El rostro de Ye In reflejaba enojo, pero, sobre todo... desconfianza.
—Así los quería ver. Tenemos que hablar —les dijo con una frialdad que dejó a Matías y a Jin Ah pasmados.
La muchedumbre, que observaba a una distancia prudente, guardó silencio. Muchos se hacían los distraídos, pero todos los oídos estaban enfocados en la escena; otros, con disimulo, grababan con sus celulares.
Tras repasarlos a ambos con la mirada, la expresión de Ye In cambió de golpe.
—¡Por favor, díganme que se asustaron! —exclamó y se largó a reír—. Ensayé mi cara de enojo toda la mañana.
—¡Eres una gran actriz! —le decía Matías, riendo con ella.
Jin Ah, al igual que la multitud, seguía confundida.
—Tú eres la chica del video, ¿no? —preguntó Ye In, clavando sus ojos en ella.
—Sí... mi nombre es Kang Jin Ah —se presentó nerviosa—. Por favor, no pienses mal de mí, no tengo nada con Matías.
—No te preocupes, sé que ese video es falso. Además... confío plenamente en mi novio.
—¿Qué haces acá? Pensé que nos veríamos más tarde —preguntó Matías.
—¿Acaso no puedo venir a ver a mi novio? —respondió Ye In mientras le tomaba la mano con firmeza y comenzaba a caminar hacia los asientos.
La multitud comenzó a desvanecerse; algunos riendo, otros defraudados porque esperaban ver violencia. Al rato, los tres estaban sentados en una de esas mesas de concreto que abundan en el patio de la facultad.
—Estoy aquí para que vean que no hay nada mal entre nosotros —decía Ye In con las manos entrelazadas sobre la mesa—. Pueden atacarme a mí, pero no voy a permitir que dañen tu honra, Matías. Ese antifan no puede inventar cosas y salirse con la suya. Nadie se mete con mi novio.
—Ye In, no necesitas defenderme, además esas cosas no me afect... ¡espera un minuto! —Matías se interrumpió de golpe—. ¿Viniste solo por lo del camión? ¿No porque me extrañabas?
—Ay, Mati... no vine solo por eso —le dijo sonriéndole mientras le ordenaba un mechón de cabello—. Lo del video me hizo pensar que no conozco a tus amigos. ¿Qué clase de novia sería si no supiera todo sobre la vida de mi pareja?
“¿Una que respeta los espacios?”, pensó Matías para sus adentros.
—¡Ye In! —gritaron Sofía, Juan y David al unísono mientras se acercaban a la mesa.
Matías los presentó formalmente.
—No puedo creer que estés aquí —decía Sofía emocionada—. Soy tu fan; amé tu papel en el drama Corre que te pillo.
—Gracias, eres muy linda —respondió Ye In con su mejor sonrisa profesional.
—No le hiciste caso al estúpido video del camión, ¿verdad? —preguntó Juan.
—Por supuesto que no. Sé lo que tengo —dijo Ye In, lanzando una mirada fugaz a Jin Ah. Luego agregó—: Chicos, los dejaré un minuto, debo ir a saludar a mi prima.
—Hace mucho que no la ves, no vas a reconocerla —comentó Matías.
Ye In se alejó, repartiendo saludos con la mano a todos los que la reconocían en el trayecto.
— She's very nice —comentó David.
—¡Y tiene un cutis de envidia, joder! —añadió Sofía.
—Chicos, se me ocurrió una idea —dijo Juan con entusiasmo.
—Aún no la cuentes —interrumpió Jin Ah tomando su tablet—. Debo hacer algo, vuelvo enseguida.
Los pasos de Ye In en el ala de la rectoría resonaban en el ambiente. Al final del amplio hall, Yang Mi estaba de pie. Lucía un traje gris ajustado y tacos altos que estilizaban su figura; el pelo suelto caía sobre un hombro y sus gafas gruesas de antaño habían sido reemplazadas por unas de marco fino, dándole una imagen de sofisticación absoluta.
—¡Prima, estás preciosa! —exclamó Ye In—. Te queda muy bien ese look.
—Ahora que estoy de novia no puedo andar con mi viejo moño —dijo Yang Mi guiñando un ojo.
—Miguel debe estar feliz.
—La verdad es que se puso celoso —rio a carcajadas.
—¿Tienes lo que te pedí?
La expresión de Yang Mi se volvió seria.
—Sí. Revisé los registros de la chica que sale en el video con Matías y no encontré nada inusual. Congeló el posgrado el año pasado y este semestre retomó los últimos ramos que le quedaban.
—¿Podrías vigilarla por mí? Es sospechosamente perfecta —comentó Ye In entrecerrando los ojos.
—Haré lo que pueda. Recuerda que estoy en la mira por no haberme ido a Estados Unidos. Ah, otra cosa: es rica. Su madre es una de las mejores cirujanas del país y su padre un exitoso empresario de comida congelada.
Al rato, Ye In volvía a la mesa.
—Ye In, tu estrategia resultó —decía Sofía—. El video del antifan recibió tanto hate y dislikes que tuvieron que bajarlo.
—La verdad siempre triunfa, Sofía —le dijo guiñándole un ojo—. Chicos, debo irme, fue un placer conocerlos.
—¿Viniste con Ahn Myong? —preguntó Matías.
—Sí, ahí me espera. —Indicó a un tipo discreto que vigilaba el lugar desde la sombra de un árbol. Matías, que no lo había notado, lo saludó con la mano.
—Ye In, queremos pedirte un favor —soltó Juan.
—¿Sí? —Ella miró a Matías.
—A mí no me mires, la idea es de ellos —se desmarcó él.
—En tres semanas es el festival universitario —explicó Sofía—. Queríamos saber si nos ayudarías para que nuestro estand sea el ganador. Será temático, de comida latina, y pensamos que si pudieras venir tú... y quizás tu ex grupo, B6...
—Claro que vendré. Sobre las chicas, haré lo que pueda, no depende de mí.
Jin Ah se puso de pie para despedirse.
—No pensé que una celebridad fuese tan sencilla.
—Las apariencias engañan —dijo Ye In, sosteniéndole la mirada con una fijeza gélida.
—Sí... las apariencias engañan —contestó Jin Ah, sin bajar la vista.