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CAP. 41: Sabor latino.

El sol del mediodía estaba exquisito; no hacía un calor sofocante, una brisa fresca mantenía todo en equilibrio. Los árboles del parque daban sombra a la banca de madera donde se encontraban Juan y Jin Ah.

—No puedo creer que Ye In lograra que B6 vaya al festival —comentaba Juan.
—No sé mucho de K-pop, pero investigué y supe que es un grupo muy popular, incluso en el extranjero.
—Son populares porque tienen las integrantes más guapas de todo Corea; bueno, ahora les falta la más guapa de todas, Ye In dejó el grupo.
—Leí que lo dejó para dedicarse a su carrera de actriz, ¿no?
—Eres igual a Matías; si no sabe algo, lo investiga. Serían una linda pareja; me puse celoso.
—Ay, Juan —No digas tonterías —dijo Jin Ah, ruborizada—. Hablando de Matías, ¿para dónde nos lleva?
—No tengo idea. Solo dijo que lo esperara acá; andaba todo misterioso.

De pronto, un Genesis GV60 blanco se detiene a su lado; de él, baja Matías sacándose sus gafas de sol, como una celebridad, simulando una cara de arrogancia.

—¿Y ese maquinón, parcero? —exclamaba Juan.
—Es uno de los autos de Ye In, me lo prestó para usarlo. Hola, Jin Ah —saludó—. No pensé verte hoy.
—Yo le pedí que viniera, no me dijiste que era algo privado—. dijo Juan.
—Espero no ser una molestia —dijo Jin Ah con timidez.
—Tranquila —dijo Matías sonriendo—, todo está bien.
—¿A dónde nos llevas, para qué tanto misterio?
—No seas impaciente, Juan, ya lo sabrás. ¿Nos vamos?

De pronto, a lo lejos se escuchan unos pasos acelerados y un grito de mujer:

—¡¡Matías!!

Y una chica veinteañera, rubia, blanca como porcelana y de grandes ojos azules, se abalanza a sus brazos y le da un sonoro beso en la mejilla.
Jin Ah quedó impactada ante tan efusiva, y sobre todo, físicamente cercana muestra de afecto.

—¡Cómo estás, cheto querido! —le dijo ella.
—¡Ale! ¡¿Pero qué haces aquí?! —preguntó asombrado por la coincidencia.
—Te dije que en mis vacaciones recorrería Asia, mira tus redes sociales, boludo.
—Es verdad, tengo botadas mis redes, ya sabes, con esto de la fama recibo demasiada atención, y hate.
—¿Vos sos la novia de Matías? Sos re linda. — dijo la rubia mirando a Jin Ah.
—¿Qué? No, no, no. —decía Jin Ah abanicando sus manos.
—No, Alejandra, ella es una compañera de universidad, pero juntémonos la próxima semana y te presento a Ye In. — dijo Matías.
—Qué pena, no podré, en dos días parto a Japón; ahora te dejo que me juntaré con un coreano re guapo, ven, dame un abrazo. —Luego de un fuerte abrazo y otro sonoro beso en la mejilla, se alejó diciendo: —Salúdame a tu madre.

Alejandra pertenecía a un pequeño grupo de bonaerenses que Matías conoció de casualidad en la playa de Reñaca; todos coincidieron de inmediato y se hicieron grandes amigos. Cada vez que iban a vacacionar a Viña del Mar, se alojaban en casa de Matías, convirtiendo su hogar en los meses de verano en un entretenido caos de multicultural.

—Simpática la argentina —comentaba Juan ya dentro del auto dirigiéndose a su destino.
—No me acostumbro a que ustedes, se saluden así, de besos y abrazos—. dijo Jin Ah.
—Si quieres puedo darte todos los besos y abrazos que quieras hasta que te acostumbres —le dijo Juan.
—Qué tonterías dices —exclamó Jin Ah sonrojándose.
—Idiota —susurró Matías riendo.

Lugo de un rato Jin Ah comentó:

—No es mi intención ofenderlos, pero tu amiga es rubia de ojos azules, tú y Juan son blancos y de ojos claros; pensé que los latinos eran morenos.
—Tú eres muy bella —le dijo Matías mirándola por el espejo retrovisor, y preguntó—: ¿Cuántas cirugías plásticas te hiciste para verte así?
—¡Oye! Yo no me he hecho ninguna cirugía —expresaba Jin Ah con enfado.
—Solo son estereotipos que el cine norteamericano les ha inculcado —decía Matías riendo—. En Latinoamérica el cielo no es amarillo, no solo hace calor, no todos viven en la selva, no todos saben bailar, son flojos, pobres o morenos; solo son estereotipos que cine impulsó; al igual que acá, no todas las mujeres son bellas solo porque Corea es la capital mundial de la cirugía plástica ¿no?

Al rato, Matías ingresó al estacionamiento subterráneo de Pinces Entertainment por una entrada lateral, así que Juan y Jin Ah no pudieron ver el letrero de la fachada.

—¿De qué es este edificio? —preguntaba Juan.
—Ya lo verás —decía Matías.
—¿Dónde nos trajiste? —volvía a preguntar Juan, dentro del ascensor.
—Paciencia, no es nada malo.

Al llegar a una gran puerta, Matías abre y hace pasar a Jin Ah y a Juan.

—Acá es Juan, pasa.

Al entrar, los ojos de Juan casi salen de sus órbitas; todos los miembros de B6 estaban con trajes deportivos preparándose para ensayar.

—Las chicas quieren que les enseñes tu sabor latino —dijo Matías.
—Hola, Juan, quedamos en tus manos —dijo Kimy.

Un golpe sordo se escuchó en el suelo.

—Se desmayó —dijo Matías, explotando en carcajadas.




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