—¿De verdad tienes 27 años? —rio Matías—. A veces pareces de doce.
—Mati, Miguel, vengan a la piscina —gritaba Ye In sumergida hasta la cintura.

Miguel se desnudó en tiempo récord y se lanzó un "bombazo" al grito de: ¡Al agua, pato!

Matías, riendo por la locura de su amigo, se quitó la sudadera y la camiseta, dejando ver un torso tonificado y rasurado, de abdominales marcados y bíceps fornidos, fruto de años de deporte. No era un fisicoculturista, pero tenía ese físico fuerte y funcional que atrae miradas. Dejó a varias en silencio.

—Ye In, ¿todo eso es tuyo? —bromeó Joy.
—Convida un poco, que te sobra —agregó Jewel.

Ye In se puso roja. Miró el cuerpo de su novio con una mezcla de orgullo y sorpresa, dándose cuenta de que, efectivamente, ese hombre era suyo.

La tarde pasó entre juegos y risas. Miguel era el centro de atención, bailando en la orilla de la piscina rodeado por las idols. Al otro lado, bajo una sombrilla, Matías charlaba con Yang Mi, que había vuelto a su tradicional moño tomate y sus anteojos de marco grueso.

—Llegó hace una hora y ya todas lo aman —comentó ella.
— Ya sabes cómo es Miguel, tiene personalidad magnética y no hay maldad en él. No te pongas celosa.
—No puedo tener celos de lo que más me gusta de él.
—Me sorprendió verte, qué bueno que Kimy te invitó.
—¡Me invitó Ye In! —rio ella—. A Kimy no le hizo mucha gracia.
— Yo no me preocuparía mucho por ella. Oye... ¿piensas hacer algo más por Miguel?
—Tú y Ye In andan muy preocupados con el tema, ¿eh?
—Ya sabes —dijo Matías con un dejo de nostalgia en la voz—, pronto me tendré que ir; quiero dejar a Miguel en buenas manos.




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